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Catedrático de Química aboga por los medidores de CO2 para evitar la transmisión

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El doctor en Ingeniería por el MIT y catedrático de Química y Ciencias Medioambientales por la Universidad de Colorado José Luis Jiménez ha apostado este viernes por los medidores de CO2 para evitar la transmisión de la covid-19 en espacios cerrados.

Jiménez ha impartido una conferencia sobre la transmisión de la covid-19 mediante aerosoles y las posibles soluciones, cuyo tema central han sido los medidores de CO2. La conferencia ha sido organizada por Quimeltia CV, asociación de profesionales, micropymes y pymes del sector químico, según ha explicado en un comunicado.

El experto ha tachado de «error garrafal» las declaraciones de la OMS en marzo de 2020 que afirmaban que el virus no se transmitiría por el aire y asegura que es la principal vía de contagio. «La distancia social funciona porque al separarte respiras menos aire compartido con la otra persona, por eso los espacios cerrados son más peligrosos, el aire se comparte más», ha indicado.

El químico se ha referido al «Modelo de Queso Suizo» para afirmar que, en espacios cerrados, ninguna medida es segura ni te salva del contagio, pero un número mayor de capas de seguridad mejoran las posibilidades de éxito en la propagación del virus. En su opinión, «los medidores de CO2 de infrarrojos son lo que más sirve».

El medidor indica la cantidad de CO2 que hay exhalado en el ambiente. En ese momento las personas que se encuentran en ese espacio cerrado están volviendo a respirar el mismo aire y tienen más posibilidades de contagio si no se ventila.

Jiménez lo explica con un ejemplo: al aire libre hay 400 partes por millón de CO2 y cuando nos encontramos en sitios cerrados como un coche, en unos 30 minutos hay 4000 partes por millón de CO2, es decir, el 10% de aire que respiras lo estás respirando por segunda vez. Abriendo las ventanillas se puede bajar hasta el 1%.

El catedrático de química es contundente: «En todos los sitios públicos se debería medir el CO2 por ley». Una medida que ya está impuesta, incluso antes de la pandemia, en países como Taiwán o Corea del Sur.

Los establecimientos con espacios cerrados podrían compartir los resultados de las mediciones en una pantalla y «los pueden visualizar todos los clientes y les das la seguridad de que hay poco aire respirado por segunda vez, poco CO2 en el ambiente», propone.

Además, se amplía la posibilidad de que en redes sociales se pueda consultar qué negocios tienen estos medidores, un dato importante para saber qué lugares son los más seguros.

El catedrático ha destcaado que desde antes de la pandemia se puso de manifiesto las consecuencias de respirar mucho CO2 de forma permanente, pues afecta al nivel cognitivo de las personas y puede producir mareos que desencadenen en situaciones de peligro.

Un ejemplo son los colegios, en ellos el nivel de CO2 debería estar por debajo de los 900 y según un estudio de HEAL antes de la COVID-19 ninguno lo cumple, se reflejan datos de 1400 a más de 3000 lo cual implica que el 5% del aire que respiran esos niños lo hacen por segunda vez. En España, legalmente esos espacios deberían estar por debajo de 900, siendo 700 la primera alerta y 800 la segunda y más urgente.