Purujosa, el pueblo de Zaragoza con 29 habitantes y vistas al Moncayo que te dejan sin habla

El municipio pertenece a la Comarca del Aranda, en la cara menos transitada del Parque Natural del Moncayo. La iglesia de El Salvador, del siglo XIII, y la cueva de los Rincones, con restos neandertales, redondean una escapada de otoño poco masificada.

Purujosa es un pueblo de Zaragoza con 29 habitantes y unas vistas al Moncayo que te dejan sin habla. Y no, todavía no lo conoce casi nadie.

Por qué Purujosa parece estar haciendo equilibrios sobre la montaña

Desde la carretera, las casas de piedra se apiñan en lo alto de un espolón rocoso, entre el río Isuela y el barranco de la Virgen. Visto desde abajo, el pueblo parece sostenerse en el aire, como si el suelo llano fuese un lujo innecesario. Y ese es, de hecho, el mejor mirador que tiene: el propio cauce del Isuela.

El municipio pertenece a la Comarca del Aranda, en la cara menos transitada del Parque Natural del Moncayo. Por eso muchos lo llaman la puerta del Moncayo, aunque el apodo se queda corto: es la entrada al Moncayo por el lado que nadie mira. Si quieres los datos de censo e historia, están en la ficha de Purujosa.

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Una vez dentro, el paseo no se mide en kilómetros sino en cuestas. Calles empinadas, fachadas tradicionales y casas que sobresalen de la roca. Entre todas ellas destaca la iglesia de El Salvador, un templo del siglo XIII que ocupa la parte alta del pueblo. Aquí el monumento es la ubicación en sí misma.

Qué ver en Purujosa (y lo que no hay, que también importa)

A las afueras queda la ermita de la Virgen de Constantín, rodeada del paisaje del Moncayo. Y en el entorno, cuevas y barrancos con restos de una ocupación muy antigua: en la cueva de los Rincones han aparecido herramientas de piedra asociadas a los neandertales. Es un yacimiento arqueológico, no una cueva turística, así que no cuentes con visitarla por dentro.

Con 29 habitantes, tampoco esperes una calle llena de terrazas. La oferta es la que es: el Albergue de Calcena, con menús para salir del paso, y el Camping Municipal de Trasobares. Lo más práctico es llevarse la comida de casa y aprovechar las zonas recreativas del entorno, siempre respetando las restricciones que haya en cada momento.

Aquí no hay colas, ni carteles de completo, ni fomo. El plan consiste en subir, mirar y callarse un rato.

El pueblo funciona como punto de partida de varias rutas entre barrancos, como los de Cuartún y Valcongosto, y por la zona pasa el GR 90, el sendero de gran recorrido que cruza las tierras del Moncayo. No hace falta completar una etapa entera para disfrutarlo: basta con elegir un tramo corto entre paredones calizos, encinares y desfiladeros. Eso sí, el terreno es montañoso y algunos senderos tienen dificultad moderada, así que conviene mirar el desnivel y la meteorología antes de arrancar. Para escalada o espeleología, mejor tirar de empresas especializadas de la zona.

Lo que nadie te cuenta antes de subir a Purujosa

Hemos visto demasiadas veces lo mismo: un pueblo diminuto se hace viral en otoño y al año siguiente el aparcamiento está lleno. Purujosa todavía está en el punto dulce, ese en el que puedes subir un sábado de octubre y cruzarte con cuatro personas. Así que mi consejo es claro: vete ahora, antes de que lleguen las furgonetas, y hazlo con calzado de suela decente, porque las cuestas no perdonan.

Si te sobra tiempo, la escapada se completa en Calcena, otro pueblo pequeño muy vinculado a la escalada, y en Trasobares, donde se conservan la iglesia y la portada barroca del antiguo monasterio cisterciense. Paradas tranquilas, sin agobios y sin nadie haciendo cola para la foto.

🧠 Para soltarlo en la cena

Veintinueve habitantes colgados de una roca con el Moncayo enfrente.

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Sube despacio y mira hacia arriba. Ya me contarás.