La tarde se abre paso entre nubes bajas sobre el Multiespacio Rabasa y, por primera vez desde que la DANA Alice obligara a suspender en 2025 una edición con todo listo y alerta naranja activada, el festival Rocanrola puede desplegarse completo sin más sobresaltos que algunos ratos de lluvia intermitente. La megacarpa, con capacidad para unas 18.000 personas, desde luego que ayuda.
Y es que situar en el puente de mayo la cita que Alicante ya asume como uno de sus grandes rituales de cultura urbana ha sido, sin duda, un gran acierto. Del 30 de abril al 2 de mayo, el recinto se ha convertido en una ciudad paralela levantada sobre cinco escenarios, más de 30 horas de música y más de un centenar de artistas. Y en el diario Qué! hemos podido vivir la experiencia.
Lo imbatible del Rocanrola: aunar a la nueva y a la vieja escuela
El lema "Aquí no se perrea, aquí se rapea" se ha cumplido en tres tardes y noches que han agrupado tanto a fans de referentes actuales como a los más clásicos, los del rap puro.
Sin duda, el regreso de Hijos de la Ruina —Natos, Waor y Recycled J— quizá es de lo que más ha hecho vibrar al público del Rocanrola, aprovechando los temas de 'Hijos de la Ruina Vol. 4'. Invitados, éxtasis sonando 'Más alcohol', fuegos artificiales... Buena parte de la audiencia más joven se mueve alrededor de ellos y de otros referentes de la era del streaming como Delaossa, Fernandocosta, Lia Kali, Hoke, Al Safir, Hard GZ o la ambiciosa Faenna, el nuevo himno de Reality y el siempre genial Bejo, que ha transformado su música con El Interiorista, un tanto más alejado del espectáculo de Locoplaya.
El otro gran eje pasa por Kase.O, Nach, Falsalarma, Sho-Hai, Sharif, Rapsusklei e incluso Zenit (gracias por regresar; ejemplo de lo que tiene que ser un rapero en directo, rapearlo todo), símbolos de una escuela que forjó sus códigos mucho antes del algoritmo. La única fecha de Kase.O en España en todo 2026 fue este pasado sábado, y se ha sentido para muchos como una peregrinación obligada para quienes le hemos seguido durante décadas. Cuando suena 'Cantando', casi no se escucha a Javier Ibarra. Todo el mundo se la sabe, de principio a final.
Eso sí: la presencia de Nach 'jugando en casa' conectó fuerte con el público, y los pocos que vibramos con Falsalarma (Titó, ese eterno infravalorado del panorama...) lo disfrutamos muchísimo. Imposible que no generen respeto estos tipos en las nuevas generaciones, aunque ya no se les escuche tanto y el estilo sea tan diferente.

Y sí, hubo quien pagó la entrada del Rocanrola 2026 con la prioridad clara de ver a Ill Pekeño & Ergo Pro en una de sus tres únicas fechas del año, o quien lo dio todo en el show conjunto de Sharif & Rapsusklei. No faltaron los acérrimos a perfiles como Nadal015 o Midas Alonso. Lo bueno de aunar a casi todo el rap español en un festival de tres días es que hay de todo y para todos, por mucho que pesen las ausencias de nombres como Cruz Cafuné o Tote King (confirmados en la edición cancelada de 2025).
Más allá de la música
Las más de 36 horas de directos se repartieron en cinco escenarios diferenciados: tres principales dedicados al grueso del rap nacional, uno con el Living Park como corazón urbano del festival y otro orientado a sonidos electrónicos que se acercan al techno.
Me sorprendió gratamente el Living Park, activo el viernes y el sábado de 16:00 a 22:00 y funcionando como ágora de los cuatro elementos del hip hop: graffiti en vivo sobre un mural colectivo de gran formato, skate y BMX en un espacio de 300 metros cuadrados, basket 3×3 con freestyle, exhibiciones y concursos abiertos al público.

La escena competitiva del freestyle tuvo su espacio con 'La Batalla de Promesas', reuniendo a nuevas caras como Alek, Segrelles o Nocre, mientras las batallas Red Bull x Rocanrola arrastran a algunos de los freestylers más reconocibles del circuito, como Gazir, Mnak o Babi.
Y es que la organización del evento ha querido insistir mucho en crear una especie de ecosistema urbano total, no solo de conciertos. Después del paréntesis de 2025, el Rocanrola ha conseguido volver a ser un punto de encuentro para una cultura que, con sus cambios y altibajos, sigue más que presente en pleno 2026.



