Si tienes entre 20 y 35 años y te han dicho alguna vez eso de 'es que no os queréis comprometer con ningún curro', tengo datos para ti. Lo que la generación que está entrando al mercado laboral pide no es ni un sueldazo ni una vocación de película: pide un mix de salario digno, horarios que dejen vivir y sentir que el trabajo sirve para algo. Así de simple, así de revuelto.
El último análisis publicado por Nueva Tribuna sobre expectativas laborales de los menores de 35 confirma lo que ya se intuía: el sueldo importa, pero ya no es lo único que decide si te quedas o te piras. La conciliación, la estabilidad y el sentido del trabajo aparecen casi al mismo nivel que la nómina cuando se les pregunta qué buscan en un empleo.
Qué piden exactamente (y en qué orden)
Vamos al grano con lo que dice la radiografía. Salario competitivo, sí, sigue en el podio. Pero la conciliación aparece empatada con el sueldo en muchas encuestas recientes, sobre todo entre quienes ya tienen pareja o están pensando en tenerla. Después viene la estabilidad (contrato indefinido real, no encadenado de temporales) y, cerrando el top, eso que llaman propósito: saber para qué sirve lo que haces ocho horas al día.
Ojo con el matiz, porque aquí hay trampa. Cuando se habla de 'propósito' o 'sentido' no estamos hablando de salvar el mundo desde un cubículo. Estamos hablando de algo más terrenal: que tu curro no te haga sentir que estás perdiendo el tiempo, que veas el resultado de lo que produces, que el jefe no te trate como un recurso reemplazable. Es una expectativa razonable que antes se daba por hecha y ahora hay que pedirla en la entrevista.
El pluriempleo (tener más de un trabajo a la vez) también pesa en la ecuación. Según los últimos datos del INE sobre la Encuesta de Población Activa, el número de personas con segundo empleo se mantiene en máximos históricos, y entre menores de 35 la cifra no para de crecer. Traduzco: no es que los jóvenes quieran trabajar más, es que con un solo sueldo no se llega.
Por qué cambia el orden de prioridades según el perfil
No todos los jóvenes piden lo mismo, y aquí es donde se cae el tópico generacional fácil. Quien vive de alquiler en Madrid o Barcelona pone el salario por delante de todo, porque la tasa de esfuerzo (el porcentaje del sueldo que se va al alquiler) supera el 40% en buena parte de los casos. Quien vive en una capital de provincia más asequible puede permitirse priorizar horarios o teletrabajo.
El tipo de contrato también marca. Si llevas tres temporales encadenados, lo que quieres es indefinido y punto. Si ya tienes estabilidad, empiezas a pedir flexibilidad horaria, días de teletrabajo, derecho de desconexión digital (el derecho a no responder mensajes del trabajo fuera de horario) reforzado en convenio. Y si tienes hijos o piensas tenerlos pronto, la conciliación pasa a ser innegociable, casi por encima del sueldo.

Hay otro factor que la radiografía recoge y que conviene no pasar por alto: la salud mental. El burn-out (síndrome de agotamiento crónico por trabajo) ya no es algo que pase 'a otros'. Es una conversación habitual en grupos de WhatsApp del sector, en cenas con amigos, en consultas de atención primaria. Y eso pesa cuando eliges curro.
Lo que dice este cambio sobre el mercado (y lo que no resuelve)
Conviene mirarlo con perspectiva. Hace diez años, el discurso dominante era el de la pasión: 'haz lo que amas y no trabajarás un solo día de tu vida'. Esa frase, que sonaba motivadora, escondía una trampa muy concreta: justificaba sueldos bajos a cambio de 'vocación'. La generación que entró al mercado en plena crisis del 2008 se la comió entera, y muchos siguen pagándola con cotizaciones bajas y carreras laborales rotas.
El giro actual no es capricho generacional, es respuesta lógica. Cuando ves que el alquiler sube un 12% al año según los datos oficiales, que la jubilación queda lejísimos y que la salud mental se resiente, exiges otras cosas. Pedir conciliación no es ser vago, es haber hecho los números. Pedir sentido no es ser idealista, es no querer repetir el modelo que quemó a tus padres o a tus hermanos mayores.
Eso sí, hay un límite que la radiografía no toca y conviene nombrar: este cambio de expectativas convive con un mercado que sigue ofreciendo precariedad de fondo. Puedes pedir todo lo que quieras en la entrevista, pero si el contrato es por obra y servicio con sueldo de 1.200 euros, las prioridades se reordenan solas. La conversación sobre 'qué quieren los jóvenes' es importante, pero no sustituye a la conversación sobre qué tipo de empleos se están creando. Y ahí queda mucho por hablar.
Toca esperar a los próximos datos del INE para ver si el cambio en las expectativas se traduce en mejoras reales en condiciones, o se queda en discurso de oficina de recursos humanos. La pelota está en el tejado de las empresas y de la negociación colectiva.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? El sueldo ya no decide solo: conciliación, estabilidad y sentido del trabajo pesan casi igual entre menores de 35.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A jóvenes de 20 a 35 años entrando o consolidándose en el mercado laboral, con diferencias claras según ciudad y tipo de contrato.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Negocia en entrevista lo que importa: horario, teletrabajo, desconexión digital. Y revisa tu convenio, que ahí ya hay derechos escritos.



