Las tarifas del mercado libre: no es oro todo lo que reluce

Muchos buscan las tarifas del mercado libre como posible solución. El gasto eléctrico sigue siendo una gran preocupación, sobre todo para el consumidor, ahogado por la inflación y con la esperanza de al menos minimizar daños. ¿Es así o puede ser peor el remedio que la enfermedad? Lo cierto es que no son tan chollo como parecen, con lo que la frustración del consumidor se acrecienta, al ver cada vez más complicado la tarifa que más le conviene y los continuos cambios.

Durante muchos años era la tarifa regulada o PVPC la solución ideal o menos mala. Con calculadora en mano, era la que ofrecía mejores precios la mayoría de las veces, a pesar de sus continuas variaciones. Pero con la crisis energética y la inflación, las tarifas del mercado libre se tornaron la mejor opción. Pero llegó el Decreto-ley 10/2022 del 23 de mayo de 2022 y la cosa cambió.

DE AQUELLAS DECISIONES

Nos trasladamos unos días antes, al 13 de mayo de 2022. Se lanzó un Decreto-ley para intentar frenar el precio mayorista de la electricidad. Se optó por limitar el precio sin más a los que ofertaban las centrales de ciclo combinado (con gas), compensando luego dicha limitación instaurada. Por eso el precio mayorista de la electricidad fue más bajo que el de nuestros vecinos europeos, fueran tarifas del mercado libre o no.

Por eso la clave está en la compensación aludida, porque, como suele ocurrir, es el consumidor el que se hace cargo de esa compensación. El problema añadido es que afectaba tanto a los de tarifa regulada como a los del mercado libre. En definitiva, ni una ni otra se han vuelto la panacea o al menos un alivio para las familias, sobre todo aquellas que sufren la denominada «pobreza energética». Muchos hogares no podrán poner la calefacción este invierno, ahogados por las hipotecas, otras deudas y los gastos mensuales cada vez mayores de alimentos, ropa, etc.

Tarifas Del Mercado Libre

LA DECEPCIÓN DE LAS TARIFAS DE MERCADO LIBRE

Así que de nuevo, el gozo en un pozo para el consumidor. A una supuesta tarifa rebajada hay que sumar la compensación, con lo que al final, casi «lo comido por lo servido», y el único consuelo y alivio es la bajada real del kilovatio hora que se va actualizando cada día. A día 17 de noviembre, por ejemplo, sí que hay buenas noticias pero para el mercado regulado, ya que el precio promedio de la luz para los clientes vinculados al mercado mayorista se desplomó un 26,86% con respecto al día anterior, hasta los 75,51 euros por megavatio hora (MWh), su nivel más bajo desde el pasado 23 de octubre.

Como vemos, al final el usuario se vuelve loco porque, leyendo esos datos, puede hacerle pensar que es conveniente volver al principio y abandonar el mercado libre. Un caos creado por ese mecanismo de compensación, por no hablar de los continuos fallos del comparador de tarifas de la CNMC.

LO QUE NOS DEPARA EL HORIZONTE

Pero no todas las noticias son negativas. Cuando vayan venciendo los contratos del mercado libre anteriores al 24 de mayo y se vayan renovando, todos tendrán que ir pagando esta compensación a las centrales de ciclo combinado y por tanto, al haber más gente compensando, la compensación individual será menor.

A todo ello se suma el factor gas, que también sufre las mismas situaciones de cortes de suministro derivados de la guerra, geopolítica y por supuesto, la inflación. Y es que en parte, la electricidad depende del gas, en una problema que se retroalimenta y donde el consumidor está atrapado doblemente, más aún si en los hogares tienen gas natural y no va todo por electricidad.

La solución que dan es consultar con un experto, asesorarse y analizar las necesidades de cada hogar y familia, en dónde se puede ahorrar y ver continuamente si son mejores las tarifas del mercado libre o las reguladas. En principio se pueden cambiar cuando se desee sin coste, pero podría haber un límite y llegar un momento en que te cobren por ello.