El creador de contenido lo soltó claro en una entrevista: no va al cine porque sus tics le impiden estar quieto en una sala, evita planes largos en sitios cerrados y convive con dolores físicos que no se ven en cámara pero que están ahí cada día. Tela.
Lo más duro no es la enfermedad en sí. Es la otra parte: denuncia que mucha gente directamente no se cree que tenga Tourette. Comentarios diciéndole que actúa, que exagera para likes, que se le nota poco cuando habla tranquilo en un vídeo grabado. La cantinela de siempre con las patologías que no tienen una marca física evidente.
Y ojo al detalle que casi nadie ha rescatado: ha dejado la medicación. La razón que da es contundente. Le anulaba. Prefiere convivir con los tics y el dolor antes que sentirse vacío por dentro. Una decisión personal que él mismo explica con calma, pero que pinta el día a día de cualquiera con esta condición.
Por qué medio TikTok lleva 24 horas dándole la razón
La reacción no se ha hecho esperar. Cuentas grandes de divulgación en salud mental, perfiles de pacientes con enfermedades invisibles y un buen puñado de seguidores fieles han salido en bloque a defenderle. El argumento se repite: el Tourette no es solo gritar palabras malsonantes como en las películas, los tics fluctúan según el estrés, el cansancio o el entorno, y se pueden suprimir parcialmente durante minutos a costa de un esfuerzo enorme.
El propio Jordi lleva años explicándolo en sus redes. Ha hecho vídeos contando qué es un tic motor, qué es uno fónico, cómo cambian de un día a otro. Aun así, cada vez que sube algo nuevo, vuelven los mismos comentarios. Es agotador. Y se nota.
Quien quiera profundizar en qué es exactamente esta condición tiene una entrada bastante completa en Wikipedia que aclara los mitos básicos, y la Organización Mundial de la Salud la incluye dentro de los trastornos del neurodesarrollo, no de los problemas de comportamiento.
Lo que esta historia dice del trato a las enfermedades invisibles en redes
Aquí está la lectura grande. Jordi no es el primero ni va a ser el último. Hace meses vivimos algo parecido con creadoras que contaban tener fibromialgia o endometriosis y se llevaban una oleada de mensajes preguntándoles si no estarían inventándoselo para contenido. La fórmula se repite: condición invisible más exposición pública igual a duda permanente del internet anónimo.
Yo creo que el caso de Jordi tiene un plus. Lleva años haciendo pedagogía, lleva años enseñando la cara incómoda de la enfermedad y, aún así, cada vez que pisa un plató o un podcast, le toca volver a explicarlo desde cero. El precedente más claro es el de creadores con TDAH que en 2024 y 2025 recibieron olas de hate cuando hablaban de sus diagnósticos. El patrón se repite con cada nueva condición que llega a la conversación pública.
Lo que pasa ahora es lo de siempre: visibilidad sí, pero a un precio alto para quien la pone. La pregunta de fondo es si las plataformas van a hacer algo o si seguirá tocándole al propio afectado pelear cada hilo. Mientras tanto, lo que él pide es bastante razonable. Que se le crea. Punto.
El plot twist nadie lo vio venir.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Jordi Rodríguez, influencer de TikTok con síndrome de Tourette, frente a los haters que dudan de él.
- 🔥 ¿Cuál es el drama? Sufre dolores constantes, ha dejado la medicación porque le anulaba y denuncia que mucha gente no le cree.
- 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Su testimonio ha reabierto el debate sobre cómo tratan las redes a las enfermedades invisibles.



