Las vacaciones dejan recuerdos, fotos y, a veces, una carta de la DGT que arruina la vuelta a la rutina. No hablamos de excesos de velocidad ni de alcohol, sino de infracciones silenciosas que se cometen sin ser conscientes: en un túnel, en un camino rural o incluso en el asiento trasero del coche. Muchos conductores descubren la sanción semanas después, al revisar el correo tras unos días de descanso, porque ninguna de estas faltas requiere que un agente te pare en ese momento; la multa llega por correo. La lista que sigue reúne cinco casos reales, más habituales de lo que parece. Conocerlos puede ahorrarte un susto.
El criterio de esta selección es claro: todas son infracciones que se cometen sin darse cuenta, por inercia o por desconocimiento de la norma, y que no siempre se denuncian en el momento. Forman parte del Reglamento General de Circulación, pero rara vez aparecen en los cursos de conducción o en las campañas de la DGT. Además, en casi todos los casos la sanción económica ronda los 200 euros, y algunas incluyen pérdida de puntos. Esta lista no busca asustar, sino recordar que la seguridad vial se juega en los pequeños gestos que parecen inofensivos. Prevenir es más fácil que recurrir.
5La matrícula ilegible por barro o polvo: una multa que llega por correo tras un camino de tierra
El lugar en esta lista se lo gana por ser un castigo silencioso: el conductor no ha manipulado nada, pero tras un verano de caminos de tierra, pistas forestales o accesos a playas sin asfaltar, el barro y el polvo tapan la placa sin que nadie repare en ello. La normativa no admite matices: el artículo 10.4 del texto refundido de la Ley de Seguridad Vial (RDL 6/2015) prohíbe circular con matrículas que no sean "perfectamente visibles y legibles", y el Reglamento General de Vehículos obliga a mantenerlas en perfecto estado en todo momento. Da igual que la suciedad venga del clima o del terreno: la responsabilidad es de quien conduce, que debe comprobar la placa antes de emprender la marcha. Lo que convierte el caso en especialmente odioso es la vía de notificación: la denuncia no se cursa en el acto, sino que un agente o una cámara fija de control (las mismas que cruzan datos de ITV o de seguro) detecta el fallo y la sanción aterriza en el buzón semanas después, cuando el coche ya está limpio y el conductor ha olvidado el episodio.
La cuantía tampoco invita a la resignación tranquila: es una infracción grave sancionada con 200 euros, que se reducen a 100 si se abona en los 20 días naturales siguientes a la notificación, y que no resta puntos del carné. Merece la pena distinguirla de la manipulación deliberada de la placa (tornillos, cubreplacas o trucos para esquivar el radar), que sí se castiga con dureza, con multas que pueden alcanzar los 6.000 euros y retirada de puntos. Ante una placa simplemente sucia, la excusa de "venía de un camino de tierra" no exime, como tampoco lo hace la lluvia: la ley exige legibilidad antes de circular, no después. Lo práctico, en la vuelta de vacaciones, es revisar ambas matrículas antes de incorporarse a la autovía y limpiarlas en cualquier área de servicio; cuesta un minuto y ahorra un susto que, además, llega por correo certificado.
