Por primera vez desde que recuperó la libertad condicional en marzo de 2022, el ex jugador de balonmano, Iñaki Urdangarin, ha hablado sin filtros sobre ese capítulo. Lo hizo en una larga conversación con el periodista Jordi Basté. Y entre las muchas revelaciones, la prisión le hizo ver facetas de sí mismo que no lograba reconocer, especialmente en su papel de padre.
El hombre que una vez fue noticia por su matrimonio con la infanta Cristina y luego por su condena en el caso Nóos, hoy dibuja un retrato muy distinto en sus memorias. Habla con nostalgia, de noches interminables y de un proceso doloroso que, asegura, le ha transformado. No ha tratado de justificarse, sino de entender el coste humano de una caída que conmovió a la Familia Real Española.
El ingreso de Iñaki Urdangarin a la cárcel

Todo tiene un punto de inicio y para Iñaki Urdangarin, ese día fue el 18 de junio de 2018. La cárcel de mujeres de Brieva, en Ávila, se convertiría en su nuevo hogar. Recibió la noticia de la condena definitiva del Tribunal Supremo de una manera tan brusca como inesperada. “Mi abogado Mario Pascual me llamó para comunicarme la condena definitiva del Supremo mientras estaba cenando con Cristina”, recordó. Las instrucciones fueron apremiantes: “Me dieron cinco días para ingresar a la cárcel”.
El impacto inmediato recayó sobre su familia. Tuvo que organizarlo todo a contrarreloj. “Mis dos hijos mayores estaban en Rusia, habían acabado el colegio y les hice volver, y los dos pequeños estaban en Ginebra. Hubo una reunión familiar para planificar lo que se venía encima”. El traslado posterior a otros centros, como el centro de inserción social de Alcalá de Henares o la cárcel de Zaballa en Álava, forman parte de un periplo penitenciario que describe con crudeza.
“De la primera noche y los tres primeros meses no me siento orgulloso a nivel emocional. Lo pasé muy mal, entré en un bucle negativo, preocupé mucho a la gente de fuera, me costó más tiempo de lo que pensaba reaccionar y cuidarme y afrontar la etapa con un poco más de positivismo. Lloré muchísimo los primeros tres meses. No se los deseo a nadie”, relató.
La vida entre muros, cuadernos, llamadas y la sombra de la pérdida

Dentro de la prisión, la rutina se impone. Para mantener la cordura, Iñaki Urdangarin encontró refugio en la escritura. Llenaba cuadernos con “los borradores de cartas para mis hijos”. Era una forma de mantener el vínculo y de ordenar sus pensamientos. A nivel oficial, se le asignó una psicóloga y pidió libros de ayuda emocional. Pero, según su testimonio, nada era comparable al valor de las visitas de sus seres queridos. La otra tabla de salvación era el teléfono: hablar durante siete minutos, hasta diez veces por semana.
Sin embargo, por encima de todo, flotaba la conciencia de una pérdida irreparable. “De mis mil y una noches en prisión materialmente lo perdí prácticamente todo y a uno de los grandes amores de mi vida que es Cristina. Fue un período muy duro, lo pasamos muy mal durante ese período y tuvo consecuencias. Es una mujer que la quiero mucho”, confesó. Esta declaración es quizás una de las más significativas de toda su entrevista.
La libertad condicional llegó el 3 de marzo de 2022, decretada por la jueza Ruth Alonso. Su primera noche fuera la pasó en casa de su madre, Claire Liebaert, de 90 años. “Fue muy bonito con cincuenta y pico volver a estar con ella, desayunar, comer, es lo que más amo, fue una experiencia muy maja. No tuve que darle muchas explicaciones, ha sido siempre mi primer apoyo, me conoce igual que mis hijos, saben todo lo que me ha pasado, como que es imposible que el hijo y el padre tuviera voluntad de delinquir”.
La paternidad reconsiderada: del control a la comprensión

Si hay un cambio que Iñaki Urdangarin subraya, es el que experimentó en su manera de ser padre. La experiencia carcelaria le obligó a replantearse sus métodos y sus prioridades. “Con eso no hay un máster si no practicas”, dijo refiriéndose a la paternidad. Y acto seguido comentó una frase que ha acaparado los principales titulares: “La prisión me ha dado la imperfección de darme cuenta que a veces era un padre muy controlador, exigente y al salir me di cuenta que era mejor aflojar”.
Ahora ve que sus hijos “intentan hacerlo de la mejor manera posible”. Se describe a sí mismo como más comprensivo y asegura: “valoro cada minuto que me dan a su edad”. Su autodefinición actual es la de un padre que anima, que no controla tanto, que está al lado por si tropiezan. “Me hablan, tienen confianza y eso es muy importante”, remarcó.
Pablo Urdangarin: el hijo que sigue sus pasos y le llena de orgullo

Durante la entrevista en La 2Cat, un tema que le generó orgullo fue hablar de su hijo Pablo, de 25 años. El joven ha heredado la pasión por el balonmano y ha decidido convertirlo en su profesión. “Tiene más talento que yo. Lo digo en serio”. Reconoce que el camino no ha sido fácil para Pablo, ya que “no ha tenido una formación ordenada de base” debido a los traslados familiares.
Narró cómo su hijo, con 17 años, tomó la decisión de independizarse para irse a Hannover a perseguir su sueño. “La cosa empezó a remontar”. Esa determinación le llevó al FC Barcelona y actualmente juega en el BM Granollers. Sobre la presión de llevar su apellido, Urdangarin padre cree que Pablo lo lleva con naturalidad. “Lo he visto como algo que me ha ayudado por tener el padre que tengo. Más allá del balonmano o la familia, la gente habla mucho de lo que puede conllevar. Siempre me ha gustado lo que simboliza el 77 y el apellido más”.
La complicidad entre ambos es evidente. “Cualquier duda que tenga la intento aclarar con él, me ha ayudado mucho. Cualquier pregunta la sabe responder, es el Chat GPT del balonmano. Creo que es mejor padre que jugador. Hay que hacerle la pelota un poco”, bromeó Iñaki. Y cerró el tema con una afirmación sobre Pablo: “tiene una calma y una manera de hacer las cosas que es encomiable”.
La conversación con Jordi Basté, que el propio presentador definió como tal y no como entrevista, dejó varios temas deliberadamente fuera. Urdangarin no mencionó al rey emérito, no se refirió en profundidad a otros miembros de la Familia Real y tampoco citó a su actual pareja, la abogada Ainhoa Armentia. Hoy, Iñaki Urdangarin reside en Vitoria, donde ha recompuesto su vida. El divorcio con la infanta Cristina se firmó en diciembre de 2023, un punto final legal a una relación que él mismo sitúa ahora en el pasado, aunque con cariño.







