IAG, Ryanair y Volotea alertan: los billetes de avión subirán por el nuevo comercio de emisiones

Los quince consejeros delegados, entre ellos los de IAG y Volotea, advierten de que ampliar el régimen de emisiones elevará las tarifas y restará vuelos. La vicepresidenta Ribera presentará la propuesta final el 15 de julio.

Si tenías pensado pillar un vuelo barato este verano, quizá te interese leer esto despacio. Quince aerolíneas europeas, incluidas las que más operan desde España, han enviado hoy una carta a la presidenta de la Comisión Europea para avisar de que el nuevo plan de comercio de emisiones va a encarecer todos los billetes. Y no hablan de una subida testimonial.

Según publica Expansión, los consejeros delegados de gigantes como IAG (matriz de Iberia y Vueling), Ryanair y Volotea han puesto el grito en el cielo. Piden a Bruselas que no amplíe el alcance del Régimen Europeo de Comercio de Emisiones, un sistema que obliga a las compañías a pagar por cada tonelada de CO₂ que emiten. La factura podría dispararse de los 2.300 millones de euros que ya pagaron en 2024 a más de 5.000 millones en 2030.

Vamos por partes. El ETS (por sus siglas en inglés) funciona como un mercado donde las aerolíneas reciben una cantidad de derechos gratuitos para contaminar. Si se pasan, tienen que comprar más. Y la idea de la Comisión es ir reduciendo esos derechos gratis hasta que todo el carbono emitido tenga un precio. La nueva vuelta de tuerca, que podría aprobarse este año, extendería esa obligación a vuelos que conectan Europa con destinos fuera del Espacio Económico Europeo.

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Por qué el 'comercio de emisiones' se traduce en billetes más caros

Traducido: si tienes que pagar por cada tonelada de CO₂ que suelta el avión, el coste del vuelo sube. Y ese sobrecoste, como casi siempre, acaba repercutiendo en el pasajero. Las aerolíneas calculan que el encarecimiento será notable y que los billetes acabarán siendo menos competitivos frente a los de aerolíneas de fuera de la UE.

En la carta, los ejecutivos lo dejan muy claro: “La inclusión de vuelos fuera del Espacio Económico Europeo penalizará aún más a los pasajeros y las empresas europeos al incrementarse las tarifas aéreas”. Y añaden que este sobrecoste “desviará pasajeros, mercancías y dióxido de carbono a aerolíneas y aeropuertos de fuera de la UE”. Una advertencia en toda regla de que, si Europa aprieta demasiado, el tráfico se irá a otras regiones y la reducción de emisiones será solo cosmética.

Cada ampliación del comercio de emisiones se traduce, inevitablemente, en una nueva línea en el recibo del vuelo.

Quién pierde y quién gana con la ampliación del ETS

Los firmantes no son cuatro gatos. Luis Gallego (IAG), Carlos Muñoz (Volotea) y Michael O’Leary (Ryanair) encabezan una lista que incluye a Air France-KLM, Lufthansa, easyJet y Norwegian. Todos coinciden en que extender el ETS “pone en peligro la competitividad de la aviación europea”. El verdadero riesgo, según ellos, es que las rutas se reduzcan y que volar desde España o Europa deje de ser una opción asequible para millones de personas.

Pero no solo es cuestión de precios. La carta advierte de que una extensión parcial o total del sistema dañaría la credibilidad del Corsia, un acuerdo internacional voluntario para compensar emisiones en todo el mundo. Las aerolíneas temen que, si la UE marca su propio camino, ese pacto global se venga abajo y cada país acabe imponiendo sus propias reglas.

El precedente que ya avisó y la cuenta atrás para la decisión

Esta no es la primera vez que la industria aérea planta cara a Bruselas. Hace apenas unas semanas, la alianza Destination 2050, que agrupa a las principales compañías del continente, ya envió otra misiva a Ursula von der Leyen pidiendo que no se toque el alcance geográfico actual. El mensaje es el mismo: si se amplía el ETS, las aerolíneas europeas perderán competitividad frente a las de terceros países.

Mientras tanto, la responsable de presentar la propuesta definitiva, Teresa Ribera, tiene fecha en el calendario: el próximo 15 de julio. Será entonces cuando se conozca hasta dónde piensa llegar la Comisión. Hasta entonces, las aerolíneas seguirán presionando para que el coste del ETS se alinee con el del Corsia y para que se incentiven los combustibles sostenibles (SAF). Lo que está en juego es si la transición ecológica en la aviación se hace con más impuestos al viajero o con más inversión en tecnología limpia.

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El debate de fondo no es nuevo. La aviación contribuye alrededor del 2,5% de las emisiones globales de CO₂, y cualquier medida para reducir esa huella es bienvenida. Pero la forma de hacerlo determina quién asume el coste. Si las aerolíneas pagan por emitir, es lógico que busquen trasladar esa factura al precio del billete. La alternativa es que los gobiernos destinen fondos o incentivos reales para que el sector invierta en combustibles sostenibles y renovación de flotas. Sin ayudas públicas suficientes, el pasajero se convierte en el pagano de la descarbonización.

Merece la pena recordar que, según los datos que maneja el sector, el coste de los derechos de emisión ya supuso 2.300 millones en 2024 y podría escalar a 5.000 millones en 2030. Una factura que, de ampliarse el sistema a vuelos extracomunitarios, crecería aún más. Las próximas semanas serán clave: si Bruselas mantiene el pulso y las aerolíneas no reciben las ayudas prometidas, la conectividad de ciudades españolas que dependen del turismo podría verse resentida.

La lección más amarga es que, una vez más, la política climática europea se topa con el bolsillo del ciudadano.

📌 En claves: lo que debes saber

  • Qué ha pasado: Quince aerolíneas europeas, incluidas IAG, Ryanair y Volotea, han pedido a Bruselas que no amplíe el sistema de comercio de emisiones a vuelos extracomunitarios.
  • Por qué te importa: La medida encarecerá los billetes de avión y podría reducir la oferta de vuelos, especialmente desde España.
  • A quién afecta: A todos los pasajeros que vuelen desde o hacia Europa, pero sobre todo a los que dependen de tarifas bajas y al turismo en regiones españolas.
  • Hacia dónde vamos: La Comisión Europea presentará su propuesta el 15 de julio; las aerolíneas piden una transición más gradual y ayudas al combustible sostenible.