He leído el estudio que demuestra que los tápers pasan plásticos al pescado (y no es broma)

La investigación del CSIC analizó por primera vez la migración de aditivos plásticos en frío y los resultados son alarmantes. El bisfenol A superó el umbral de riesgo en la mitad de las muestras.

Reconócelo, a todos nos ha pasado: guardas el salmón en un táper de plástico y te olvidas tres días. Pues malas noticias. Un estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) acaba de demostrar que los aditivos de esos envases migran al pescado, incluso en frío.

La investigación, publicada en Environment International, es la primera en medir la transferencia en condiciones reales de nevera (4 ºC durante 48 horas) y congelador (-18 ºC durante 30 días). Y los resultados te van a hacer mirar tu colección de tápers con otros ojos.

Cuatro familias de plásticos que aterrizan en el plato

Los científicos analizaron bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films y bolsas de congelación con salmón, atún y merluza. Buscaron ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos, sustancias que se añaden para hacer los envases flexibles y resistentes.

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Todos los materiales contenian alguna de estas sustancias, incluido el famoso bisfenol A. Y en el pescado almacenado aparecieron los mismos compuestos, a veces con tasas de migración del 100 %. El di(2-etilhexil) adipato (DEHA), por ejemplo, pasó al salmón en más del 95 % de los casos.

El tiempo fue un factor clave: cuanto más rato pasó el pescado en contacto con el plástico, más alta fue la transferencia. «Hasta ahora solo se miraba el efecto del calor; nosotros hemos visto que el frío también la acelera, solo que más despacio», explica Maria Vittoria Barbieri, autora principal del estudio. Hasta ahora los estudios se centraban en el calor porque se creía que la migración era insignificante en nevera; este trabajo demuestra lo contrario.

El bisfenol A apareció en casi todas las muestras y superó el umbral de riesgo en la mitad de los escenarios.

Lo curioso es que no todos los pescados reaccionaron igual. En el salmón, los compuestos lipofílicos (afines a la grasa) migraron con más facilidad, mientras que en la merluza, con más agua, los bisfenoles se movieron mejor.

Un riesgo que ya está en tu cuerpo sin que lo notes

El estudio calculó la exposición para adultos, niños y bebés combinando los datos de concentración con el consumo medio de pescado en España. Luego compararon esas ingestas con los límites de seguridad de la EFSA. La conclusión fue clara: en casi la mitad de los casos, el bisfenol A supera el umbral de riesgo establecido. La EFSA ya había rebajado en 2023 el límite seguro de bisfenol A de 4.000 a tan solo 0,2 nanogramos por kilo de peso al día, multiplicando por 20.000 el nivel de exigencia.

Y eso es solo por comer pescado; si sumamos la exposición por otros alimentos, inhalación y contacto con la piel, la situación empeora. Ethel Eljarrat, directora del IDAEA, lo resume: «El bisfenol A por sí solo ya dispara las alarmas; el resto de contaminantes aún no tiene límites claros porque faltan estudios toxicológicos».

Mientras tanto, la Unión Europea ya ha movido ficha: desde enero de 2025 está en vigor una normativa que restringe el uso de bisfenoles en envases alimentarios, con un periodo de adaptación de 36 meses. Pero, como apunta el estudio, los alternativos que los sustituyen (como el DEHA) también mostraron tasas de migración altísimas y sin apenas controles de seguridad. Urge, como reclaman las autoras, tener estudios toxicológicos sobre los nuevos compuestos, porque van camino de ser los próximos inquilinos de tu organismo.

Qué puedes hacer mañana mismo para reducir el riesgo

No hace falta que tires todos los tápers. El estudio no dice que un solo filete contaminado te vaya a enfermar; el problema es la exposición acumulada. Y la medida más efectiva es sencilla: pasa el pescado a un recipiente de vidrio o cerámica en cuanto llegues del súper.

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Si congelas, opta por bolsas de polietileno de baja densidad, que mostraron menor migración. Y, sobre todo, reduce el tiempo de almacenamiento. Ya sé que es un coñazo, pero tu salud te lo agradecerá.

🧠 Para soltarlo en la cena

El bisfenol A del táper migra al pescado, incluso en frío.