La figura de José Luis Rodríguez Zapatero ha regresado al centro del debate público por la investigación judicial que le afecta en las últimas semanas. Si a eso le sumamos que también nos encontramos en plena controversia sobre el papel actual de RTVE bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, creemos que es un buen momento para repasar la etapa del expresidente socialista al frente del Ejecutivo.
Hablamos de unos años que son bien recordados por quienes defienden que la radiotelevisión pública vivió entonces uno de sus periodos de mayor independencia, pero también por quienes recuerdan las sombras económicas y regulatorias de aquel modelo.
Cómo era la RTVE de Zapatero
La RTVE de Zapatero suele salir mucho a colación cuando se vuelve a discutir sobre los medios públicos en España. No tanto porque fuese una experiencia perfecta, sino porque supuso un intento serio de alterar la arraigada tradición de la dependencia directa del Gobierno de turno.
Hasta entonces, la televisión pública estatal había sido acusada de actuar con frecuencia como un instrumento del poder político. El antecedente inmediato pesaba mucho porque, en enero de 2004, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa llegó a citar a TVE como ejemplo de clientelismo político y paternalismo estatal, en un momento marcado por las críticas a la cobertura informativa durante la etapa final de José María Aznar y la guerra de Irak.

Con la llegada del PSOE al Gobierno en 2004, Zapatero situó a Carmen Caffarel al frente de RTVE y esta nombró a Fran Llorente director de los Servicios Informativos. Aquella etapa fue reivindicada posteriormente por numerosos profesionales de la casa como un periodo de mayor autonomía editorial. Lorenzo Milá, entonces uno de los rostros más reconocidos de TVE, afirmó años después que durante los años de Zapatero se trabajó en TVE con criterios mucho más profesionales que en otras etapas y sostuvo que el expresidente iba en serio en su propósito de distanciar al poder político de la televisión pública.
El gran cambio llegó con la Ley 17/2006, de la radio y la televisión de titularidad estatal. Aquella norma disolvió el antiguo Ente Público RTVE y creó la Corporación RTVE, con TVE y RNE como sociedades filiales. La reforma asumió además la deuda histórica de la casa, que distintas fuentes sitúan en torno a los 7.500 millones de euros, y abordó una reestructuración laboral pactada con los sindicatos que supuso la salida voluntaria de 4.150 profesionales.
La clave política de la ley estaba en el sistema de elección de la cúpula. El presidente de la Corporación debía ser elegido por el Congreso por mayoría cualificada de dos tercios, un mecanismo que obligaba al consenso entre los grandes partidos y pretendía evitar que el Gobierno nombrara directamente al máximo responsable de RTVE. En diciembre de 2006, Luis Fernández fue elegido presidente con acuerdo parlamentario. Era la primera vez que el máximo dirigente de RTVE nacía de un pacto de ese tipo.
Ese modelo es el que todavía hoy reivindican algunos defensores de la independencia de la radiotelevisión pública. Quienes lo defienden sostienen que Zapatero abrió uno de los periodos más brillantes y libres de la historia del ente. Los menos afines al expresidente han contrapuesto el llamado modelo Zapatero, basado en la confianza en los profesionales y en la credibilidad, con etapas posteriores en las que RTVE volvió a ser señalada por su dependencia del poder político.
Zapatero tenía a la BBC como espejo para RTVE
La comparación con la BBC fue entonces algo habitual. La idea era que RTVE dejara de ser una prolongación del Ejecutivo y se convirtiera en una corporación pública con reglas estables, financiación suficiente y una dirección no sometida a los cambios de legislatura. La ley fijaba un mandato de seis años para el presidente, precisamente para desacoplarlo del ciclo electoral.

Los datos de audiencia no contradicen del todo esa lectura, ya que la pérdida de espectadores de TVE venía de antes de la reforma y, tras 2006, el descenso se ralentizó. Incluso después de la eliminación de la publicidad, en 2010, La 1 llegó a mejorar sus cifras al principio y a situarse por delante de sus principales competidores privados. Luis Fernández defendió tras su salida que RTVE había logrado el liderazgo de audiencia en 2008 y 2009 con los presupuestos más bajos de la década y con una plantilla reducida.
Las grietas del modelo y el problema de la financiación
Precisamente, la supresión de la publicidad en RTVE mediante la Ley 8/2009 trajo ciertos conflictos. Desde enero de 2010, la televisión pública dejó de emitir anuncios y pasó a financiarse con aportaciones estatales directas, tasas a operadores de telecomunicaciones, aportaciones de empresas usuarias del espacio radioeléctrico y un porcentaje de los ingresos publicitarios de las televisiones privadas.
La medida tenía defensores claros. Para una parte del sector, liberaba a RTVE de la presión comercial y le permitía reforzar su función de servicio público. Pero también tuvo consecuencias económicas relevantes, puesto que La 1 pasó del 18,6 % de cuota de pantalla en enero de 2010 al 10,6 % en noviembre de 2012, una caída superior al 40 %. Ese desplome se vinculó a la menor inversión en contenidos y a los recortes presupuestarios aplicados después, ya con el Gobierno de Mariano Rajoy.
En este sentido, no puede afirmarse de forma simple que la reforma de Zapatero hundiera la audiencia de RTVE. La retirada de la publicidad, de hecho, tuvo inicialmente un efecto positivo en los espectadores, como hemos comentado anteriormente. El deterioro más acusado llegó a partir de 2011 y 2012, cuando coincidieron la vacante en la presidencia de la Corporación, el cambio de Gobierno, el recorte de 200 millones en la aportación pública y la modificación legal aprobada por el PP para rebajar las mayorías necesarias en la elección del presidente.
A pesar de todo, las críticas más duras al legado de Zapatero en Radio Televisión Española se centran precisamente en esa fragilidad económica. Analistas de comunicación advirtieron de que, en la etapa final del segundo mandato socialista, se pusieron los mimbres para una involución posterior. Según esa visión, la combinación de decretos, debilidad financiera, supresión de ingresos publicitarios y fortalecimiento indirecto de los grupos privados dejó a RTVE expuesta a los recortes y a la presión política que vendrían después.
Por tanto, Zapatero impulsó una de las reformas institucionales más ambiciosas para despolitizar RTVE, pero también podría haber dejado un sistema de financiación vulnerable. El modelo necesitaba consenso parlamentario, estabilidad presupuestaria y una cultura política dispuesta a respetar la autonomía de la casa. Cuando esos tres elementos fallaron, la arquitectura empezó a resquebrajarse.

Tras la dimisión de Luis Fernández en 2009, Alberto Oliart fue elegido también con apoyo de PSOE y PP. Su renuncia en 2011 abrió un periodo de interinidad que coincidió con el final del Gobierno socialista. Después, ya con Rajoy en La Moncloa, el PP aprobó un decreto ley que redujo el Consejo de Administración de doce a nueve miembros y permitió elegir al presidente por mayoría absoluta si no había acuerdo de dos tercios. Para sus detractores, ese fue el punto de ruptura del espíritu de 2006. Para el PP, la reforma respondía al bloqueo político.
En definitiva, la RTVE de Zapatero ofrece argumentos para ambos lados. Sus defensores recuerdan una etapa en la que los informativos gozaron de prestigio, los profesionales se sintieron más protegidos y la dirección fue elegida mediante consenso. Sus críticos subrayan que la financiación quedó mal resuelta, que la eliminación de la publicidad benefició al sector privado y que la autonomía institucional dependía demasiado de que los partidos mantuvieran una voluntad de acuerdo que pronto desapareció.
Lo cierto es que la RTVE de aquellos años sigue funcionando como demostración de que una televisión pública más profesional e independiente fue posible, sobre todo visto el ojo crítico que tiene encima actualmente la corporación actualmente bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, aunque las cifras de audiencia están aumentando a gran ritmo desde que José Pablo López asumiera el cargo de presidente.



