Nuestra infancia se compone de momentos en el parque, de caramelos y buenos recuerdos. Por eso, hoy vamos a hacer algunos caramelos que seguro que comiste de pequeño, y que te van a volver a dar ganas de comprar de nuevo. Casi todos son de Fiesta, y aunque la empresa anunció su cierre, la producción de estos caramelos no corre peligro.
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Guindilla
Las que son de verdad igual no nos gustan demasiado. Sin embargo, estas sí que nos encantaban. Por supuesto, tenía ese toque picante en la parte verde, y eso nos emocionaba, porque siempre nos jugábamos algo a ver si podíamos comérnoslo o no. Yo recuerdo momentos entrañables ene l patio compitiendo por ver quién se comía antes esta chuche.
Claro que ahora, hay imitaciones, pero como las guindillas de Fiesta, no hay ninguna. Nos encantaban, además, cuando llegaban nuevas a la tienda, y podíamos comerlas blanditas, no como esas veces que se quedaban duras cuando se nos olvidaban en nuestros bolsillos. Es una de las chuches de nuestra infancia, pero no es la única. Seguro que tú también tienes un gran recuerdo de estas.
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Congelables y zumitos
Yo los congelables no los comía mucho, pero las pocas veces que lo probé, siempre me sabía muy rico. Es de esos caramelos que te costaba encontrar horrores, pero cuando conseguías encontrarlos, le pedías a tu madre algunas pesetas (sí, pesetas), para comprarlo. Era extraordinario, y el sabor único.
En cuanto a los zumitos, es verdad que Fiesta aquí no dominaba el mercado, sino que había otros botecitos que eran parecidos y con un rasca en la etiqueta. Aún así, también comprábamos los de Fiesta. Pero eso sí, eligiendo siempre el del color que más nos gustaba. ¿Alguien cogía el verde o el naranja? Era muy triste verlos los últimos de las cajas.
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Cerezas
Esta era una de nuestras chuches preferidas, junto a las fresas de gominolas. Las cerezas, al igual que pasa con todos los caramelos, no tienen un sabor que se parezca a la fruta real, pero aún así, ese azúcar artificial nos encantaba, y a día de hoy nos sigue encantando. No nos extraña que sigan existiendo, porque chuches como esta eran la clave del éxito.
Además, seguro que hacías como yo, que empezabas comiendo la parte verde, para dejar la roja para el final, porque era lo más bueno, y querías saborearlo mucho más. Cada uno teníamos nuestras costumbres, y en cuestión de caramelos, no hay nada mal hecho, ya que cada niño es un mundo a la hora de compartir y comer sus gominolas.
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Mega torcidos
Esto eran grandes regalices con sabor a fresa y nata: evidentemente, lo rosa es la fresa, y la nata es lo blanco. Tenían un sabor muy dulce, y no a todos los niños les gustaba. De hecho, no era de mis preferidas, porque me empalagaban mucho. Aún así, hay gente a quienes les encantaban, y por eso se siguen vendiendo.
Su nombre se debe a su textura, porque es como un regaliz que está torcido, o al menos lo aparenta, porque tiene una textura muy singular. Estos caramelos, en cuanto pegabas un mordisco, se deshacían enseguida, por lo que era todo un placer dejar que se deshicieran en nuestra lengua.
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Momias
Personalmente, esta textura de las momias tiernas, no me gustaba nada, más que nada porque la parte de fuera, que se parecía a una fruta garrapiñada, me horrorizaba mucho. También las formas no eran de lo más agradables, pero aún así, hay que reconocer que sabían muy bien. No sabemos cómo, pero el sabor de estos caramelos era realmente adictivo.
Ahora igual no nos las comeríamos, pero seguro que si nos pusieran una bolsa delante ahora mismo, un poco tentados sí que nos sentiríamos. Por supuesto, quién le dice que no a un puñado de caramelos? Sean de la marca que sean, nuestro niño interior sigue dentro y por eso es que grita para que lo alimentemos con azúcar.
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Piruletas
Las piruletas de este tipo siempre nos encantaban, y cuando había una bolsa de chucherías, de esas que nos regalan por nuestro cumpleaños, era lo último que dejábamos, porque estaba mucho más bueno, y nos hubiera gustado que nos durara toda la vida. Hoy en día podemos encontrarlos, pero si te los tomas, te darás cuenta de que el sabor no es el mismo.
¿Qué recuerdos guardas de esta piruleta? Yo siempre lo compraba al salir del parque, o antes de ir al parque, en esos puestos de caramelos que había cerca. Son recuerdos que no están lo suficientemente pagados, porque son únicos.
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Fresquitos
Había caramelos que servían para experimentar, y los fresquitos eran de este tipo. Porque nos gustaba jugar con los sabores y con las texturas. Sin embargo, a veces nos sabía un poco raro, ¿verdad? Que si el pica-pica, que si el azúcar. Los fresquitos estaban por todas partes, y daban mucho juego, porque tenían multitud de sabores y de colores.
Muchas personas seguro que tienen algún recuerdo de su infancia relacionado con los fresquitos. Jugábamos a probar solo el polvillo donde mojábamos la piruleta, y había quien solo se tomaba el caramelo en sí. Mi favorito siempre fue el azul, porque te dejaba la lengua de ese color. ¿Y el tuyo?
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Kojak
Esto era el mega caramelo. El caramelo definitivo, porque era caramelo, con un chicle dentro. Vamos, de esto que cuando crees que todo se ha acabado... pues no, no se ha acabado, porque todavía queda la mejor parte, la parte masticable.
El sabor además era buenísimo, y por eso nos encantaba comérnoslo. Eso sí, al ser de esta marca, era caro de narices, y no siempre podíamos permitírnoslo. Por esta razón, deberíamos disfrutar de los pequeños momentos cada vez que podamos.
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Moras
No sé vosotros, pero yo lo que hacía era saborearlas hasta que se quitaran todas las bolitas, y luego dejar que la gominola se deshiciera en mi lengua. Según la persona, había gente que le gustaban las moras negras, y otros las rojas. No tenían el mismo sabor, y muchos de nosotros desconfiábamos de las negras, pero si no había más remedio, nos las comíamos.
¡Qué recuerdos tan agradables, cuando podíamos comernos todas las que quisiéramos sin preocuparnos apenas de la diabetes y de estas cosas que nos hacen ser adultos!
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Piruleta corazón
Era el caramelo más mítico de fiesta, y el que más recuerdos nos da. Seguramente, en tu casa haya alguna por ahí guardada, porque tienes un buen recuerdo de ello, y quisiste tener una. O al menos, seguro que tienes algún momento asociado a este caramelo, porque la gente solía regalar estas chuches a su primer amor, y cosas así.
Vamos, que los caramelos nos endulzaban la vida, pero también nos ayudaban a creer y a soportar nuestros primeros amores. Y eso es algo que no se puede olvidar, y que de hecho, no olvidamos.