La NASA llevó a cabo con éxito la misión Artemis II, pero esto no implica que no hubiese algunos aspectos que mejorar en la nave Orión que llevó de nuevo a los seres humanos a poder volar durante 10 días alrededor de la Luna antes de regresar a la Tierra. Esta fue la primera misión tripulada en la órbita lunar en 54 años.
La misión fue clave para preparar el camino para el alunizaje de la futura misión Artemis III, pero antes de que esta pueda tener lugar, la agencia aeroespacial estadounidense tendrá que resolver un problema técnico en su nave, para lo que aún tiene mucho trabajo por delante.
LA NASA Y LOS PROBLEMAS DE LA NAVE ORIÓN
La NASA, que pudo completar con éxito la misión Artemis II a pesar de los puntos críticos que tuvo que superar, permitiendo el regreso de los vuelos tripulados más allá de la órbita baja terrestre, tiene un problema por delante que debe afrontar antes de la siguiente misión.
En la reciente misión espacial, cuatro astronautas viajaron durante diez días y alcanzaron una distancia nunca antes vista desde el programa Apolo. Sin embargo, y a pesar de que todo pareció ir a la perfección, la realidad es que la nave espacial Orión tiene una serie de problemas técnicos.
Por este motivo, la agencia espacial estadounidense tendrá que continuar trabajando y resolverlos antes de poder avanzar hacia Artemis III, una misión fundamental para regresar a la superficie lunar.
NUEVOS DESAFÍOS PARA LA NASA

El sistema de propulsión de Orión usa helio para la presurización de los tanques y empujar así combustible hacia el motor. Durante la misión Artemis II se detectó una fuga interna en ese elemento de presurización de oxígeno.
Este problema no comprometió un regreso seguro a Tierra de la tripulación, pero aun así se debe abordar de cara a futuros vuelos, sobre todo cuando estos sean más largos y exigentes para la nave espacial.
La cuestión es que la NASA era consciente de la existencia de la fuga antes del lanzamiento de Artemis II, pero los ingenieros consideraron que el ritmo de pérdida era lo suficientemente bajo como para no retrasar la misión.
Aunque pudiese parecer una decisión que pudiese poner en riesgo a los astronautas que viajaron a la órbita lunar, desde la NASA consideran que el sistema funcionó tal y como se había calculado. Ahora, deben trabajar en solucionar la fuga.
No es un problema sencillo de resolver, ya que el módulo de servicio europeo, que tiene las válvulas afectadas, se separa de la cápsula antes de la reentrada y se desintegra en la atmósfera. Esto implica que no se puedan analizar físicamente los componentes dañados. Por lo tanto, se deben estudiar los datos del vuelo y replantear el diseño casi desde cero.
OTROS ASUNTOS QUE LA NASA DEBE ABORDAR

La NASA, que ya planea su expedición a Marte en 2028, no solo tiene que tratar de solucionar el problema de la fuga existente en la nave Orión, sino que también tendrá que abordar lo que sucede con el escudo térmico de la nave, que sigue siendo objeto de debate.
Tras la misión Artemis I, en 2022, se encontraron una serie de grietas y fragmentos desprendidos de esta pieza diseñada para soportar temperaturas extremas durante la reentrada en la Tierra. Aunque se conocía la causa del daño, se utilizó la misma arquitectura en Artemis II.
Este es el elemento que protege la base de la cápsula y su integridad es una cuestión de vida o muerte para los astronautas. A pesar de todo, la NASA siempre tuvo confianza en que los astronautas regresarían sanos y salvos. En cualquier caso, actualmente sigue analizando los datos recabados y el estado del material para poder desarrollar una nueva versión de cara a la misión Artemis III.
A todos estos problemas se suman otros como el propio sistema de gestión de residuos, que tuvo problemas durante la misión espacial, aunque después de que el inodoro no funcionase bien en un primer momento, las tareas de mantenimiento de los astronautas y una nueva reorientación de la nave hacia el Sol se pudo corregir.
Una de las grandes ventajas para la NASA es que Artemis III será una misión no tripulada, de manera que se podrán validar diferentes cambios en el escudo térmico y el sistema de propulsión, entre otros, todo ello sin poner en riesgo la vida de seres humanos.




