En los 84 días transcurridos de 2026, la red de Cercanías Madrid solo ha registrado cuatro sin ninguna incidencia relevante en el servicio. El resto de jornadas han estado marcadas por retrasos, supresiones de trenes, cambios de horario de última hora y averías en la infraestructura que han afectado a miles de viajeros de manera imprevista, sin contar los cortes programados por obras que se anuncian con antelación.
Según los datos recopilados a partir de la información pública de Renfe y Adif, y de los partes diarios de explotación, en los primeros meses de 2026 se han producido más de 350 incidencias en Cercanías Madrid, lo que supone una media de entre cuatro y cinco problemas al día en la red. De hecho, en solo los dos primeros meses ya se contaban más de 300, y no ha dejado de crecer en las semanas posteriores.
No se trata de pequeños ajustes internos o de alteraciones previstas. Excluimos los cortes por obras o trabajos programados, habituales en un sistema ferroviario complejo, y ponemos el foco en los imprevistos que alteran el día a día de los usuarios. Trayectos que no se inician, averías en trenes o señalización, incidencias de energía, problemas en la catenaria, fallos en los enclavamientos o incidencias en estaciones que obligan a limitar o desviar la circulación.

El lado positivo es que el transporte madrileño está funcionando bastante mejor que en 2025, y además Renfe informa más a menudo y de manera más precisa de los problemas en sus canales de comunicación, con mención especial al canal de WhatsApp oficial desde el que se notifica a los usuarios cada problema con la mayor celeridad posible. Pero las cifras siguen siendo bastante altas este año.
Más de un 200 % de incidencias en Cercanías Madrid en los últimos años
Y es que las incidencias han aumentado más de un 200 % desde 2019. En concreto un 239 % según los datos recogidos por El Diario de Madrid. Hace siete años se registraron 448 problemas en los doce meses. Desde 2022, la escalada se ha acelerado con 375 incidencias en 2022, 710 en 2023, 1.014 en 2024 y hasta culminar en 2025 con 1.521 incidencias en la red madrileña.
La tendencia apunta a que este año puede volver a cerrar con más de un millar de problemas significativos en el servicio, pese a que el Ministerio de Transportes sostiene que las alteraciones en Cercanías habrían descendido alrededor de un 10 % en el último año.
En estaciones como Atocha, Chamartín, Nuevos Ministerios o Príncipe Pío son más que habituales los problemas. Lo normal es que Renfe hable de ellos en relación una línea en concreto o un trayecto determinado, pero este martes 24 de marzo los madrileños se levantaban con un curioso mensaje en el canal oficial en el que se informaba de que los trenes estaban sufriendo demoras y detenciones en toda la red de Cercanías Madrid debido a un problema con la infraestructura.

Y no estamos contando que, por ejemplo, durante buena parte de febrero y marzo los trenes Civis —los servicios semidirectos de Cercanías— dejaron de circular en varias líneas afectadas por los daños causados por un temporal en la cubierta del taller de Fuencarral. La reparación de estas instalaciones se ha prolongado durante semanas y ha obligado a reconfigurar la oferta.
A este episodio se suman otras incidencias destacadas, como el descarrilamiento en Azuqueca de Henares que provocó retrasos de hasta dos horas en las líneas C2 y C8 y obligó a cortar parcialmente la circulación, reprogramar servicios y articular transbordos, con andenes abarrotados y trenes que circulaban fuera de horario durante buena parte de la jornada.
Choque político e impacto diario
Desde la Comunidad de Madrid, el consejero de Transportes, Jorge Rodrigo, atribuye la situación a una falta de inversión suficiente en la red ferroviaria y reclama actuaciones urgentes al Gobierno central. El Ejecutivo regional sostiene que las cifras evidencian un abandono de Cercanías Madrid por parte del Gobierno de Pedro Sánchez y subraya que el incremento de incidencias no se corresponde con el volumen de actuaciones ejecutadas sobre la infraestructura.
En respuesta, el Ministerio de Transportes dirigido por Óscar Puente rechaza esta lectura y se apoya en sus propios datos internos para defender que las incidencias se habrían reducido alrededor de un 10 % en el último año. La red de Cercanías depende directamente del Ministerio, que gestiona tanto las infraestructuras a través de Adif como la operación ferroviaria a través de Renfe, y reivindica los planes de modernización anunciados para la red madrileña.
Más allá del cruce de reproches, el pulso político se libra también en el terreno de la percepción ciudadana. Cada día, cientos de miles de personas utilizan sus trenes para desplazarse entre la capital y los municipios del área metropolitana, conectar con la red de Metro, acudir a sus centros de trabajo o estudio, o enlazar con la red de media y larga distancia.

Para un usuario que ha sufrido retrasos o cancelaciones en tres o cuatro días de la misma semana, la discusión tiene poco recorrido. Lo que pesa es la sensación de inseguridad a la hora de salir de casa: ya no se puede confiar en llegar puntual.
Desde hace tiempo, el usuario tipo de Cercanías se ha expuesto a alteraciones en el servicio casi a diario, aunque no siempre se hayan traducido en grandes retrasos. A menudo bastan apenas cinco o diez minutos de demora sistemática para encadenar problemas: perder un trasbordo a Metro o a autobús, llegar tarde al trabajo o a una cita médica, no poder recoger a tiempo a los niños.
Las asociaciones de usuarios reclaman desde hace años más inversión en infraestructura, refuerzo del mantenimiento preventivo y renovación del material rodante como condiciones imprescindibles para recuperar la fiabilidad del sistema. Los sindicatos, por su parte, advierten de las plantillas ajustadas tanto en talleres como en circulación y explotación, y alertan de que cada avería que se demora en resolverse tensiona aún más una red ya saturada.
Mientras tanto, el contador de incidencias de 2026 sigue sumando. Si nada cambia de forma sustancial, la probabilidad de que un día laborable discurra sin ningún problema relevante en la red de Cercanías Madrid seguirá siendo una excepción estadística y no la norma de un servicio que aspira a ser la columna vertebral de la movilidad sostenible en la región.



