El dermaplaning se ha colado con fuerza en Instagram y TikTok como uno de esos gestos de belleza que parecen sencillos, rápidos y muy eficaces. En los vídeos, una cuchilla se desliza por el rostro para retirar vello fino y células muertas, dejando una piel aparentemente más luminosa, uniforme y suave. La escena, repetida miles de veces en redes sociales, ha contribuido a presentar esta técnica como una solución casi inmediata para mejorar el aspecto de la cara. Pero, más allá del fenómeno viral, conviene preguntarse qué hay de cierto en sus beneficios y cuáles son sus límites.
“El dermaplaning puede ser eficaz como exfoliante superficial, pero sus resultados son temporales y puramente epidérmicos”, explica el Dr. Pedro Rodríguez, dermatólogo en Clínica Dermatológica Internacional (CDI) y jefe de Servicio Adjunto de Dermatología en el Hospital Ruber Internacional, perteneciente al Grupo Quirónsalud. El especialista subraya que esta técnica no debe confundirse con un tratamiento capaz de corregir problemas cutáneos de fondo, ya que su acción se limita a la capa más superficial de la piel.

Mejora momentánea
En términos médicos, el dermaplaning es una exfoliación física mecánica. Su objetivo consiste en eliminar de forma controlada el estrato córneo —es decir, las células muertas más externas de la epidermis— y retirar también el vello velloso fino del rostro. El resultado puede ser una piel más suave al tacto, con un efecto de luminosidad instantánea y una superficie más homogénea para aplicar maquillaje. Además, al retirar esa capa superficial, algunos productos cosméticos pueden penetrar mejor.
Ahora bien, esa mejoría visible no debe interpretarse como una transformación profunda. El dermaplaning no ofrece beneficios duraderos sobre alteraciones más complejas, como determinadas cicatrices de acné o hiperpigmentaciones profundas. Es decir, puede mejorar momentáneamente el acabado de la piel, pero no sustituye a tratamientos dermatológicos diseñados para actuar en capas más hondas.
Ahí está, precisamente, una de las diferencias con otros procedimientos habituales en consulta. Frente al dermaplaning, los peelings químicos utilizan ácidos para favorecer el recambio de la epidermis con mayor profundidad y pueden dirigirse a problemas concretos. Otros métodos abrasivos, incluidos algunos procedimientos físicos o con láser, también alcanzan capas más profundas. El dermaplaning, en cambio, juega en una liga más superficial y más estética que terapéutica.
Otra cuestión clave es si puede hacerse en casa. La respuesta de los especialistas es clara: no lo recomiendan. Aunque existen kits domésticos y tutoriales que banalizan el procedimiento, el riesgo no es menor. Un mal uso puede provocar cortes, microincisiones, irritación e incluso infecciones secundarias por falta de asepsia. Si la cuchilla profundiza más de lo debido, también pueden aparecer cicatrices superficiales.
Desinfección antes y después
En principio, el dermaplaning podría realizarse en todo tipo de pieles, aunque en todas ellas el beneficio suele ser limitado. Además, no es una buena opción para personas con la barrera cutánea alterada o con patologías inflamatorias activas, precisamente porque la agresión mecánica puede empeorar la situación.
Lo especialistas también desmontan uno de los mitos más repetidos en redes: el vello no crece más grueso después del dermaplaning. Lo que cambia es la sensación al tacto. Al cortarse el pelo en superficie, el extremo queda romo y puede parecer más áspero cuando vuelve a salir, pero ni su grosor ni su color se modifican.
Si pese a todo se realiza, los cuidados posteriores son fundamentales. La desinfección antes y después del procedimiento es básica, y conviene evitar la exposición solar y ciertos cosméticos irritantes para reducir el riesgo de manchas o reacciones.
En definitiva, el dermaplaning puede tener sentido como técnica complementaria y siempre en manos profesionales, dentro de un entorno clínico controlado. Lo que no parece prudente es asumir que un gesto viral equivale a un tratamiento milagroso. En belleza, como en dermatología, la piel real casi nunca funciona como en un vídeo de quince segundos.



