Baiona: la escapada de verano perfecta con playas, historia y marisco en las Rías Baixas

Fortaleza medieval, calas de postal y marisco recién llegado de la lonja. Te contamos los rincones que no salen en las guías y dónde comer sin arruinarte.

Reconócelo, necesitas una escapada de verano que no te cueste un riñón. Yo me dejé caer por Baiona el año pasado y todavía estoy buscándole pegas: playas que no envidian al Caribe, una fortaleza de película y marisco tan fresco que casi te saluda desde el plato. La villa marinera de Pontevedra, en plenas Rías Baixas, es el planazo que no sabías que tenías tan cerca.

La fortaleza que te hará sentir en Juego de Tronos (y es real)

La imagen que se te queda grabada es la Fortaleza de Monterreal, rodeada por más de tres kilómetros de murallas sobre una península. Pasear por ellas con el Atlántico a un lado y las Islas Cíes al fondo es de esos momentos en los que apagas el móvil y te quedas mirando. Dentro está el Parador de Baiona, uno de los alojamientos más espectaculares de la red pública, por si quieres darte el capricho.

Bajando al puerto, te topas con la réplica de la Carabela La Pinta, amarrada como museo flotante. Fue aquí donde Martín Alonso Pinzón anunció el descubrimiento de América en 1493, y cada marzo se sigue celebrando la Festa da Arribada con recreaciones históricas que llenan las calles de ambiente. El casco antiguo, con sus callejones empedrados y la excolegiata de Santa María, invita a perder el rumbo sin prisas.

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No te vayas sin subir a la Virgen de la Roca. Esta escultura de granito de 15 metros tiene una escalera interior que te lleva hasta el barco que sostiene en su mano. Las vistas de la bahía y del océano desde allí son sencillamente brutales.

Dónde comer rico sin que te duela la cartera

La tradición pesquera manda y los restaurantes juegan con ventaja. A Taberna do Abrente, entre el puerto y la colegiata, apuesta por recetas gallegas de toda la vida: pulpo, pescados frescos y carnes a la brasa en un ambiente muy de vecinos de la zona. Casa Rita cambia la carta según lo que trae la lonja cada día, así que siempre te llevas una sorpresa. Y Restaurante Naveira, frente al puerto, lleva décadas siendo referencia con arroces y mariscos que no fallan.

El marisco aquí no necesita virguerías: solo un albariño frío y una terraza con vistas a la ría.

Si prefieres el tapeo, la Rúa da Palma concentra bares donde una zamburiña o una empanada recién hecha te alegran el mediodía. Yo me puse las botas con mejillones y un albariño por menos de 10 euros.

Más allá de Baiona: playas infinitas, faros y caballos salvajes

A un paseo hacia el norte tienes la playa de Ladeira, un arenal kilométrico que se une al estuario del Miñor. Perfecta para atardeceres con la marea baja y para caminar hasta quedarte sin suela. Hacia el sur, el cabo Silleiro y su faro rojiblanco sobre acantilados ofrecen la típica panorámica de 'esto no se acaba nunca'.

Si te adentras en la Serra da Groba, las carreteras serpentean entre montes donde aún viven caballos salvajes; desde los altos, las Cíes parecen flotar. Y la excursión imprescindible: el barco a las Islas Cíes, parque nacional con la playa de Rodas considerada una de las mejores del mundo. Eso sí, reserva con semanas de antelación en verano o te quedas en tierra.

A 20 kilómetros al sur, el monasterio de Santa María de Oia se asoma al mar como un secreto bien guardado: ocho siglos de historia a orillas del Atlántico.

💡 El truco del almendruco

Tiempo total: una escapada de fin de semana. Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: huye de los fines de semana de agosto si buscas calma; septiembre regala el mismo sol y la mitad de gente.

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