El relevo en la cúpula de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha llegado en el momento más delicado de su historia reciente. La destitución de la hasta ahora presidenta, María José Rallo del Olmo, formalizada mediante el Real Decreto 307/2026 publicado en el Boletín Oficial del Estado este 8 de abril, se produce mientras la institución encara, al mismo tiempo, un conflicto interno por la falta de recursos y una intensa campaña de odio y desinformación que erosiona su credibilidad pública.
Rallo, ingeniera de Caminos y licenciada en Economía, había asumido la presidencia de la AEMET a finales de diciembre de 2023, tras una etapa como secretaria general de Transportes y Movilidad en el Ministerio de Transportes. Apenas dos años después deja el cargo "a petición propia por motivos personales", según figura en el BOE, a propuesta de la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, y previa deliberación del Consejo de Ministros.
El Gobierno ha aprovechado el movimiento para rediseñar la dirección de la agencia. El nuevo estatuto separa las funciones de gobierno de las ejecutivas. La presidencia pasa a ser ejercida directamente por el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, configurándose como órgano de gobierno, mientras que una dirección específica asume las funciones ejecutivas. El Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) sostiene que esta reorganización "refuerza la gobernanza" y ordena el funcionamiento interno de una institución clave en un contexto de crisis climática y de creciente exposición mediática.

Los sindicatos han apretado a la AEMET
Los cambios no pueden entenderse sin el profundo malestar que se venía acumulando en la plantilla. Según la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), la AEMET contaba a comienzos de año con unos 1.000 trabajadores, frente a los cerca de 1.500 de etapas anteriores. El déficit de personal, sumado a condiciones exigentes —especialmente para quienes están sometidos a horarios especiales y guardias—, había llevado a la convocatoria de una huelga de 24 horas para el 29 de marzo, finalmente desconvocada tras un acuerdo de última hora.
Los sindicatos denunciaban una dirección poco permeable a las demandas internas. En declaraciones al diario El Mundo, representantes de CSIF en la AEMET describían un estilo "similar al de una administración trumpista", donde se ignoraban las peticiones de los trabajadores y se tomaban decisiones sin contar con su opinión. Algunos empleados criticaban que, desde su nombramiento, lo más visible de la gestión de Rallo había sido el cambio de logo y la implantación de una nueva imagen corporativa, mientras persistían los problemas de fondo.
Aun así, incluso quienes más la habían criticado reconocen que la ya expresidenta tuvo un papel relevante en el desbloqueo del conflicto laboral. En una carta de despedida, CSIF en AEMET habla de una etapa "marcada por una intensidad fuera de lo común", pero le atribuye el mérito de culminar procesos y alcanzar consensos que "ninguno de sus predecesores consiguió concretar". El sindicato subraya que, pese a las tensiones, Rallo optó por sentarse a negociar y facilitó un acuerdo que contempla la incorporación de más de 500 personas a la plantilla entre 2026 y 2028, incluida una oferta de empleo extraordinaria este mismo año.

En su mensaje interno a los trabajadores, la propia Rallo reivindica algunas consecuciones de su mandato, como el nuevo Plan Estratégico de la agencia, la modernización de la imagen corporativa, la mejora de la comunicación interna o la recuperación de la formación en idiomas, además de mostrar su satisfacción por la aprobación del nuevo estatuto. "Ha sido un honor ejercer esta responsabilidad durante estos dos años", ha dicho, antes de anunciar su regreso a su puesto de funcionaria.
Desinformación, odio en redes y una crisis de credibilidad
Mientras la AEMET intenta recomponer la paz de puertas adentro, en el espacio público sigue azotando una tormenta de otro tipo. La agencia se ha convertido en uno de los blancos predilectos de las campañas de desinformación y de odio vinculadas al negacionismo climático y a las teorías de la conspiración sobre la manipulación del clima. Un análisis publicado en la revista académica Social Inclusion, divulgado en España a través de la plataforma The Conversation, documenta cómo una parte significativa de la conversación sobre la AEMET en redes sociales está impregnada de hostilidad.
El estudio, centrado en la dinámica de estas campañas, señala que alrededor del 25 % de los mensajes analizados dirigidos a la AEMET contienen algún grado de contenido de odio, que va de insultos y descalificaciones personales hasta amenazas explícitas a la integridad profesional de meteorólogos y científicos. Buena parte de esa hostilidad se alimenta de narrativas conspirativas como los llamados 'chemtrails' —la falsa idea de que las estelas de los aviones responden a programas de fumigación masiva para alterar el clima— o supuestos proyectos de geoingeniería encubierta.
Estas teorías, sin respaldo científico, han acabado señalando a la AEMET como cómplice de un supuesto plan para manipular el tiempo y provocar sequías o episodios extremos. El resultado es un clima de sospecha permanente hacia los pronósticos y avisos oficiales, ya que cualquier error o cambio en las previsiones alimenta acusaciones de manipulación o de sumisión a intereses políticos, lo que daña la credibilidad de la institución justo cuando su función de alerta temprana es más necesaria.
Una de las tácticas identificadas es la llamada "lluvia fina", que se refiere a la difusión constante y sutil de mensajes falsos o distorsionados que, a base de repetirse, van calando en la opinión pública. En este ecosistema, los llamados 'nanoinfluencers', perfiles con audiencias relativamente pequeñas pero muy fieles, desempeñan un papel clave amplificando contenidos conspiranoicos en plataformas como X (antes Twitter). Junto a ellos operan granjas de bots automatizados que replican y viralizan los mensajes, generando una falsa sensación de consenso.

Cualquier desviación entre la previsión y lo que finalmente ocurre alimenta la narrativa de que la AEMET "no acierta nunca", aunque el margen de error esté dentro de lo esperable en ciencia atmosférica.
Lo ocurrido en los últimos meses ha puesto de manifiesto las dificultades de la agencia para explicar con claridad sus metodologías, así como el grado de incertidumbre asociado .
En febrero, la AEMET designó a Juan Jesús González Alemán, doctor en Física, Meteorólogo Superior del Estado e investigador de la propia agencia, como responsable de liderar la predicción estacional y subestacional y todo lo que la rodea. Su nombramiento llegó precisamente tras la controversia por el pronóstico del invierno en un intento de la institución por reforzar este ámbito con un perfil científico especializado y con experiencia en investigación.
El reto para González Alemán supone también articular una estrategia de comunicación que permita trasladar al público y a los medios qué significan exactamente estas predicciones, cómo se construyen, cuál es su utilidad y en qué no deben utilizarse.



