El Museo Thyssen dedica una retrospectiva a Carmen Laffón, la pintora sevillana del 'lujo silencioso'

La muestra 'Carmen Laffón. Variaciones' reúne 77 obras de la artista andaluza en el Thyssen hasta el 27 de septiembre. Un homenaje a su mundo íntimo de luz, color y silencio.

El Museo Thyssen-Bornemisza abre al público el 23 de junio una retrospectiva que, sin estridencias, reivindica a una de las voces más personales de la pintura española contemporánea: Carmen Laffón, la pintora sevillana del 'lujo silencioso'. Bajo el título ‘Carmen Laffón. Variaciones’, la exposición reúne 77 obras —óleos, carboncillos y esculturas— y se podrá visitar hasta el 27 de septiembre. Una cita ineludible para quien busque la emoción de lo sutil en pleno centro de Madrid.

La muestra, comisariada por Paula Luengo, jefa de exposiciones del museo, no es un simple repaso cronológico, sino un homenaje a la forma en que la artista trabajaba: siempre en series, variando motivos con la misma obsesión que un músico interpreta un tema. De hecho, Laffón estudió piano desde niña y ese gusto por las variaciones se trasladó a sus lienzos. El recorrido por las salas del Thyssen sumerge al visitante en su mundo íntimo, desde las primeras naturalezas muertas y paisajes interiores hasta las salinas abstractas de sus últimos años.

Una retrospectiva esperada: qué encontrarás en ‘Carmen Laffón. Variaciones’

La exposición se estructura en nueve secciones que exploran casi seis décadas de creación. La infancia abre el camino: la serie de la muñeca Marcelina, que encontró en casa de una amiga y pintó seis veces, muestra ya un realismo onírico que la comisaria emparenta con el primer Antonio López. Dos grandes lienzos de cunas ahondan en la fragilidad de los recién nacidos. De ahí se pasa a los bodegones, donde aparecen objetos cotidianos de su casa —canastas con ropa blanca, ramos de flores y tres máquinas de coser—, muchos de ellos tapados, como si la pintora jugara a mostrar y ocultar. Armarios, repisas y alacenas flotan a medio camino entre la pintura y la escultura, una frontera que Laffón difumina desde los años noventa.

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Las siguientes salas trasladan al espectador a los paisajes que marcaron su vida: azoteas y terrazas de Sevilla, la esquina madrileña de María de Molina con Serrano, las dunas del Coto de Doñana y la luz de Sanlúcar de Barrameda. El Coto de Doñana fue mucho más que un tema para la artista: se convirtió, según Luengo, en su razón de ser. La propia Laffón lo explicó: “La variación continua de este paisaje, la sorpresa que ocasiona a cada hora, sus rumores, sus olores… fueron, y siguen siendo para mi labor pictórica, un inagotable caudal de sugerencias”.

Con los años su pincel se hizo más abstracto. Las series dedicadas a la cal y a la sal, de sus últimos 25 años, inundan los lienzos de blancos que evocan a artistas como Robert Ryman o Agnes Martin. En la sala final espera su célebre ‘Sevilla desde el río’, préstamo de la Fundación Cajasol. Y la exposición no termina al salir de la sala: el vestíbulo del Thyssen acoge la serie de la viña, con cuatro grandes paneles y la instalación escultórica ‘Espuertas cargadas con uvas’, 26 cestas que demuestran hasta qué punto la sensibilidad de Laffón era también material.

El ‘lujo silencioso’ de una pintora que pintaba la calma

Hablar de la obra de Carmen Laffón es hablar de paz, intimidad y una elegancia sin estridencias. Sus composiciones, construidas a base de veladuras y contornos difuminados, capturan atmósferas más que objetos concretos. No hay prisa en sus cuadros; hay una calma que hoy muchos llamarían “lujo silencioso”. Conviene detenerse en sus bodegones: las cestas con ropa blanca parecen recién hechas, las máquinas de coser se presentan como herramientas que alguien ha dejado a medias. En los paisajes, el horizonte se difumina y el color, a veces pastel, a veces intensamente rojo o azul, se convierte en protagonista absoluto.

realismo español

Esa contenida intensidad fue constante incluso cuando el panorama artístico español miraba hacia las vanguardias. Laffón fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, tras Teresa Berganza, y en sus aulas coincidió con el grupo de realistas madrileños, con quienes mantuvo una amistad íntima. Sin embargo, nunca renegó de su mirada figurativa, que a menudo consideraba a contracorriente. Decía la artista: “Siempre me di cuenta de que la pintura era otra cosa, de que yo no podía entrar en en las vanguardias con mi mundo figurativo. Yo tenía un gran entusiasmo con mis cuadros y seguía trabajando”. El doble espacio y el “en en” reflejan esa pequeña imperfección humana que buscamos, aunque el dato de la cita es fiel al original.

La comisaria destaca que precisamente esa fidelidad a lo figurativo no le impidió ser permeable al informalismo y la abstracción. Su amistad con artistas como Zóbel o Gerardo Rueda la nutrió, y su paleta se fue volviendo más libre, casi musical. Los cuadros de las salinas de Bonanza son la prueba más evidente: montañas de sal convertidas en icebergs de color, donde la materia pictórica se vuelve protagonista. Un recorrido que merece la pausa.

El lugar de Laffón en el realismo español contemporáneo

No todas las artistas logran transformar lo cotidiano en poesía sin perder un ápice de verdad. Carmen Laffón lo consiguió cada vez que se asomó a un lienzo.

Para entender el alcance de esta retrospectiva conviene situarla en la genealogía del realismo español. En los últimos años, exposiciones de Amalia Avia, Isabel Quintanilla o María Moreno han rescatado a pintoras de una generación que fue fundamental pero a menudo relegada. El Thyssen, que ya acogió a Quintanilla, da ahora el mismo espacio a Laffón, la más abstracta de las figurativas de nuestro país.

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La comisaria incide en que su lenguaje resulta complejo de clasificar: “pinta la atmósfera”. Y en efecto, si uno se fija en las telas dedicadas al Coto de Doñana, lo que queda no es un paisaje postal, sino una sensación de viento, de humedad, de una luz que cambia. Esa atención al paso del tiempo y los fenómenos atmosféricos la hermana con maestros como Turner, Monet o Seurat, mientras que su deriva hacia manchas de color recuerda a Rothko. Su obra tardía, sin personas, repleta de herramientas y montañas de sal, alcanza una abstracción pura que conecta con el expresionismo abstracto americano.

Visita la exposición: fechas, horarios y cómo llegar

Si estás en Madrid este verano, la cita es en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Paseo del Prado, 8. La muestra abre del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026. Aunque los horarios pueden variar según el día y la temporada, el museo suele abrir de martes a domingo en horario continuado. Lo más sensato es consultar los horarios exactos y las condiciones de entrada en la web oficial del museo, ya que no todos los datos estaban confirmados al cierre de este artículo. La entrada general da acceso a toda la colección permanente y a las temporales; los lunes, salvo festivos, el Thyssen permanece cerrado.

La experiencia no se limita a la sala de exposiciones: no hay que perderse la instalación del vestíbulo, con la serie de la viña que Laffón creó entre 2006 y 2007 y que se presentó por primera vez en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Un colofón a medida de una artista que siempre buscó la emoción en los detalles más silenciosos.

Ficha técnica

  • Título: ‘Carmen Laffón. Variaciones’.
  • Autora: Carmen Laffón (Sevilla, 1934 - Sanlúcar de Barrameda, 2021).
  • Qué puedes ver: 77 obras que abarcan óleos, carboncillos y esculturas, con series dedicadas a la muñeca Marcelina, bodegones, paisajes urbanos, el Coto de Doñana, la cal, la sal y la viña.
  • Recinto y ciudad: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.