Hollywood ha encontrado en los biopics musicales su nuevo filón. Tan solo han pasado unos días del estreno en España de Michael, la ambiciosa recreación de la vida de Michael Jackson dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por su sobrino Jaafar Jackson, pero el mensaje de la taquilla y de la propia industria cada vez es más que evidente: las grandes distribuidoras han decidido que las historias de los mitos de la música son uno de los pocos productos capaces de combinar nostalgia, prestigio y un alto potencial de rentabilidad en un mercado en el que las franquicias superheroicas empiezan a dar señales de agotamiento.
La apuesta en torno a Michael es el último ejemplo. Con un presupuesto en torno a los 155-160 millones de dólares y unas previsiones de estreno en Estados Unidos que han llegado a duplicar las estimaciones iniciales, los analistas han estado meses preguntándose si el biopic del 'Rey del Pop' podrá incluso superar el listón de Bohemian Rhapsody, que recaudó unos 910 millones de dólares en 2018.
Y es que la película de Queen fue el punto de inflexión, puesto que demostró que un biopic musical podía funcionar como un blockbuster global, apoyado en el tirón intergeneracional de un catálogo de canciones ya conocido y en la curiosidad —y la polémica— que rodea a sus protagonistas.
El biopic musical es, en realidad, bastante antiguo
Con todo, el biopic musical no es un invento reciente. Desde los años 40 y 50, con títulos como The Jolson Story o Love Me or Leave Me, Hollywood entendió que había un público dispuesto a revivir en pantalla las vidas de figuras reales, sometidas a los clásicos arcos de auge, caída y redención. Más tarde, filmes como The Buddy Holly Story, La Bamba o The Doors demostraron que, con presupuestos medios y estrellas carismáticas, el subgénero podía lograr éxitos puntuales y muy localizados.
El verdadero salto llegó con el cambio de siglo, cuando los estudios empezaron a utilizar el biopic musical como vehículo de prestigio. Ray y En la cuerda floja consolidaron un modelo "oscarizable" con historias de superación personal, la construcción de una identidad artística y el descenso a los infiernos de las adicciones que acabaron coronadas por premios interpretativos y recaudaciones por encima de los 100 millones de dólares.
Pero, como decimos, Bohemian Rhapsody lo llevó todo a otro nivel. Convertida en fenómeno global, su éxito abrió una auténtica oleada de proyectos centrados en iconos de la cultura pop del siglo XX. Rocketman (Elton John), que jugaba con recursos de musical y realismo mágico; Elvis, de Baz Luhrmann; Un completo desconocido, en torno a la figura de Bob Dylan; o Bob Marley: One Love, estrenada en 2024, consolidaron la idea de que el biopic musical podía ser un comodín para los grandes estudios. Logran fácilmente disponer de presupuestos razonables, una fuerte presencia en la temporada de premios y un público preexistente garantizado por la base de fans.
Y no olvidemos el biopic sobre Bruce Springsteen, centrado en la gestación de Nebraska, o el de Amy Winehouse, no tan bien recibido por la crítica.

Sí, no todas han alcanzado el rendimiento de Queen, pero el patrón se ha repetido con insistencia. Incluso cuando el resultado artístico ha sido más discutido, el atractivo comercial de una marca global y el tirón de clásicos reconocibles en banda sonora y campañas de marketing han bastado para asegurar una explotación rentable en salas y, posteriormente, en plataformas.
La lista de referentes recientes es amplia, y abarca a muchos artistas. De Control, sobre Ian Curtis y Joy Division, a Love & Mercy, que se adentra en la mente de Brian Wilson, o Amadeus, de Milos Forman. Bob Dylan ya tuvo otro biopic múltiple con I'm Not There, y los fans del rap disfrutamos enormemente Straight Outta Compton, que convirtió la historia de N.W.A. en un retrato social de la América de los 80. Pero el camino que la industria ha sancionado como rentable es netamente clásico: una estructura cronológica clara, un arco emocional reconocible y un protagonista que pueda brillar en la carrera por los premios.
No olvidemos aquellas pelis que están en zonas grises entre biopic y musical 'jukebox', como el caso de Mamma Mia!, construido sobre las canciones de ABBA, o incluso la mencionada Rocketman. Tampoco las apuestas locales en España, como La estrella azul, sobre Mauricio Aznar, o Segundo premio, centrada en Los Planetas.
Y prepárate para lo que viene tras 'Michael'...
En cualquier caso, a nivel global el estreno de Michael es solo el inicio de otra década de biopics musicales. Las principales majors y productoras ultiman una batería de proyectos que apuntan a comercializar la fascinación por las vidas privadas detrás de las canciones que han marcado varias generaciones.
Sony y Sam Mendes preparan una de las apuestas más ambiciosas del género: cuatro películas interconectadas sobre The Beatles, cada una centrada en un integrante del grupo, con Paul Mescal como Paul McCartney, Harris Dickinson como John Lennon, Barry Keoghan como Ringo Starr y Joseph Quinn como George Harrison. El plan es que el proyecto llegue a los cines alrededor de 2027, con el respaldo de un gran estudio y un despliegue global acorde al tamaño del mito.

Universal impulsa un biopic sobre Britney Spears basado en sus memorias The Woman in Me, con Jon M. Chu en la dirección y la promesa de abordar tanto el éxito deslumbrante como la cara más oscura de la fama y el control sobre su carrera.
Asimismo, se desarrollan proyectos sobre Cher —con Eric Roth al guion y Judy Craymer, artífice de Mamma Mia!, en la producción— y sobre los Bee Gees, largamente gestado y, en distintos momentos, asociado a nombres como Kenneth Branagh, John Carney, Lorene Scafaria o Ridley Scott.
La lista se extiende a Carole King, Snoop Dogg, Ronnie Spector, Linda Ronstadt, Boy George, Keith Moon, Janis Joplin, Frank Sinatra, KISS (Shout It Out Loud), Nat King Cole —en un proyecto que también implica a Colman Domingo detrás de la cámara—, Billy Joel (Piano Man), Madonna, Sister Rosetta Tharpe (Rosetta, con Lizzo en el papel principal), Randy Travis, The Grateful Dead, Fred Astaire (con Tom Holland, aunque el proyecto está paralizado) o Queen Latifah, entre otros.
Sea como fuere, de lo que no hay duda es de que la industria se encuentra en un escenario postsuperheroico, con las franquicias de Marvel o DC mostrando signos de fatiga. Esto ha llevado a los estudios a buscar productos que generen impacto solo con su anuncio y que no exijan inversiones astronómicas ni un universo compartido.
Los biopics musicales son la apuesta ideal, y además traen reconocimiento. Desde hace casi dos décadas, es uno de los géneros que más nominaciones y estatuillas ha proporcionado en categorías interpretativas: Jamie Foxx como Ray Charles, Rami Malek como Freddie Mercury, Taron Egerton como Elton John o Austin Butler como Elvis Presley. Así que, no tengas ninguna duda: seguiremos viéndolos durante mucho tiempo, aunque a cambio lo paguemos los espectadores con cierto conservadurismo creativo.




