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Comida chatarra vs. productos españoles: ¿a quién perjudica el Nutri-Score?

“¿Quién quiere ir a un KFC pudiendo ir a un bar de tapas auténtico?”, se pregunta un usuario de Barcelona en una reseña en TripAdvisor de un local de comida rápida ubicado a metros de la Sagrada Familia. McDonald’s, Burger King, Taco Bell, son algunos de los restaurantes que dominan las calles aledañas a la Basílica y que no escapan a la atención de turistas. Esto mientras que, como explica el usuario, para encontrar restaurantes locales de comida típica española “mejor desplazarse a otro barrio”.

La expansión de los restaurantes de comida rápida no es una novedad. Hoy en día, ya no causa sorpresa ver lugares emblemáticos rodeados de locales de comida chatarra. Sin embargo, reseñas como la anterior cobran una especial relevancia en el contexto actual en el que la alimentación y la salud están en primer plano. En este escenario, el contraste entre el avance de las cadenas extranjeras y la popularidad de la comida chatarra frente a los productos tradicionales españoles, preocupa cada vez más. Sobre todo, en un momento en el que tanto se habla de las campañas de desprestigio que están sufriendo los productos típicos de la dieta española, lideradas por el ministerio de Consumo.

Al jurar como ministro de Consumo, en 2020, Alberto Garzón se comprometió con diferentes causas. Entre ellas, una de especial relevancia: la lucha contra la obesidad infantil que, en palabras del ministro, “arroja unas cifras alarmantes en cuanto a la mala nutrición de niños y niñas de nuestro país”. Las cifras a las que hizo referencia Garzón en aquel momento, eran las del Estudio Aladino 2019. Según las mismas, uno de cada diez niños escolares en España sufre de sobrepeso principalmente debido al consumo de comida basura.

Con el foco puesto en aquellas alarmantes cifras, Garzón anunció la adopción de ciertas medidas como la prohibición de la publicidad de productos alimenticios malsanos dirigidos a menores de 15 años. Una propuesta que llegó acompañada de otra que, al día de hoy, sigue causando polémica: la adopción de un etiquetado nutricional de alimentos en el frente de los envases. Según se informó en aquel entonces, ambas medidas actuarían de manera sincronizada. El Nutri-Score serviría de base para así restringir la publicidad de alimentos malsanos dirigida al público infantil. Es decir, el etiquetado sería utilizado para determinar si un producto es saludable o no y en función a ello, se aplicaría la restricción publicitaria.

Desarrollado en Francia y también conocido como semáforo nutricional, el NutriScore califica los productos alimenticios a partir de una escala de colores y letras que van de la ‘A’ a la ‘E’ y del verde al rojo. A medida que se avanza en el alfabeto, crece el nivel de alerta. Es decir, los productos que reciben una A son considerados como “saludables”, mientras que los que obtienen una E son marcados como “insanos”. Detrás de este sistema, criticado por ser demasiado simplista, se esconde un algoritmo que es el responsable de determinar la calificación de cada alimento. Un algoritmo cuyo funcionamiento hace que productos típicos españoles como el aceite de oliva, el queso manchego o el jamón ibérico obtengan las peores calificaciones posibles. Mientras que otros productos malsanos salen en verde.  De aquí la preocupación que genera su implantación voluntaria en España.

Como si fuera poco, este modelo es el preferido de pesos pesados de la industria como Nestlé que ha declarado públicamente ser un ferviente defensor del Nutri-Score. Lo mismo ha hecho McDonald’s, quien ya ha comenzado a aplicar este sistema en Francia. Si bien muchos esperaban ver etiquetas rojas y malas calificaciones, productos clásicos de la cadena estadounidense como sus patatas fritas obtienen una etiqueta verde y una letra B y sus McNuggets una C. Irónicamente, como lo anticipó la plataforma SinAzúcar.org, la vinagreta es el producto con peor Nutriscore del McDonald’s. Se trata del único del producto con etiquetado D.

De acuerdo con las primeras informaciones brindadas por Garzón el año pasado, únicamente los productos que obtuviesen calificaciones Nutri-Score A o B podrían ser promocionadas en publicidades dirigidas al público infantil. Aunque esto supone un problema ya que el Nutri-Score funciona al revés de como debería. Bajo este parámetro, las patatas fritas o el McChicken de McDonald’s pueden continuar siendo promocionados sin ningún tipo de restricción. Mientras que el aceite de oliva estaría vetado. Una contradicción que demuestra que el sistema Nutri-Score no es adecuado para los objetivos que persigue Consumo. Es por eso que la comunidad científica y los productores de alimentos españoles le exigen al Gobierno español que paralice la implantación de este sistema y considere otras alternativas.

En este caso, España podría inspirarse en Italia, un país con el que comparte tradiciones alimentarias que se inscriben bajo la dieta mediterránea. Además, Italia es un país que siempre ha defendido estos principios y así continúa haciéndolo. Su lucha contra la instalación de locales de comida rápida como McDonald’s en sitios emblemáticos como la Plaza del Duomo en Florencia, es bien conocida. De hecho, todavía se recuerdan las masivas protestas contra la apertura del primer McDonald’s en el país, ubicado en la Plaza de España en Roma. También son conocidos sus esfuerzos para promover el consumo de productos tradicionales mediterráneos. El ejemplo más actual de ello es la presentación del sistema de etiquetado Nutrinform.

Al ver lo que sucedía con los productos estrella de la dieta mediterránea, las autoridades italianas se movilizaron para evitar que el NutriScore continuara desprestigiando la reputación de estos alimentos. Así ha surgido el Nutrinform, el etiquetado nutricional desarrollado por tres ministerios italianos en conjunto con científicos del Instituto Superior de Salud, el Consejo de Investigación en Agricultura y Nutrición y representantes de la cadena agroalimentaria. El Nutrinform busca reivindicar la importancia de seguir una alimentación sana, variada y equilibrada y que se apoye en los principios de la dieta mediterránea. Para ello, el sistema muestra visualmente a través de símbolos de baterías, el nivel de aporte de calorías y nutrientes de cada producto en comparación con el máximo recomendado por la Unión Europea. De esta forma, el consumidor puede comprender fácilmente lo cerca que está de esas cantidades.

El ejemplo de Italia demuestra que se pueden aplicar medidas para promocionar hábitos de consumo saludable, sin poner en jaque a la dieta mediterránea y a los productos tradicionales. Por eso, Consumo debería seguir los pasos de las autoridades italianas y priorizar la defensa de la dieta mediterránea, en lugar de abogar por la adopción de un sistema que promueve la comida chatarra y atenta contra los productos españoles.