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La escena del crimen de la niña Laila en Vilanova estaba «a medio limpiar»

Un policía local que encontró el cuerpo de la niña de 13 años asesinada en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), el pasado 4 de junio de 2018, ha asegurado que la escena del crimen estaba «a medio limpiar», durante su declaración este miércoles en la sesión del juicio en la Audiencia de Barcelona.

Ha añadido que el escenario era «un poco dantesco: el suelo estaba mojado, como si hubieran intentado limpiar o fregar el suelo, y que había un cubo de la fregona, con agua teñida de rojo, y cierto olor a lejía».

Dos agentes de la policía local de Vilanova han explicado que estaban patrullando cuando el padre de la víctima les informó de que su hija había desaparecido, y en ese momento, varias patrullas peinaron la zona pero no encontraron a la menor, y sobre las 22 horas, se desplazaron hasta la vivienda de los abuelos e inspeccionaron el edificio preguntando a todos los vecinos.

Dos agentes de los Mossos d’Esquadra han declarado que llamaron a la puerta del acusado, y el hombre les abrió con una toalla enrollada en la cintura, como si acabara de salir de la ducha, y les aseguró que no conocía ni había visto a la niña, y continuaron la búsqueda hacia otros pisos porque «se le veía como una persona coherente que dio credibilidad».

Minutos más tarde, un vecino del edificio señaló a un agente de los Mossos d’Esquadra que sospechaba que la niña estaba en el interior del piso del acusado, y al entrar en una de las habitaciones, este agente ha lamentado: «Observamos a la niña, sin vida, sentada en el suelo con los pies juntos y el cuerpo hacia adelante, con la cabeza dentro de una maleta, tapada con el cabezal de la cama, con mucha sangre y un brazo dislocado, como si hubieran intentado introducirla en el interior».

Los policías han declarado que se encontraron al acusado en el suelo del pasillo de la vivienda sentado, tranquilo, resignado –en sus palabras–, y que lo trasladaron a dependencias policiales por su seguridad, por la gente que se había acumulado en el edificio –amigos, familia de la víctima y otros ciudadanos– estaba muy agresiva.

Varios testigos policiales han asegurado que el acusado no colaboró en ningún momento: «Era como un peso muerto, hasta se nos cayó por las escaleras. El hombre era consciente de lo que estaba pasando», y un mosso ha declarado que en la comisaría el acusado dijo que se encontró a la niña en la cama cuando él entró en casa y que no encontrarían pruebas que le fueran a incriminar.

OTROS TESTIGOS

Un vecino del edificio del acusado ha declarado que la tarde del día del crimen se lo encontró en el portal, en torno las 20.30 horas, y que llevaba dos bolsas de basura alzadas con «una actitud nerviosa y que caminaba con torpeza».

Todos los testigos que hablaron con el acusado el día del crimen han negado que el acusado oliera a alcohol o presentara síntomas de haber tomado sustancias estupefacientes, y todos han coincidido en que durante la detención «estaba muy tranquilo».

Por otro lado, la psiquiatra de la víctima ha expresado que empezó a tratar a la menor cuando tenía ocho años «por la sospecha de un trastorno de déficit de atención e hiperactividad», que mejoró al cabo de un año con tratamiento farmacológico, pero que observó que también tenía un autismo leve.

La profesional ha explicado que la niña «acostumbraba a actuar con angustia ante una situación imprevista», y la tutora que tenía en ese momento ha afirmado que era una niña de carácter alegre y muy obediente.