Los dermatólogos lo confirman: puedes usar el protector solar del año pasado si cumple estas 3 condiciones

La clave está en el símbolo del tarrito (PAO) y en no haberlo dejado al sol. Si el bote sigue oliendo bien y la textura es normal, puedes usarlo sin miedo.

Reconócelo: seguro que tienes un bote de crema solar del verano pasado en el armario del baño. Y cada año te asalta la misma duda: ¿la tiro o me la juego? Pues tranquilo, que los dermatólogos lo tienen claro y no hace falta que compres uno nuevo cada temporada.

La clave está en fijarse en tres condiciones muy sencillas que te van a ahorrar un montón de dinero y, sobre todo, te van a proteger la piel como es debido. Lo cuenta la doctora Marta González, del Instituto Médico Ricart, y lo confirman desde la Clínica Mayo: el protector solar no caduca al llegar el otoño.

El numerito que lo cambia todo: qué es el PAO y por qué deberías mirarlo ya

Lo primero es buscar en el envase un símbolo con forma de tarrito abierto y un número dentro. Es el PAO (Period After Opening), y te indica los meses que el producto sigue en buen estado una vez abierto. En los fotoprotectores lo normal es que ponga 12, lo que se traduce en que tienes un año entero para usarlo sin miedo.

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Pero ojo, que si el bote nunca llegó a abrirse la cosa mejora. La FDA estadounidense exige que cualquier protector solar mantenga su eficacia al menos tres años desde la fecha de fabricación. Así que esa crema que compraste en oferta el septiembre pasado y olvidaste en el cajón… está lista para este verano.

Si lo has guardado en el coche, malas noticias: el calor es el enemigo

Aquí viene la segunda condición y es casi más importante que el número del tarrito. Da igual que el PAO diga 12 meses si has dejado el bote al sol en la playa o dentro del coche con 40 grados. El calor extremo degrada los filtros solares y puede convertir una crema protectora en un mejunje inútil.

Mártires de la pereza, atentos: si al abrir el producto notas que huele raro, ha cambiado de color o la textura se ha separado como un yogur viejo, ni lo pienses, a la basura. En cambio, si lo has guardado en un armario fresco y seco, lejos de la luz directa, tienes muchas papeletas para seguir usándolo.

No necesitas tirar el protector solar del verano pasado, pero sí revisar que no haya cambiado de color ni de olor.

Filtros físicos vs. químicos: no todos los protectores envejecen igual

La tercera condición que marcan los expertos es el tipo de filtro. Los protectores con filtros físicos —óxido de zinc o dióxido de titanio— son más estables y aguantan mejor el paso del tiempo. Los químicos, en cambio, tienden a degradarse antes y perder eficacia, así que con ellos conviene ser más estricto con la fecha del PAO.

Y si tu crema no trae fecha de caducidad ni PAO (que los hay), la dermatóloga Rutledge Forney, de la Skin Cancer Foundation, tiene un truco de abuela: apunta con rotulador el mes y año de compra y calcula tres años de margen. Después de ese plazo, mejor renovar.

Así que ya sabes: rescata el bote del año pasado, mira el PAO, asegúrate de que no ha sufrido un golpe de calor y dale una oportunidad antes de comprar otro. Tu bolsillo y tu piel te lo agradecerán.

🧠 Para soltarlo en la cena

Con buen almacenaje, el protector solar abierto dura 12 meses.

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