El deporte es siempre pura competición. Y hay personas que, en sus ansias por ganar, necesitan hacer tramas para hacer historia. Estas son precisamente algunas de las trampas que han pasado a la historia.
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La espada mágica
Los rusos siempre han intentado llevar la delantera en cuanto a la tecnología. Sin embargo, en el deporte se adelantaron más de lo que deberían, pues el caso de "la espada mágica", fue muy sonado. Ocurrió en los 80, de la mano de Boris Onischenko, que era un pentatleta que hizo lo más sorprendente en la modalidad de esgrima.
Resulta que iba ganando cada encuentro, pero los rivales no lo entendían, porque no notaban el contacto de la estocada. Resultó que el soviético tenía un aparatito que activaba los tocados, un gran avance en el campo de la tecnología, y de ahí que al principio todo el mundo sospechara. Una vergüenza, porque había competido en cuatro juegos olímpicos seguidos.
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El accidente de Nelsinho Piquet
Esto es mucho más reciente, por lo que seguro que te acuerdas. Fue hace unos siete años, en el 2008, cuando en el GP de Fórmula 1 de Singapur, Nelsinho Piquet, de Renault, tuvo un accidente como para llevarse las manos a la cabeza. Ante ello, como era de esperar, se activaron todos los protocolos necesarios, y tuvieron que sacar el coche de seguridad.
Ahí estaba la trampa: todo fue una estrategia para que beneficiara a nuestro campeón, a Fernando Alonso, que ganó, porque efectivamente, había salido el coche de seguridad. Aunque en un principio Piquet dijo que se trataba de un error de pilotaje, la FIA sospechaba de que no era así. Y tenía razón. De ahí que se expulsara a Briatore de la Fórmula 1.
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Puñetazos duros como el yeso
Esto fue muy sonado porque además de grave, podría haber causado un accidente. Y no era un combate de boxeo de esos que marcan historia, del siglo, que está previsto que sea bueno, sino que se enfrentaba Luis Resto contra Billy Collins. El segundo, ya tenía cierto renombre en el campo, mientras que el primero, era uno de esos boxeadores del montón. Vamos, que todo el mundo sabía que quien iba a ganar era Collins. No fue así.
Todo el mundo se sorprendió de la victoria de Resto. Luego se descubrió que el entrenador, un tipo de una brillantez estúpida, había puesto yeso en el interior de los guantes de Resto. Por eso, el tipo, Carlos Lewis, fue condenado a un año de cárcel. Y es que la cara de Collins lo dice todo, porque estaba hecho un cuadro.
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Roberto Rojas y su corte
Hay algunos que de verdad tienen un desespero increíble por ganar. Eso pasó con la selección de Chile en 1990, cuando el portero, Roberto Rojas, se hizo él mismo un tajo en la cara. Lo que buscaba es que se anulara el partido, que jugaban contra Brasil, para clasificarse para el mundial de Italia. Claro, necesitaban la victoria, y Chile iba perdiendo.
Así que simuló que había sido agredido desde la grada, se hizo el tajo, y buscó la anulación del partido por seguridad. La selección chilena se retiró, diciendo que faltaban garantías de seguridad. De hecho, varios jugadores y algunos mandos de la selección estuvieron metidos en el ajo. Al final se descubrió todo y Chile no jugó en el mundial de 1994.
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El pene de plástico
Desde hace tiempo, se hacen pruebas de dopaje en el deporte. Es algo lógico, más que nada porque tiene que haber igualdad de condiciones en esto de la competición. Bueno, pues no parece que lo pensara Devis Licciardi, un fondista que agudizó su ingenio solo para superar las pruebas de dopaje. ¿Cómo? Con un pene de plástico.
Lo que hizo fue guardarse el pene en los calzoncillos, con orina limpia. De esta forma, cuando tuviera que hacer pis en el bote, para que analizaran la prueba, esta saldría sin nada. No le pillaron en ese momento, sino por un test sorpresa cuando finalizó una carrera. Y es que el Comité Italiano ya estaba sospechando de ello desde hacía tiempo.
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Correr a la velocidad de la luz
Rosie Ruiz era una corredora de maratón que batió el récord en la competición de Boston. Si estas cosas suelen durar horas, ella hizo más de 42 kilómetros en apenas media hora. Vamos, que eso no era una carrera de fondo, sino que iba a la velocidad de un alumno el día antes de un examen, intentando aprenderse todo.
¿Cómo fue posible? Pues yendo en metro, claro está. Dejó a todos anonadados, y nosotros no nos explicamos aún la cara de felicidad que tiene en la fotografía. ¿Será porque lo único que pretendía era hacer historia con algo, aunque fuese una mera trampa? Todo es posible.
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La mano de Dios
Hay personas que, además de hacer trampas, tienen una cara dura tremenda. Y es el caso de Maradona. Fue en el Mundial de México de 1986, en los cuartos de final, y seguro que algunos todavía lo recuerdan. Maradona estaba en el auge de su carrera, e hizo una espectacular jugada, causando estragos en el equipo de Inglaterra.
Pero fue fatídico: claramente fue mano, aunque él después dijo: "fue un poco con la cabeza, y un poco con la mano de Dios". Sí, claro. Pues después de todo eso, Argentina ganó el partido, 2-1, y ganó el mundial. Peor que lo que nos hicieron los de Corea a España.
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Lance Armstrong
Lance había hecho historia: había ganado de forma consecutiva, hasta siete Tours de Francia, de 1999 a 2005. Su palmarés eran amplísimo, y en él figuraban victorias como el bronce en los mundiales de Sidney en el año 2000. No es por envidia, pero ¿tanta victoria no olía mal? Pues vaya que sí.
Por eso, en 2012, fue acusado por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, y él admitió haber usado EPO, transfusiones de sangre y testosterona, para subir el rendimiento durante las competiciones de ciclismo. Se le retiraron los siete premios, y ha sido suspendido de por vida. Además, su palmarés a partir de 1998 fue suspendido también. Esto sí que fue una trampa en toda regla.
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Vergüenza española
Este fue el caso español más vergonzoso que hemos vivido, porque implicaba los juegos paralímpicos. En los Juegos Paralímpicos de Sidney, en el año 2000, fue el equipo de baloncesto español, el que se alzó con la victoria, tras numerosos partidos con grandes puntuaciones. Luego se descubrió que solo dos de los doce jugadores que habían llevado eran realmente discapacitados.
Al final, claro, perdimos el oro, y el bochorno que pasamos fue tremendo. Como para no, puesto que además había infiltrado también un periodista que decía que estaba trabajando para un reportaje. Esto es de vergüenza.