El aviso de los científicos que afecta a España: la ruptura del glaciar del fin del mundo ya tiene fecha

La plataforma de hielo oriental del glaciar Thwaites está a punto de desprenderse y los expertos advierten que podría ocurrir este mismo año. Sus consecuencias no quedarán en los polos: ciudades costeras españolas como Barcelona o Valencia ya figuran en los mapas de riesgo.

El nivel del mar podría subir 65 centímetros por el colapso de un único glaciar, y eso es exactamente lo que los científicos están viendo acelerarse en tiempo real. El glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, ha triplicado su velocidad de flujo entre 2020 y 2026, y sus grietas ya no admiten interpretaciones optimistas. Lo que durante años fue una advertencia teórica se ha convertido en una cuenta atrás con fecha cada vez más concreta.

España no está al margen de este proceso. Las zonas costeras mediterráneas y atlánticas —con millones de personas viviendo a escasos metros sobre el nivel del mar— figuran en los modelos de impacto de instituciones como el British Antarctic Survey. Por cada centímetro que sube el mar, los estudios estiman que se pierden metros de playa por erosión y que las marejadas se vuelven más destructivas y frecuentes.

El glaciar que actúa como tapón de la Antártida

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El Thwaites tiene 120 kilómetros de ancho y hasta 2.000 metros de espesor en algunas zonas, una masa de hielo comparable en extensión al Reino Unido. Su función en el sistema antártico es la de un corcho gigante: mientras permanece estable, contiene el avance de otros glaciares vecinos hacia el océano. Si colapsa, ese efecto dominó podría desestabilizar toda la capa de hielo de la Antártida Occidental y elevar el nivel del mar varios metros adicionales a lo largo de este siglo.

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Lo que alarma a los glaciólogos en 2026 no es solo el tamaño del glaciar, sino la velocidad del deterioro. Entre 2020 y 2026, el flujo de hielo retenido por la plataforma oriental aumentó un 33%, una señal inequívoca de que la barrera ya ha dejado de cumplir su función de contención. Imágenes satelitales muestran una red de grietas que se expande como el parabrisas de un coche tras un impacto.

El glaciar Thwaites y el mecanismo que lo destruye desde abajo

El glaciar es, en condiciones normales, un sistema estable que tarda siglos en transformarse. El Thwaites, en cambio, enfrenta un ataque simultáneo desde dos frentes: el calentamiento atmosférico debilita su superficie, pero el verdadero acelerador está oculto bajo el agua. Corrientes de agua cálida oceánica se filtran por debajo de la plataforma flotante, derritiéndola desde abajo como un soplete invisible.

Un estudio publicado en Nature Geoscience ha documentado remolinos submarinos de pequeña escala que intensifican este proceso en ventanas de apenas horas a días. El océano actúa con una lógica meteorológica, con episodios breves pero de enorme poder destructivo que concentran gran parte del desgaste del hielo. Esto explica por qué los modelos climáticos basados en promedios anuales han subestimado sistemáticamente el ritmo real de degradación.

Lo que significan 65 centímetros para las costas españolas

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Una subida de 65 centímetros en el nivel del mar —la proyección mínima del colapso total del Thwaites— no es un número abstracto para quienes viven en el litoral español. Barcelona, Valencia, Cádiz o las islas Canarias se encuentran entre las zonas donde ese incremento pondría en riesgo infraestructuras, viviendas y ecosistemas costeros de humedal. La Institución Oceanográfica Woods Hole calcula que aproximadamente el 10% de la población mundial —unos 770 millones de personas— vive en zonas potencialmente afectadas.

El impacto no llegaría de golpe, pero sus efectos se anticipan antes que el agua: más tormentas intensas, marejadas más penetrantes y una erosión costera que ya está en marcha. En España, la AEMET lleva registrando récords de temperatura marina que encajan con los patrones que aceleran el deshielo antártico. El problema lejano tiene, en realidad, una dirección muy concreta.

¿Cuándo podría ocurrir la ruptura?

La fecha que manejan los científicos

La plataforma de hielo oriental del Thwaites —la estructura clave que actúa como freno— podría desprenderse en el horizonte 2024-2027, según recogen varios estudios citados por Wikipedia en español. Algunos análisis publicados en 2026 apuntan incluso a que el proceso podría completarse este mismo año. No existe una fecha exacta, pero el consenso científico ha pasado de hablar de décadas a hablar de años.

Por qué es tan difícil predecir el momento exacto

El mayor reto para los glaciólogos es que la fractura final puede ser abrupta. Los modelos actuales, diseñados para promedios estacionales, no capturan bien los episodios de aceleración repentina. Lo que sí está claro es que el proceso de inestabilidad ya está en marcha y que, una vez iniciado el ciclo de fracturación, la desintegración puede intensificarse en cuestión de meses.

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¿Hay algo que se pueda hacer?

Científicos e ingenieros no han renunciado a explorar soluciones. Una de las propuestas más debatidas plantea la construcción de barreras submarinas artificiales en la línea de tierra del glaciar para bloquear la entrada de agua cálida. Es una idea técnicamente compleja, económicamente colosal y éticamente debatida, pero que ya cuenta con modelos preliminares serios. La propuesta reconoce implícitamente algo importante: que la prevención del colapso total sigue siendo teóricamente posible.

  • El colapso de la plataforma oriental liberaría el paso a otras masas de hielo hacia el océano.
  • La velocidad de flujo del glaciar se ha triplicado en apenas seis años.
  • Cada centímetro de subida del mar se traduce en metros de pérdida de playa por erosión.
  • Las ciudades costeras mediterráneas españolas figuran en los mapas de riesgo del BAS.

La ciencia como única brújula ante lo que viene

Los próximos años serán decisivos para determinar si el Thwaites cruza el umbral del colapso irreversible o si las intervenciones —climáticas y técnicas— logran ralentizar su deterioro. La comunidad científica internacional intensifica la vigilancia del glaciar con misiones de robots submarinos, satélites y sensores de precisión, porque entender los mecanismos internos es la única forma de mejorar las predicciones.

Para España, la conclusión es incómoda pero necesaria: lo que ocurre en la Antártida no es noticia de otro planeta. Es cartografía futura de nuestro litoral. Estar informado, y exigir que las políticas costeras incorporen estos escenarios, es ya la respuesta más práctica al aviso que los científicos llevan años enviando.