Aldama señala a Sánchez como 'el uno' y sugiere vídeo de Ábalos

El comisionista del caso Koldo señaló a Sánchez como vértice de la trama, situó en 250.000 euros lo cobrado por Ábalos y dejó caer que Jésica tenía un vídeo comprometedor del exministro. Semana política movidita por delante.

Víctor de Aldama ha soltado en el Supremo lo que medio Madrid llevaba meses esperando escuchar bajo juramento, y la frase ya está pegada en titulares: Pedro Sánchez era 'el uno' de la trama. Lo dijo el comisionista del caso Koldo este martes, ante el juez instructor, y dejó caer otra bomba: que Jésica, la examante de Ábalos, tenía un vídeo comprometedor del exministro. Vamos por partes, que hay tela.

Qué ha soltado exactamente Aldama ante el juez

El empresario, imputado en la pieza separada del caso Koldo, declaró durante varias horas y dejó titulares para una semana entera. Señaló a Sánchez como 'el uno' de la estructura, situó a Ábalos como el brazo operativo y aseguró que el exministro de Transportes llegó a cobrar 250.000 euros en metálico vinculados a la trama de mascarillas. Las cifras las apuntó él, no las hemos sacado de un hilo de X.

El momento más comentado del día llegó cuando le preguntaron por Jésica, la mujer que mantuvo una relación con Ábalos y cuyo nombre lleva semanas circulando. Aldama soltó la frase exacta que ya está en bucle: 'algo que no voy a contar'. Acto seguido, insinuó que existía un vídeo comprometedor del exministro en su poder. No lo describió. No lo aportó. Pero lo dejó caer, que en sede judicial es casi peor.

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La reacción de los aludidos fue inmediata. Koldo García y el propio Ábalos respondieron con tonos muy distintos a lo largo de la tarde, según fueron filtrándose las declaraciones. Tela marinera.

Por qué esto importa más allá del titular

Es la primera vez que un imputado señala directamente a Sánchez como vértice de la trama bajo juramento. Hasta ahora todo eran filtraciones, audios sueltos y conversaciones de WhatsApp interpretadas por unos y por otros. Una cosa es un mensaje de Koldo a las tres de la mañana y otra muy distinta una declaración formal ante el Supremo con consecuencias penales si miente.

El detalle del vídeo es lo que ha incendiado las redes esta tarde. La insinuación, sin prueba aportada, deja al exministro en una posición incomodísima: si existe, es un problema; si no existe, ya está la sombra. Y aquí entra la lectura legal seria: una insinuación no probada en sede judicial no constituye prueba, pero sí abre la puerta a que la fiscalía pida que se aporte o se desmienta. El siguiente movimiento toca al juez.

Para el lector que lleva meses perdido entre nombres y siglas: el caso Koldo investiga la presunta adjudicación irregular de contratos de mascarillas durante la pandemia, con Koldo García (exasesor de Ábalos) como pieza central y Aldama como comisionista. La pieza ha ido subiendo de escalón hasta llegar al Supremo por la implicación de un exministro.

Lo que pasa ahora y por qué se parece tanto a otros culebrones

Aquí viene lo importante. Esto se va a alargar. La declaración de Aldama abre tres frentes en paralelo: el judicial (próximas comparecencias y posible aportación del supuesto vídeo), el político (oposición pidiendo comparecencia de Sánchez, gobierno desmintiendo todo en bloque) y el mediático (cada filtración va a salir a goteo durante semanas).

El patrón recuerda a otros culebrones políticos recientes en España: declaración bomba de un imputado, insinuación de prueba audiovisual nunca aportada, semanas de ruido y un final judicial mucho más prosaico que el titular. Pasó con varias piezas de la Gürtel y con tramos del caso ERE. La diferencia esta vez es el nivel del señalado: presidente del Gobierno en activo. Eso cambia el termómetro mediático por completo.

Lo que toca mirar en los próximos días: si Aldama aporta el vídeo o lo deja en insinuación, si Ábalos responde con declaración propia o solo por escrito, y si el Supremo cita a más testigos. La respuesta a estas tres preguntas marcará si esto es el principio del cambio de ciclo o un episodio más del culebrón de cada primavera. Dejémoslo en un 'ya veremos'.

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