El lanzamiento Starfield en PlayStation 5 el pasado 7 de abril es una demostración más de la estrategia de mercado de Xbox, que lleva uno de sus grandes buques insignia a la consola rival. Pero, más allá de que siga resultando curioso que la mejor versión de consolas de uno de los grandes títulos de este siglo para Microsoft esté en la competencia (con PS5 Pro), cabe preguntarse si el juego es hoy mejor que entonces.
En el diario Qué! ya hemos podido jugar al RPG espacial de Bethesda en su versión en el hardware de Sony, y no voy a andarme con rodeos: si no te gustó aquel Starfield de Xbox, difícilmente lo hará este.
Jugando a las campañas, las misiones de facción y una buena ración de secundarias, queda claro que la esencia no ha cambiado. Starfield continúa siendo lo que Bethesda prometió desde el principio, un Fallout en el espacio, un RPG de mundo (o mejor, galaxia) abierto donde la exploración, la narrativa ramificada y la gestión de inventario marcan el ritmo de la experiencia, aunque con sus límites.
La diferencia respecto a 2023 está en la cantidad de contenido y en las mejoras de calidad de vida. La gran actualización gratuita Free Lanes, disponible desde el primer día en PS5, reconfigura la forma de explorar los sistemas estelares al permitir viajar manualmente dentro de cada sistema, activar eventos aleatorios y darle más peso al llamado Modo Crucero. La navegación deja de ser solo una sucesión de pantallas de carga para ganar algo de continuidad, aunque sigue habiendo una transición integrada en el HUD cuando se abandona este modo.
A este rediseño de la exploración se suman mejoras en la progresión del personaje y del equipamiento. El nuevo recurso X‑Tech permite optimizar armas, armaduras y naves, añadiendo y modificando habilidades hasta convertir cualquier pistola o fusil en un auténtico peligro galáctico. También se introduce un panel específico para potenciar escudos, motores y armamento de la nave, y se amplía el abanico de construcciones en la superficie de los planetas, con más variedad de edificios que rompe la sensación de repetición del lanzamiento original.
Otro añadido celebrado es la Base de Datos, una suerte de códice que registra ubicaciones, materiales, armas, armaduras y planos. Centraliza la información y marca el progreso de escaneo de cada planeta, un detalle muy valorado para quienes disfrutan completando al cien por cien.
Todo ello se apoya en una base que llega a PS5 mucho más pulida que en 2023, puesto que la acumulación de parches ha corregido buena parte de los errores más visibles, ha afinado el rendimiento general y ha incorporado demandas históricas de la comunidad, como los vehículos terrestres. En condiciones normales, la versión de PS5 se mueve en torno a los 60 fotogramas por segundo de forma satisfactoria, con tiempos de carga muy cortos y un apartado gráfico que, en líneas generales, se mantiene al nivel de Xbox Series X.
Virtudes intactas y defectos persistentes en Starfield
Sin embargo, el salto técnico y de contenido no altera el corazón del juego, ni sus mayores virtudes ni sus puntos ciegos. Las grandes ciudades de Nueva Atlantis, Akila y Neon siguen siendo tan atractivas como discutibles. Son escenarios visualmente potentes, pero sigue faltando esa epicidad y sensación de vida que Bethesda supo imprimir en otras obras anteriores. Neon, vendida en su día como una urbe de placer, drogas y excesos, continúa quedándose a medio camino, sobre todo si se nos vienen a la cabeza otras propuestas como Cyberpunk 2077 (aunque este saliera mucho peor pulido).
En lo técnico, los problemas más graves parecen haberse reducido, pero no han desaparecido del todo. Persisten caídas puntuales de fotogramas en las grandes ciudades y detalles que delatan las costuras tradicionales del estudio, como desincronizaciones labiales llamativas o personajes que siguen hablando con la boca prácticamente cerrada. Son fallos menos dramáticos que los de 2023, pero evidencian que, pese al esfuerzo, Starfield solo ha sido afinado, ampliado y rellenado.

Más preocupante, al menos en los primeros días en PS5, es el testimonio de parte de la comunidad que habla de cuelgues constantes, congelaciones, cierres inesperados y errores en el guardado que dificultan e incluso impiden avanzar con normalidad. Hay jugadores que describen la experiencia directamente como "injugable", con decenas de cierres desde el lanzamiento, tanto en PS5 estándar como en PS5 Pro.
Algunos han intentado paliar la situación con soluciones caseras —desactivar el autoguardado, reinstalar el juego— con resultados dispares, y no son pocos los que han optado por pedir reembolsos al considerar inaceptable el estado del juego en su consola. En nuestro caso no hemos tenido grandes problemas que nos arruinen la partida, más allá de los bugs visuales habituales de Bethesda.
Con todo, Starfield en PS5 es mejor, pero eso debería darte igual a la hora de decidir si te interesa. No va a reconciliar a quienes no soportaron su ritmo, su estructura o sus obsesiones de diseño entonces. Quien ya se ilusionaba con perderse en sus galaxias con las limitaciones de hace tres años, tiene hoy, en la consola de la competencia, un buen entorno para hacerlo.





