España no es un país de grandes terremotos frecuentes, pero su historia sísmica guarda episodios devastadores. Con motivo de los recientes terremotos en Granada, recopilamos una lista que reúne los siete seísmos más relevantes de los últimos siglos, seleccionados por su magnitud, por el alcance de sus daños o por su significado histórico. Hay en ella terremotos con registro instrumental, como el de Dúrcal (1954) o el del mar de Alborán (2004), y otros conocidos solo por crónicas, como el de Lisboa (1755), cuya magnitud se estima. El criterio combina, por tanto, ciencia y memoria.
La selección no sigue un orden de mayor a menor destrucción: cada uno de estos sismos destaca por un motivo. El de Arenas del Rey (1884) fue la mayor tragedia sísmica en territorio español; el de Torrevieja (1829) arrasó el litoral alicantino; el de Almería (1522) dejó un tsunami olvidado. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) es la fuente principal para los datos instrumentales, mientras que las crónicas históricas permiten reconstruir los más antiguos. Todos ellos trazan un mapa de la actividad sísmica peninsular y del mar de Alborán.
5El terremoto del banco de Gorringe, el mayor del siglo XX sentido en toda España
El terremoto del banco de Gorringe, registrado a las 02:40 del 28 de febrero de 1969, ostenta un récord difícil de discutir: es el seísmo de mayor magnitud del siglo XX que se sintió en toda España. El Instituto Geográfico Nacional le asigna 7,8 en la escala de magnitud de momento (algunas fuentes elevan la de ondas superficiales a 8,0) y sitúa su epicentro en el Atlántico, unos 180 kilómetros al suroeste del cabo de San Vicente, en la llanura abisal Horseshoe, al sureste del banco de Gorringe, a unos 22 kilómetros de profundidad. Esa zona del golfo de Cádiz es el límite difuso entre las placas euroasiática y africana, el mismo escenario tectónico que en 1755 liberó el terremoto de Lisboa, del que el de 1969 se considera un pariente moderno: mismo mecanismo de empuje, pero con mucha menos energía. Pese a la enorme magnitud, el hecho de que el foco estuviera en el mar y lejos de la costa limitó la destrucción y las víctimas, que se concentraron en el suroeste de la península y en Marruecos.
Lo que hace de este terremoto un caso único en la sismología española es su asombrosa extensión. El IGN documentó que se dejó sentir en 754 núcleos de población de tres países: 338 en Marruecos, 267 en Portugal y 149 en España, donde se percibió desde Andalucía hasta el País Vasco, Navarra o Barcelona, a más de mil kilómetros del epicentro. La intensidad máxima alcanzó grado VIII-IX, con daños concentrados en la franja entre los ríos Guadiana y Guadalquivir, donde cayeron cornisas y elementos no estructurales en ciudades como Sevilla. Además, al producirse bajo el mar, el seísmo generó un tsunami que quedó registrado en los mareógrafos del litoral atlántico español, con una altura máxima de 48 centímetros, cerca de medio metro en Chipiona, y en Gijón algunos barcos llegaron a soltar amarras. Un episodio que recuerda que la energía acumulada en esa falla sigue ahí, latente.
