A partir del 1 de noviembre de 2026, en el Reino Unido ningún menor de 12 años podrá permanecer a solas con un perro de raza peligrosa. La nueva medida endurece aún más la ya exigente ley británica y pretende reducir los ataques a niños dentro del hogar.
El Dangerous Dogs Act ya prohíbe allí la tenencia de cinco razas y de cualquier perro que comparta sus características físicas: Pit Bull Terrier, Tosa Inu, Dogo Argentino, Fila Brasileño y, desde 2024, el Bully XL. Salvo que el propietario disponga de un certificado de exención, las autoridades pueden decomisar y hasta sacrificar al animal por el mero hecho de pertenecer a uno de esos tipos, aunque nunca haya mostrado agresividad.
Ahora, el gobierno añade un nuevo motivo para que te retiren al perro: comprobar que un menor está solo con él sin la supervisión de una persona adulta en un entorno privado. La ministra de Bienestar Animal, Baronesa Hayman, lo justifica con claridad: “cualquier ataque a un niño por parte de un perro peligroso es inaceptable” y subraya que la seguridad infantil debe ser la prioridad.
La supervisión adulta evita la mayoría de los sustos, pero lo que de verdad falta son campañas de educación constantes.
La norma persigue amparar a los más pequeños y, de paso, responsabilizar a los dueños que no actúan con cabeza. Sin embargo, aplicarla con eficacia se antoja bastante complicado: ¿cómo controla el Estado lo que ocurre dentro de cada casa? Las visitas de inspección no serán sencillas y, si la multa o la retirada del perro llegan después del incidente, la protección real se queda en papel mojado.
Aunque el aviso oficial recuerda que los niños pequeños deben estar supervisados con cualquier perro, la opinión de numerosos educadores caninos es unánime: sería más productivo que se diseñaran buenas campañas de prevención, como las que impulsa la Semana por la Convivencia Segura entre Personas y Perros, organizada por la Fundación SrPerro Colega. La clave no está solo en “estar en la misma habitación”, sino en practicar una supervisión activa que interprete el lenguaje corporal del animal.
Aquí está el verdadero reto: prohibir no siempre equivale a educar. La experiencia demuestra que la divulgación, la formación en colegios y la concienciación consiguen cambios más profundos que una restricción difícil de fiscalizar. Porque, al final, lo que protege a un menor frente a un perro no es una ley inaplicable, sino la mirada atenta y el sentido común de un adulto que sabe leer la situación.
🐾 Huella animal
- ❤️ Por qué es importante para un amante de los animales: Entender que la seguridad infantil depende más de la educación que de las prohibiciones.
- 📌 De qué no tienes que olvidarte: Un niño nunca debe quedarse solo con un perro, sea de la raza que sea.
- ⚠️ Cosas a tener en cuenta para el futuro: La medida se revisará si no logra reducir los incidentes; ojalá venga acompañada de más pedagogía.




