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La Fiscalía ve acreditado el «traicionero» asesinato de la Macarena y el acusado niega el crimen

La Audiencia de Sevilla ha acogido este jueves la última sesión del juicio con jurado popular promovido contra el hombre acusado de robar y asesinar supuestamente en julio de 2020 a una mujer de 54 años en una vivienda de la Macarena asfixiándola con una toalla, incendiando después la escena del crimen, reclamando la Fiscalía un total de 30 años de cárcel para el encartado.

Durante esta última sesión del juicio, la Fiscalía, la acusación particular ejercida por la única hija de la víctima y la defensa del acusado han expuesto sus informes finales, de cara a que el jurado popular reciba el objeto del veredicto y los miembros del mismo se pronuncien al respecto.

En ese sentido, recordemos que el acusado, Jorge A.G., ha reconocido en el juicio el «uso fraudulento» de la tarjeta bancaria de la fallecida, Rosalía, tras recurrir a ella para servicios sexuales y robarle dos teléfonos móviles, un ordenador portátil y su cartera, sustracciones todas ellas admitidas.

MUERTE POR «ASFIXIA MECÁNICA»

Empero, mientras la Fiscalía le achaca una supuesta «asfixia mecánica» y mortal de la mujer mediante una toalla que ella misma le habría facilitado para que se duchase, incendiando luego el colchón donde quedó el cadáver y huyendo del piso con dos teléfonos móviles de ella y una cartera; el acusado admite el robo de los citados efectos pero niega cualquier «incendio o muerte» y asegura que se marchó de la vivienda sin procurar dañar a la víctima.

De tal manera, en ese contexto en el que Jorge A.G. asegura que abandonó la vivienda con los efectos sustraídos tras haber practicado sexo con la mujer y sin hacer daño a la misma, el fiscal del caso ha expuesto en su informe final que si bien no pesa ninguna «prueba directa» de que Jorge A.G. asesinase a Rosalía e incendiase la escena del crimen, sí median «diez o doce indicios que apuntan directamente al acusado» como autor de los hechos.

Especialmente, ha señalado que ha quedado acreditado que el encartado recurrió a los servicios sexuales de la víctima en un contexto en el que «no tenía dinero» para pagar los mismos, asegurando que «desde el primer momento, su propósito» era el de robar a la víctima y «si para ello tenía que matarla, lo haría». Al hilo, ha argumento que las pruebas reflejan que Jorge A.G. «debía dinero», unos 120 euros en concreto, y estaba «angustiado» porque le «compelían» a pagar.

En ese sentido, ha rememorado que durante el juicio ha trascendido que el acusado «dejó fiado» su almuerzo en el bar donde recaló antes de acudir a la vivienda donde acontecieron los hechos.

Mientras el acusado sostiene que antes de recurrir a los servicios sexuales de la víctima se encontró en la calle a Víctor, «un coleguilla» que le habría entregado 50 euros, tratándose de una persona cuyos apellidos desconoce pero que reside en Triana, el fiscal ha señalado que un conocido del encartado llamado Víctor y que le había prestado dinero en otras ocasiones ha testificado en el juicio que aquella jornada él estaba en Bilbao, acreditando gastos de diversa índole en dicha ciudad.

LA HORA DE LA MUERTE

Además, ha prestado especial atención al hecho de que los forenses hayan fijado la muerte de Rosalía entre las 18 y las 18,30 horas de aquel 20 de julio de 2020, una franja que coincide «con la hora del encuentro sexual» entre el acusado y la víctima, señalando que un mensaje detectado en el teléfono móvil de la víctima refleja que el contacto sexual habría acontecido precisamente sobre las 18 horas y que ha quedado acreditado que hasta las 19,15 horas, los móviles de Rosalía y del encartado estaban funcionando bajo el paraguas de la antena de telefonía de la Ronda de Capuchinos.

Además, el fiscal ha señalado que las pruebas practicadas han puesto de relieve que el incendio en la vivienda escenario del crimen habría comenzado «bastante antes» de que a las 19,40 horas llegasen los bomberos al inmueble, indicando que según la Policía Nacional el piso presentaba «signos de haber sido registrado», extremo que ha conectado con la ya mencionada «angustia» del encartado por conseguir dinero con el que saldar la deuda que le reclamaban.

El fiscal ha mencionado además la «toalla naranja» intervenida al acusado, una toalla que él asegura que le fue entregada por su hermana y que la hija de la víctima reconoce como propiedad de su madre. Según el fiscal, esta toalla que Rosalía le habría entregado para que se duchase fue «usada» por el acusado para cometer el crimen y «se la llevó» para no dejar rastros de sus actos.

LA TOALLA

Al punto, ha expuesto que la propia hermana del acusado ha testificado que le prestó una toalla «con manchas de tinte», extremo que no presenta la toalla intervenida a Jorge A.G.; rememorando que años atrás, el encartado fue condenado por «un hecho muy similar, factor que permite deducir que nada le impide ejercer la violencia para conseguir sus fines».

Finalmente, el fiscal ha considerado «absurda» la idea de que «una tercera persona no identificada» accediese al piso tras salir de él el encartado y cometiese el crimen.

En resumen, ha considerado que este cúmulo de «pruebas indirectas o indicios» destruyen la presunción de inocencia del acusado y le atribuyen el «ataque sorpresivo, traicionero» y mortal a la víctima, así como el incendio del piso para acabar con ·cualquier prueba», por lo que solicita un veredicto condenatorio.

LAS «CONTRADICCIONES» DEL ACUSADO

La acusación particular ha corroborado la argumentación del fiscal, agregando que el acusado ha incurrido en «contradicciones» en su versión de los hechos y que los investigadores de la Policía Nacional han «desmontado punto por punto» la misma.

Así, el abogado de la acusación particular ha señalado que pesan «numerosas pruebas indiciarias que, en su conjunto, desvirtúan la presunción de inocencia» y reflejan que el acusado «asesinó» a la víctima y prendió fuego a la escena del crimen, descartando la opción de «una tercera persona» que entrase en la vivienda tras el encuentro sexual entre Jorge A.G. y Rosalía y que matase a esta última.

El abogado defensor, de su lado, ha alegado que «no hay una prueba directa» de que su patrocinado perpetrase el crimen, ni «testigo» alguno de los hechos, avisando de que «todo se basa en indicios y conjeturas, sin prueba de cargo» que verdaderamente incrimine a Jorge A.G.

Al respecto, ha avisado de que el dictamen de los forenses sobre la hora de la muerte es «estimativo, no exacto», considerando que las conclusiones del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional constituyen «meras hipótesis». Por ejemplo, ha defendido que el acusado conoce a otro Víctor al margen del localizado por los investigadores, alertando de «una confusión» en lo que a dicho testigo se refiere.

De tal modo, ha expuesto que el acusado ha reconocido que robó a la víctima, solicitando que sea declarado «no culpable» de los delitos de asesinato y de incendio.

La vista ha terminado con la última palabra del acusado, quien se ha declarado «culpable del robo» y del uso fraudulento de la tarjeta bancaria de la víctima, pero «no culpable» de los delitos de asesinato y de incendio.