El nefrólogo Borja Quiroga desmonta el mito de los dos litros de agua al día

La recomendación de beber dos litros diarios, que todos hemos escuchado, no tiene base científica. El mínimo real son 1,2 litros y la sed es la mejor guía, según el especialista.

Si llevas años arrastrando una botella de dos litros de agua porque «hay que hidratarse», respira. El nefrólogo Borja Quiroga viene a decirte que esa cifra no es más que un mito repetido hasta la saciedad. En una charla reciente en la Cadena Ser, el especialista ha dejado claro que ni la Organización Mundial de la Salud ni el Ministerio de Sanidad exigen esos famosos dos litros. «La ciencia nunca ha apoyado esa idea», insiste, y tiene sentido: generalizar una cantidad única para todo el mundo es como decir que todos necesitamos la misma talla de zapatos.

De dónde sale el mantra de los dos litros y por qué se nos ha quedado grabado

El origen de esta norma universal es una simplificación que, con buena intención, acabó siendo un clavo ardiendo para el marketing. La OMS recomienda una ingesta total de agua que puede rondar los dos litros, pero esa cifra incluye el agua que contienen los alimentos. Sí, la fruta, la verdura, el café o incluso un guiso también hidratan, y mucho. El problema es que el mensaje se redujo a «bebe dos litros de agua al día», como si el resto no contase. Borja Quiroga lo resume con una frase que ya deberíamos tatuarnos: «El mito del agua es tan mito como que es mentira».

Lo que tu riñón realmente necesita para funcionar (y no son dos litros)

Aquí empieza lo bueno. El riñón necesita eliminar toxinas y para eso basta con medio litro de agua al día. A eso hay que sumar lo que perdemos sin darnos cuenta —la respiración, la transpiración e incluso la humedad de la piel—, que suma entre 700 y 800 mililitros en condiciones normales. «En basal, en casa y sin salir, necesitamos 1,2 litros. Eso es lo mínimo para todo el mundo», explica el nefrólogo. A partir de ahí, todo lo que sudemos, vomitemos o perdamos por el calor añade cantidad extra, pero la base es esa: un litro y pico, no dos.

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El detalle que nadie te cuenta es que los alimentos ya aportan una parte importante de esa agua. Entre una pieza de fruta y un plato de sopa puedes sumar fácilmente medio litro sin abrir el grifo. Por eso muchos pacientes de diálisis, aún sin beber apenas, ganan dos kilos de una sesión a otra: solo por el agua de la comida.

Por qué hacer caso a la sed es más inteligente que seguir una cifra mágica

El cuerpo tiene un mecanismo primitivo y perfeccionado: la sed. Es la señal que nos dice cuándo y cuánto necesitamos beber, sin necesidad de calculadora. Quiroga lo defiende sin matices: «Tenemos que hacer caso a uno de los estímulos primitivos más importantes que tenemos, que es la sed». Y es lógico: si te obligas a beber dos litros cuando no tienes sed, estás forzando al riñón a filtrar un exceso que, en casos extremos, puede incluso diluir sales minerales y provocar una hiponatremia. No es el fin del mundo, pero tampoco es saludable.

En la práctica, la recomendación se simplifica: 1,2 litros como suelo diario, más lo que pierdas si haces ejercicio o hace mucho calor, y el resto lo ajustas escuchando a tu cuerpo. Ya me contarás qué tal te sienta dejar de medir con la botella.

🧠 Para soltarlo en la cena

Necesitas al menos 1,2 litros al día; bebe con sed.