Si tienes entre 20 y 35 años y te han recetado un ansiolítico en el último año, no eres una excepción: España es el país del mundo que más consume benzodiacepinas (ansiolíticos como el lorazepam o el diazepam) según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes. Y un nuevo reportaje de RTVE pone el foco donde duele: estamos medicando malestar que necesitaría escucha, tiempo y recursos, no una pastilla.
El argumento de los profesionales que aparecen en el reportaje es directo. La ansiedad de la generación más joven no siempre es una enfermedad mental; en muchos casos es la respuesta lógica a un contexto de precariedad, alquileres imposibles y futuro incierto. Tratarlo solo con fármacos tapa el síntoma y deja intacto el problema.
Qué dice el reportaje y por qué importa ahora
RTVE recoge testimonios de psiquiatras y psicólogos clínicos que llevan años avisando: el sistema sanitario público no tiene capacidad para atender la demanda real, y la consulta de Atención Primaria, con apenas siete u ocho minutos por paciente, acaba derivando en receta. Es lo único que el médico puede ofrecer en ese tiempo.
Los datos del Sistema de Información de Atención Primaria del Ministerio de Sanidad apuntan en la misma dirección: las consultas por sintomatología ansioso-depresiva en menores de 35 han crecido de forma sostenida desde 2020, con un repunte claro en mujeres jóvenes. La lista de espera para psicología en la sanidad pública supera, según comunidad autónoma, los cuatro y hasta los ocho meses.
Pides cita, te dan hora para dentro de medio año, y mientras tanto, el ansiolítico. Letra pequeña habitual.
Por qué medicar no resuelve el problema de fondo
Aquí está el detalle que cambia todo. Los profesionales que cita el reportaje no están en contra de la medicación cuando hace falta. Lo que denuncian es otra cosa: que se está usando como primera y única herramienta para problemas que tienen raíz social, no clínica.
Una persona de 28 años que comparte piso porque no puede pagar uno solo, que encadena contratos temporales y que ve cómo el alquiler se come más de la mitad de su sueldo, no tiene un trastorno: tiene un problema estructural. El ansiolítico le ayuda a dormir, pero no le baja el alquiler ni le da estabilidad laboral. Y cuando el medicamento se mantiene en el tiempo sin acompañamiento terapéutico, aparecen los efectos secundarios y la dependencia.
El concepto que aparece varias veces en el reportaje es el de patologización del malestar: convertir en diagnóstico lo que es agotamiento legítimo. Llamarle enfermedad a estar harto de un sistema que aprieta. Y eso, además de injusto, es ineficaz.

Lo que falta y lo que se puede hacer ahora
Lo que piden los profesionales no es ningún misterio: más plazas de psicología clínica en la pública, programas específicos de prevención en jóvenes, y un cambio de enfoque que entienda la salud mental como un asunto comunitario, no solo individual. La ratio actual de psicólogos clínicos por habitante en España está muy por debajo de la media europea, según datos de la Oficina Regional Europea de la OMS.
Comparado con la última gran ola de ansiedad reconocida —la del año posterior al confinamiento— el patrón se repite con un agravante: ahora no hay excusa pandémica. La cifra de bajas laborales por salud mental sigue subiendo año tras año, y el grueso lo aportan las franjas más jóvenes de la población activa. Si la respuesta institucional sigue siendo recetar y esperar, el problema crece.
Lo que sí está al alcance del lector es saber que pedir cita en psicología pública es un derecho, que existen recursos de la Confederación Salud Mental España con orientación gratuita, y que la línea 024 atiende cualquier crisis emocional, no solo ideación suicida. Hablar de esto sin vergüenza también ayuda, aunque suene a tópico. Toca empezar por ahí.
Y sí, la pastilla a veces hace falta. Pero no debería ser lo único.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 🧠 ¿Qué dice el reportaje? Profesionales alertan de que se medica malestar estructural en jóvenes en lugar de ofrecer escucha y terapia.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? Sobre todo a menores de 35 con precariedad laboral y de vivienda, y especialmente a mujeres jóvenes.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Pedir cita en psicología pública aunque la espera sea larga, y usar recursos gratuitos como la línea 024 si lo necesitas.
Si necesitas ayuda
Si estás pasando por un momento difícil, puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad, disponible 24 horas, todos los días, gratis y confidencial.



