Una vez la cápsula Orión ha amerizado en el Pacífico y los cuatro tripulantes de Artemis II están en tierra firme, lo cierto es que en la NASA acaba de empezar el programa. El primer vuelo tripulado a la Luna en más de medio siglo cierra una etapa de ensayos y abre otra que puede significar piedra angular de una presencia humana sostenida en el entorno lunar y, a medio plazo, en el trampolín hacia Marte.
En estos diez días, Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen han llevado la nave Orión más lejos de lo que ha viajado nunca una tripulación humana, superando el récord del Apolo 13 por unos 6.000 kilómetros y situándose a más de 406.000 kilómetros de la Tierra. Desde esa distancia han fotografiado por primera vez la Tierra desde la cara oculta de la Luna y han contemplado un eclipse solar total desde la órbita lunar, recuperando imágenes que no veíamos desde los años setenta pero con una tecnología y unos objetivos totalmente nuevos.
La telemetría ha certificado que el cohete SLS y la nave Orión funcionan con personas a bordo tal y como se había previsto en Artemis I, que voló sin tripulación. El propósito de Artemis II, según la propia NASA, ha sido el de poner a prueba en el entorno real del espacio profundo el soporte vital, las comunicaciones, la navegación y las maniobras de proximidad que serán imprescindibles cuando haya que acoplarse a vehículos comerciales de aterrizaje y a estaciones en órbita lunar.

Ahora, la agencia ya trabaja con un horizonte mucho más ambicioso que repetir las gestas de Apolo. El siguiente capítulo es una secuencia de misiones.
Artemis III y IV, claves en los planes de la NASA
El primer cambio relevante llega con Artemis III. En los planes originales, esta misión iba a ser el regreso del ser humano a la superficie lunar, pero la propia NASA ha ido rebajando expectativas y ajustando el calendario. A principios de año, la agencia confirmó que Artemis III no intentará alunizar en 2027 y que se limitará a operar en órbita terrestre, convirtiéndose en una fase de pruebas de los vehículos de descenso desarrollados por SpaceX y Blue Origin.
El patrón será similar al que acaba de certificar Artemis II, con lanzamiento con el SLS desde Florida, vuelo en Orión y una campaña intensa de maniobras. Pero esta vez no se buscará batir récords de distancia ni sobrevolar la cara oculta de la Luna, sino mantenerse en la órbita baja terrestre, donde se ensayarán acoplamientos, transferencias de tripulación y comunicaciones con los módulos de aterrizaje comerciales. Estos sistemas serán los encargados, en misiones posteriores, de tomar el relevo de Orión en la fase final del descenso al polo sur lunar.
Los expertos consideran Artemis III una de las fases más críticas del programa. Si fallan los acoplamientos, si las operaciones de proximidad no son fiables o si los enlaces de datos se muestran inestables en escenarios de alta complejidad, toda la estrategia de regreso a la superficie quedará en entredicho. Por tanto, la próxima misión es la verdadera prueba de fuego.
Después nos plantaremos con Artemis IV, la cuarta misión, que está llamada a ser el verdadero regreso a la Luna, con el objetivo marcado del polo sur lunar. Allí, en una región que nunca ha pisado un humano, se concentran algunos de los recursos que la NASA considera esenciales para un asentamiento a largo plazo, en particular reservas de hielo en cráteres permanentemente en sombra. El calendario actual sitúa Artemis IV en 2028, con una duración y un perfil de vuelo más exigentes que los de Artemis II.
Según los planes adelantados por la agencia, la tripulación de Artemis IV viajará a bordo de Orión hasta la órbita lunar. Desde allí, dos de los astronautas se transferirán a un módulo de aterrizaje para descender al polo sur y pasar cerca de una semana sobre la superficie. Recogerán muestras, instalarán instrumentación científica y ensayarán operaciones de estancia prolongada antes de regresar al vehículo orbital, reencontrarse con sus compañeros y emprender la vuelta a la Tierra. Será la primera vez desde Apolo 17, en 1972, que un ser humano deje su huella en otro mundo.
Eso sí, a diferencia del programa Apolo, concebido como una serie de carreras cortas hacia la bandera y el prestigio, cada hardware que Artemis IV despliegue en el polo sur, cada dato geológico y cada prueba de tecnologías de utilización de recursos, estarán pensados para un posible futuro.
Artemis V, bases lunares y la sombra de China
En esa línea, Artemis V apunta a ser la misión de transición entre los primeros alunizajes del nuevo siglo y la construcción de una presencia humana estabilizada en la Luna. Su lanzamiento se contempla para finales de 2028, con la previsión de que, a partir de entonces, las misiones tripuladas se sucedan aproximadamente una vez al año. Aún no se conocen los detalles concretos del perfil de vuelo ni la composición de la tripulación, pero el objetivo político y técnico es pasar de ir a la Luna a estar en la Luna.

El llamado programa Moon Base, dirigido por el ingeniero español Carlos García Galán, prevé en su tercera etapa un complejo con al menos tres hábitats interconectados y capacidad para obtener recursos del propio satélite. El hielo de agua enterrado en el regolito polar podría cubrir necesidades de consumo humano, producción de oxígeno respirable y, eventualmente, generación de combustible para cohetes.
La NASA busca usar la Luna como banco de pruebas para tecnologías que más tarde serán imprescindibles en Marte. Si consigue demostrar que puede sostener una tripulación en un entorno tan hostil con el apoyo de recursos locales y una cadena logística desde la Tierra relativamente eficiente, la siguiente gran frontera dejará de parecer ciencia ficción.
El ingeniero español Carlos García Galán dirige el programa de la base lunar de la NASA
Todo ello se produce, además, en un contexto geopolítico que la propia agencia reconoce como un factor de presión. China ha anunciado su intención de llevar a cabo un alunizaje tripulado antes de 2030 y avanza con su propio programa de sondas automáticas, orbitadores y pruebas de tecnologías de aterrizaje. La Agencia Espacial Tripulada de China asegura que el desarrollo de sus vehículos progresa según lo previsto y que ya ha superado varias pruebas críticas.
Podríamos decir que la Luna volverá a ser escenario de una carrera espacial en la que Estados Unidos compite contra un rival con un programa sólido, presupuestos cada vez mayores y una estrategia a largo plazo. Y eso que, tras el éxito de Artemis II, la Casa Blanca ha propuesto recortes presupuestarios significativos para la NASA en varios borradores recientes.




