Sabina vuelve a hablar de su depresión y lo hace por todo lo alto: jamás ha ido al psiquiatra, prefiere el whisky.
Qué ha dicho Sabina y a quién se lo ha contado
La frase no es nueva, pero estos días ha vuelto a circular por X y por los grupos de fans como si acabara de salir. El cantante sentencia que jamás ha pisado la consulta de un psiquiatra y que ese dinero prefiere invertirlo en otra cosa. La cita la recogen varias cuentas de seguidores, y el grueso de la reflexión sobre su depresión llega de una conversación con el periodista Mariano del Mazo para el diario argentino Clarín.
Ahí está la parte que explica por qué esto no es una anécdota de barra de bar. Joaquín Sabina reconoce que durante años entendió la depresión como algo ajeno: 'Yo era como los niños, que creen que la muerte es algo que le pasa a otros. Y yo creía que las depresiones les ocurrían a señoras aburridas y viudas'. Y remata: 'Yo me insultaba a mí mismo, me avergonzaba de mí mismo'. Traducido: pensaba que eso no iba con él, hasta que fue con él.
La 'nube negra' que llegó después del infarto de 2001
El relato tiene fecha de arranque: en 2001 sufrió un infarto cerebral leve del que salió sin secuelas físicas y, después, entró en una euforia extraña que le llevó a seguir tocando y a salir de gira. Los neurólogos le avisaron de que estaba postergando una depresión. Y así fue.
'Después de la gira quedé tumbado en la cama, sin querer ver a nadie, sin leer, sin ganas de ver tele', explicó el propio cantante. Ese es el retrato de la 'nube negra' de la que él mismo ha hablado otras veces: una temporada larga prácticamente encerrado y lejos de los escenarios.
Lo que incomoda no es el episodio, es la coletilla. 'La depresión nunca termina de irse. De pronto da coletazos. Pero no he ido jamás al psiquiatra. Prefiero gastarme el dinero en whisky'. Chiste, sí. Broma de taberna, también. Pero dicha por alguien con altavoz, la frase viaja sola y se repite sin el contexto de los meses que él mismo describe.
Contar la depresión con honestidad es un servicio público; convertirla en un chiste sobre no pedir ayuda es justo lo contrario.
El aviso de los neurólogos y el mensaje que no conviene romantizar
Hay que separar dos cosas. Una: que alguien con su historial cuente que se avergonzaba de sí mismo sirve de mucho, porque rompe el relato del artista atormentado que convierte el dolor en obra maestra. Otra: que el remedio sea la barra libre. La OMS cifra en unos 280 millones las personas que conviven con la depresión en el mundo, y el alcohol no aparece en ninguna lista de tratamientos.
El precedente más claro está en su propia biografía. Los neurólogos le avisaron, él siguió de gira y la factura llegó después, en forma de meses en la cama. Ese patrón, ignorar el aviso, tirar de trabajo y de copas y caer más tarde, se repite en muchísima gente que no tiene altavoz.
Sabina tiene derecho a gestionar lo suyo como le dé la gana y desde aquí no le vamos a dar lecciones. Lo que no conviene es que su frase más citada de la semana acabe siendo un titular de bareto. El diagnóstico no llega en una botella ni en una nube negra, y lo que viene ahora son más entrevistas: veremos si el whisky sigue siendo el remate o se queda, simplemente, en un chiste de los suyos.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Joaquín Sabina y una depresión que él mismo lleva años contando en público.
- 🔥 ¿Cuál es el drama? Que resume su relación con la enfermedad en un chiste sobre el whisky.
- 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Porque la frase corre sola, sin el contexto de sus peores meses.




