Cada lugar en el mundo resulta único, y eso también ocurre en localidades como Olivenza, cuya tradición le da una historia diferente en España. Esta localidad de la provincia de Badajoz que se encuentra en el límite con Portugal tiene una relación histórica con el país luso. Esto se debe a que perteneció a él hasta que en 1297, cedieron la posesión por un tratado. Sin embargo, no fue hasta la ocupación de facto española del territorio, momento en que se consolidó definitivamente.
El legado portugués en Olivenza se percibe de manera bastante evidente en su patrimonio arquitectónico y cultural. Las murallas y calles de estilo portugués están construidas durante el siglo XVII, siguen siendo una de las principales atracciones del municipio. Entre estas se encuentra el impresionante castillo, que es una fortaleza que ofrece una vista panorámica incomparable de la región.
Olivenza, un pueblo encantador y plagado de cultura
Las calles de Olivenza también reflejan esta rica historia compartida. Pasear por el casco histórico del lugar es como retroceder en el tiempo, con sus adoquines y casas blancas decoradas con azulejos tradicionales portugueses. La Iglesia de Santa María Magdalena es una de las mayores atracciones, cuyos interiores barrocos pintados totalmente a mano son un testimonio de la profunda influencia de este país vecino.
Además de su patrimonio edilicio, Olivenza es un lugar donde las tradiciones culturales portuguesas todavía se mantienen vivas. El idioma de dicha nación es aún hablado por algunos de sus habitantes más mayores, y ciertas festividades y costumbres tienen una marcada influencia lusa. Cada año, el municipio celebra la Fiesta de la Luz, una festividad en honor a la Virgen de la Luz que incluye procesiones religiosas, música y danzas tradicionales.
¿Qué otras actividades se pueden realizar en Olivenza?

La gastronomía de Olivenza también es un reflejo de esta fusión cultural. Los platos típicos de la región combinan sabores españoles y portugueses de una manera única. Los visitantes no pueden dejar de probar especialidades como las migajas portuguesas, el bacalao dorado o el pastel de nata, todos ellos ejemplos de la riqueza culinaria de este enclave. Las comidas también es un reflejo de esta fusión cultural, en donde los platos típicos de la región son su carta de invitación al turista.
Desde rutas de senderismo y ciclismo por sus alrededores naturales, hasta actividades culturales y visitas guiadas, te permiten conocer la historia y patrimonio del lugar en profundidad en el tiempo que tengas disponible. Además, su proximidad a la frontera portuguesa facilita excursiones a otras localidades cercanas en ambos países, por lo que no debes dudar en emprender en esta aventura.



