El desfile militar correspondiente al Día de las Fuerzas Armadas, celebrado este pasado sábado en la localidad pontevedresa de Vigo, rompió todos los esquemas protocolarios. Durante la solemne jornada se encadenaron diversos contratiempos, obligando a las autoridades a tomar decisiones en directo.
El centro de todas las miradas terminó siendo Felipe VI, quien tuvo que intervenir personalmente tras un grave fallo técnico que dejó una de las imágenes más inusuales que se recuerdan en este tipo de celebraciones oficiales.
Un inicio accidentado para Felipe VI y las Fuerzas Armadas en Vigo

La jornada en tierras gallegas arrancó con un escenario meteorológico francamente adverso que amenazaba con alterar la cuidada planificación del Ministerio de Defensa. Todo el dispositivo militar se encontraba posicionado y listo para iniciar el esperado desfile aéreo, pero la escasa visibilidad forzó a los altos mandos a aplicar los protocolos de seguridad. La densa niebla obligó a cancelar la llegada de la bandera de España desde el aire, una exhibición a cargo del equipo de paracaidistas que siempre supone uno de los momentos de mayor expectación ciudadana.
Cuando los responsables del acto utilizaron la megafonía para anunciar oficialmente que no habría desfile aéreo debido a este mal tiempo, la reacción en las calles no se hizo esperar. A través de la señal institucional, se pudo escuchar a la perfección cómo todos los presentes en Vigo lamentaban la noticia emitiendo un espontáneo “ohhhh”.
Esta cancelación afectó de forma directa a los profesionales encargados de inaugurar el evento desde las alturas. El subteniente Alberto Vidal y el sargento primero Pablo García Matanza, ambos miembros de la Patrulla Acrobática Paracaidista del Ejército del Aire (PAPEA), se quedaron sin poder efectuar su tradicional y arriesgado salto sobre la ciudad.
El cielo sin colores ante la atenta mirada de Felipe VI

Las consecuencias de las malas condiciones climáticas no se limitaron únicamente a los especialistas del salto en paracaídas, sino que afectaron a toda la exhibición aeronáutica prevista. El público gallego y el propio Felipe VI se quedaron sin ver a la Formación Mirlo, perteneciente a la Academia General del Aire y del Espacio, que tampoco obtuvo autorización para sobrevolar la ciudad viguesa.
Los datos del operativo cancelado reflejan la magnitud del despliegue que se había preparado. La organización había previsto que participaran 70 aeronaves en total. En esta impresionante flota se incluían 30 cazas de combate, concretamente de los modelos Eurofighter, F-18 y Harrier. Junto a ellos, debían surcar el cielo 16 aviones de transporte logístico y un contingente de 25 helicópteros.
Para culminar este imponente acto aéreo, siete aviones Pilatus PC-21 tenían la misión de colorear el cielo dibujando con humo la bandera nacional. La persistente niebla impidió que esta icónica representación visual engalanara la jornada festiva.
El fallo en el mástil y la bandera en el suelo frente a Felipe VI
Con el cielo cerrado, la ceremonia terrestre continuó su curso con el homenaje a la enseña nacional. Siguiendo el guion, tres guardias reales, en representación del Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio, junto a un guardia civil, se encargaron de trasladar la bandera hasta el mástil. El objetivo era que las unidades del Arsenal de Ferrol procedieran a su izado mientras la banda interpretaba el himno nacional.
Fue en ese preciso instante de máximo respeto institucional cuando se produjo el incidente más grave de la mañana. Hubo un problema mecánico en el mástil que provocó que la insignia se terminara cayendo al suelo. Según informó la cadena RTVE en su cobertura en directo, se desprendió una pieza situada en la parte alta del poste, la cual tenía la función indispensable de sujetar la cuerda.
Al romperse este componente metálico, los militares presentes reaccionaron de inmediato y recogieron la enseña del suelo con celeridad. No obstante, al no haber posibilidad alguna de arreglar la avería técnica en ese momento, resultó materialmente imposible izar correctamente la insignia como dictan las normas de la ceremonia.
La sorpresa en la tribuna y los gestos de la Familia Real
Las cámaras desplegadas en el recinto captaron de inmediato la reacción en la tribuna presidencial. Las imágenes mostraron a Felipe VI realizando un gesto de evidente sorpresa al comprobar la magnitud de lo ocurrido. Su cara de asombro fue idéntica a la que experimentó media España al ver cómo un acto de tal solemnidad se convertía en un desfile mucho más movidito de lo que se había pensado en un principio.
El desconcierto no solo afectó al jefe del Estado. A su lado, la princesa Leonor y la reina Letizia también mostraron caras extrañas, evidenciando que algo no marchaba según lo ensayado. Ambas mantuvieron un rictus visiblemente más serio de lo habitual mientras asimilaban el imprevisto.
La orden directa de Felipe VI que salvó el protocolo militar

Para evitar que el desconcierto empañara el resto del homenaje, el monarca decidió tomar una iniciativa muy poco habitual en este tipo de celebraciones cerradas. Minutos después de lo que había pasado con la bandera de España, el abanderado del grupo de honores se acercó a paso firme frente a la tribuna donde aguardaba la Familia Real.
Felipe VI, nada más verle llegar a su posición, no dudó en intervenir de manera activa. Primero le dio una indicación clara con la mano y, posteriormente, se dirigió a él para decirle algo que no se pudo escuchar a través de los micrófonos de la retransmisión pública. En un primer instante, el monarca se giró hacia su equipo de seguridad y protocolo para pedir algo específico.
Al percatarse de que el abanderado seguía acudiendo hacia él, Felipe VI negó rotundamente con la cabeza y le pidió expresamente con la mano que elevara la bandera desde donde estaba. La firmeza del monarca quedó patente cuando insistió, diciendo un claro “no” y dándole una orden directa al militar del equipo de honores. La rareza de la situación provocó que los comentaristas apuntaran durante la retransmisión de TVE: “Nunca ha pasado esto”.
El objetivo de Felipe VI era resolver la crisis de forma digna. Con su intervención, ordenó a su equipo que se colocaran con la bandera de España de la Guardia Real junto al mástil averiado. De esta manera, el jefe del Estado garantizó que la enseña nacional estuviese presente, en alto y presidiendo los honores durante el resto del desfile, cerrando así un capítulo protocolario que pasará a la historia de las Fuerzas Armadas.



