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Quizás esta historia comenzó meses antes de que se desencadenaran los funestos acontecimientos que sacudieron a la pequeña comunidad de Mayes, en el estado de Oklahoma, el verano de 1977. Nadie lo sabrá. Lo que allí sucedió continúa siendo un misterio.

Mayes, un antiguo asentamiento indio, se erigió entre majestuosos bosques, ríos y arroyos en el medio-este de los Estados Unidos. Un enclave privilegiado para disfrutar de la naturaleza.

El campamento para chicas ‘Camp Scott’ acogía cada verano cientos de niñas con la promesa de que allí encontrarían diversión, harían nuevas amistades y aprenderían a trabajar en equipo: las galletas que se cocinaban en sus instalaciones gozaban de una excelente reputación en el lugar. “El sitio ideal para que una joven se encuentre así misma”, recordó tiempo después Barbara Day, directora de la colonia en aquellos años.

Tras los hechos descritos a continuación, ‘Camp Scott’ jamás volvió a abrir sus puertas.

El 12 de junio de 1977 la colonia inauguraba la temporada estival y daba la bienvenida a las excursionistas que llegaban de las localidades cercanas a bordo de autobuses dispuestas a pasar las mejores dos semanas de su vida.

Lori Lee Farmer y Michele Guse

Así se conocieron Lori Lee Farmer, de ocho años, Michele Guse, de nueve, y Doris Milner, de diez.

Lori Lee Farmer, Michele Guse y Doris Milner.

Era la primera vez que las niñas dormían fuera de sus casas y las tres eran vecinas de Broken Arrow, un suburbio de Tulsa, motivos por los que la dirección las instaló juntas en la cabaña número siete de una zona del campamento conocida como ‘Kiowa’, donde convivirían con otras 27 jóvenes. Sin embargo, la suya era la tienda más alejada del puesto de mando donde dormían las monitoras.

Una fuerte tormenta hizo su aparición por la tarde y las responsables ordenaron a las chicas que se guareciesen de la lluvia en sus respectivas casetas hasta el día siguiente. Así se lo hicieron saber a sus padres en tres cartas que las pequeñas escribieron el primer día siguiendo la tradición del campamento. Las menores no llegaron a ver la luz del día.

A las seis de la mañana del día siguiente, Carla Wilhite, encargada de ‘Kiowa’, encontró tres cuerpos envueltos en sus sacos de dormir a varios metros de la cabaña número siete, donde las niñas debían haber pasado la noche. Una hora y media después se puso en marcha una investigación.

Las menores habían sido violadas, brutalmente golpeadas y estranguladas. El agresor abusó de las más pequeñas, a las que golpeó hasta la muerte y después ató con una cuerda en posición fecal. La mayor fue sodomizada y estrangulada.

Las niñas había sido asesinadas en su tienda y los cuerpos trasladados a unos cincuenta metros del lugar del crimen. Los primeros agentes que inspeccionaron a la escena dijeron que era obra de un “monstruo”.

Las autoridades interrogaron a las trabajadoras y niñas de ‘Camp Scott’. Wilhite y otras chicas aseguraron haber escuchado un grito sobre la 1:30 de la madrugada, además de haber visto una luz que provenía de una linterna cerca de la zona de las duchas, el mismo lugar donde fueron encontrados los cuerpos.

Tienda nº 7 en Kiowa

Cuando escuchó el grito, Wilhite salió de su tienda, a unos 120 metros de la número 7, para inspeccionar los alrededores, pero no vio nada y no dio importancia al chillido, ya que éste no se había repetido y la tormenta había alterado a las niñas. Era habitual que éstas se asustaran debido a los truenos. Regresó a su cama. El alarido también fue percibido desde las cabañas de la zona ‘Cherokee’.

Croquis Camp Scott

 

Las pistas más sólidas con las que contaban los investigadores fueron las que se encontraron junto a los cadáveres: una linterna, en cuya lente, cubierta por una tela negra, se halló una huella dactilar, y un rollo de cinta aislante del mismo color con partículas de pelo pegadas en el adhesivo, y en la cabaña: una pisada ensangrentada impresa en la madera del suelo.

Los responsables del caso solicitaron una lista de los agresores sexuales de la zona y centraron su atención en Gene Leroy Hart, un prófugo de la justicia de origen Cherokee y antiguo carnicero de profesión que contaba con antecedentes por violación, entre otros cargos.

Retrato robot de Gene Leroy Hart

Leroy se había fugado de la prisión de Mayes cuatro años antes de los crímenes y había crecido en la localidad. Su madre tenía una propiedad a menos de un kilómetro del lugar donde fueron encontradas las pequeñas. Cuando las autoridades intentaron localizarle, Hart había desaparecido.

Comenzó entonces uno de mayores despliegues policiales en la historia de los Estados Unidos.

En una cueva cerca de la tienda, los agentes descubrieron dos fotografías que habían sido tomadas por el sospechoso en la prisión de la que años antes se había fugado; un rollo de cinta aislante parecido al encontrado en el escenario del crimen; unas gafas; y varios objetos que hacían pensar que alguien había estado viviendo allí. Nunca se supo cómo esas fotografías acabaron en la cueva.

Rollo de cinta aislante encontrado en la escena del crimen

La búsqueda se prolongó durante casi un año y su captura se produjo cuando ya se había perdido cualquier esperanza de encontrarle. La policía aseguró que estaba segura al 100% de haber dado con el responsable.

Primeras imágenes del arresto de Gene Leroy Hart

Sin embargo, durante el juicio la Fiscalía no pudo demostrar su culpabilidad o su implicación en el asesinato. La huella de la linterna no coincidía con la del detenido y la pisada encontrada en la cabaña era más pequeña que el tamaño del pie del sospechoso. El pelo, por el contrario, se “asemejaba” a los trozos de cabello adheridos a la cinta.

Pero lo que definitivamente la prueba que exculpó a Hart del asesinato fueron los restos de semen hallados en el cuerpo de las víctimas.

El acusado se había practicado una vasectomía varios años antes y no producía esperma. Fue absuelto por un jurado popular. Aún así, Hart fue conducido a prisión por sus delitos anteriores. Semanas después moría de un ataque al corazón mientras corría en el patio de la cárcel.

El crimen de ‘Camp Scott’ ha supuesto un verdadero quebradero de cabeza para los investigadores, muchos de ellos mantienen que fue Hart el único culpable, algo que, por el momento, nadie ha podido demostrar. No hubo condenados por el asesinato.

Como decía, la tragedia pudo tener su germen meses antes de la noche del 12 de junio. En abril, un extraño suceso ocurrió en ‘Camp Scott’.

Dos meses antes de los asesinatos, la caseta del guardés del campamento fue asaltada y robaron varias pertenencias. Lo extraño del incidente fue una inquietante nota que los cacos dejaron escrita en una caja de donuts. En ella se avisaba que tres visitantes morirían ese verano. Cuando el hecho fue denunciado, las autoridades no dieron credibilidad a la amenaza y ésta se desestimó.