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El acusado de retener a una prostituta en Santander lo niega

El acusado de retener en su domicilio de Santander a una mujer con la que había concertado servicios sexuales ha negado este martes los hechos en el juicio contra él, en el que ha asegurado que «en ningún momento» la hizo «nada».

Según ha explicado, después de mantener relaciones en el salón y la habitación se duchó y, al salir del baño, se encontró a otras tres personas «dando vueltas» por la vivienda, por lo que está «seguro» de que la denunciante las metió en casa para «intentar robar».

Así lo ha manifestado el procesado, por un presunto delito de detención ilegal, en la vista celebrada en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria, en la que también ha declarado -por videoconferencia- la víctima, que se ha ratificado en lo denunciado.

Según ha aseverado, el implicado -que se enfrenta a cuatro años de cárcel que pide el fiscal- la impidió salir del piso y la arrinconó, por lo que se encerró en el baño y llamó a unos amigos a los que dio la dirección para que acudieran al lugar.

Ha aseverado que el procesado mostró una actitud «violenta» hacia ella, hasta el punto de que le vio con «un cuchillo en la mano», por lo que se encerró en el servicio y pidió ayuda.

«NO LA HE LLAMADO NI TONTA»

Por su parte, el acusado ha aseverado que «en ningún momento la he retenido, ni insultado o faltado al respeto, ni empujado. No la he llamado ni tonta», ha expresado.

A preguntas del ministerio público y de su abogado ha explicado que se enteró de los servicios de prostitución a través de un anuncio y los contrató por teléfono.

Así, contactó con la mujer por mensajería instantánea -WhatsApp- y quedó con ella en pasar a recogerla en su coche para ir después a su casa, indicándole en un mensaje la dirección de su domicilio.

Una vez en la vivienda, estuvieron en el salón y en el dormitorio, tras lo cual él se duchó. Al salir del baño se encontró a otras tres personas que no habían sido «invitadas» y que estaban «dando vueltas». Concretamente, estaban «mirando» y «abriendo cajones» y una de ellas, ha dicho, tenía unas playeras en la mano.

Ante esto, forcejeó con un hombre un par de veces y en el transcurso de ambos actos realizó sendas llamadas a la Policía. Su letrado ha aportado copia de las mismas al inicio de la vista y se han incorporado a la causa.

El acusado se ha mostrado «seguro» de que fue la víctima quien metió a esas personas en su piso y que lo hizo para «intentar robar», y ha señalado al respecto que la puerta estaba cerrada. En este sentido, ha indicado que siempre cierra con llaves y las deja puestas en la cerradura.

SE ENCERRÓ EN EL BAÑO PARA PEDIR AYUDA

En su declaración telemática, la víctima ha detallado que el hombre le dio inicialmente una dirección diferente a la real, y ha agregado que una vez en casa le ofreció «dos rayas de coca» que ella rechazó. También ha apuntado que las luces de la vivienda estaban apagadas y que tras mantener relaciones ella salió del dormitorio

Al regresar, ha indicado que él puso una mesa «bloqueando» la puerta de la habitación, y ha asegurado que tenía la «mandíbula» y la «cara desencajada». Y, también, que tenía «dos pesas»: una que sostenía en la mano y otra que estaba metiendo debajo de la almohada o entre la funda, ha comentado.

Ante esto, la víctima salió de la habitación e intentó hacer lo propio de la vivienda, pero estaban «las llaves puestas», por lo que se arrinconó -ha dicho- contra la puerta.

Luego volvió al dormitorio a por su teléfono y más pertenencias, momento en el que vio al hombre «con un cuchillo en la mano», por lo que fue «corriendo» al baño, donde se encerró con el pestillo y desde donde se asomó y pidió ayuda. Ha relatado que llegó a sentarse en la ventana y que los vecinos colocaron un colchón en la calle por si se caía.

Y también avisó por teléfono a sus amigos. Un vez llegaron al lugar y entraron en casa, ella salió del servicio y abandonó el domicilio con ellos, momento en el que llegó la Policía Nacional.

LA PUERTA ESTABA MEDIO ENTORNADA

En la sesión han testificado las dos mujeres y el marido de una de ellas que acudieron a la vivienda, que han corroborado la versión de su amiga. Han coincidido al indicar que accedieron al portal tras llamar a los timbres de vecinos y al interior del piso porque la puerta estaba «medio entornada».

Así, fue «fácil abrirla», sin necesidad de dar una «patada», sino que tan solo hubo que «empujar un poquito con las manos», han precisado a preguntas del ministerio público y la defensa.

También han testificado cuatro policías nacionales que intervinieron en estos hechos, que tuvieron lugar en enero de 2020, y que han señalado que la puerta del piso estaba cerrada y que llamaron «insistentemente».

Han señalado que les abrió el acusado, que estaba solo -la chica estaba ya en el exterior del inmueble con sus amigos-. A continuación, se metió «corriendo» en una habitación de la que volvió a salir a los pocos «segundos».

Según los efectivos, el denunciado estaba «bastante alterado» o «agitado» y «seguramente drogado» -ha admitido que había consumido cocaína-, por lo que le redujeron.

Y a sus ojos, el piso estaba «desordenado» y «revuelto», especialmente la habitación y la cama, y observaron además una mancuerna por el suelo.

La prueba testifical ha terminado con la declaración de un forense propuesto por la defensa, que ha concluido que tras el análisis realizado el acusado era consumidor habitual de sustancias estupefacientes, al menos hasta tres o cuatro meses antes de lo sucedido, aunque no ha podido determinar el grado de afectación en el momento de los hechos.

SITUACIÓN ANÓMALA Y RETENCIÓN CARICATURESCA

Tras el interrogatorio al acusado y a los testigos, fiscal y letrado defensor han elevado a definitivas sus conclusiones, manteniendo la petición de cuatro años de cárcel por un delito consumado de detención ilegal y la libre absolución, respectivamente.

El representante del ministerio público cree que ha habido un delito de privación de libertad y ha destacado el relato «consistente» de la víctima para la «incriminación persistente» del acusado.

Y aunque ha admitido que hay detalles que carecen de «absoluta certeza o exactitud», los ha enmarcado en una situación «anómala», en la que es «muy difícil retener con precisión todo lujo de detalles».

Se trata de acontecimientos «absurdos, irreales, estrambóticos o anormales», que no suceden cuando va «deambulando tranquilamente» por la calle, ha comparado. Pero a pesar de ello, el fiscal cree que cuentan con el «aval suficiente» para que se dicte sentencia condenatoria.

Sin embargo, el abogado defensor se ha preguntado «cuándo se produce» la detención ilegal, pues a su juicio «nadie dispone de tanta libertad en un piso» que no es suyo, hasta el punto de que el dueño «de buenas a primeras» se encontró con cuatro personas dentro, tres de las cuales no han sido «invitadas» y que en cualquier caso se fueron «libremente».

Así, no ve «por ningún lado» la privación de libertad y cree que se trata de un «tipo caricaturesco» de detención ilegal. Además, atendiendo a la «levedad» de los hechos, –que tienen «escasa o nula entidad» pese a lo cual su cliente ha estado cinco meses en la cárcel–, considera que en caso de condena deben considerarse como un supuesto de coacciones.

Tras los informes de las partes, el acusado ha ejercido su derecho a la última palabra, con el que ha insistido en que «yo, en ningún momento, la he hecho nada». El juicio ha quedado así visto para sentencia.