1La base: tarta de queso sin horno con cantidades exactas para un molde de 20 cm
El molde de 20 cm es la medida que se repite en casi todas las recetas de tarta de queso sin horno, y no por casualidad: con esa superficie, 200 g de galletas tipo María o digestive trituradas y entre 80 y 100 g de mantequilla fundida dan una capa de algo menos de un centímetro que se compacta con el dorso de un vaso y se corta en porciones limpias sin desmoronarse. La proporción importa: con menos de 80 g de grasa la base se rompe al desmoldar; con demasiada, se nota la mantequilla y la galleta pierde el crujiente. Ahí está buena parte de su mérito para esta lista: se monta en unos veinte minutos, no necesita horno porque la nevera hace el trabajo, y deja el postre resuelto desde la víspera, que en una noche de Halloween es media fiesta. Y admite la trampa temática sin cambiar nada más: sustituir un tercio de las galletas por Oreo o añadir una cucharada de cacao amargo deja una "tierra" oscura sobre la que clavar después las decoraciones.
El relleno para ese mismo diámetro se mueve en un margen que las recetas repiten con bastante consenso: 500 g de queso crema a temperatura ambiente, entre 200 y 400 ml de nata para montar con un 35 % de materia grasa como mínimo, 90-100 g de azúcar, una cucharadita de vainilla y 5 o 6 hojas de gelatina neutra (unos 10-12 g si es en polvo). La nata marca el carácter: en el extremo alto sale una tarta más aireada y tipo mousse; en el bajo, más densa y quesera, la que mejor aguanta el corte en porciones altas. Las hojas se hidratan cinco o diez minutos en agua fría, se escurren y se disuelven en la nata templada sin que llegue a hervir, antes de mezclar con el queso batido. Con la base ya fría, se vierte, se alisa y van cuatro horas de nevera como mínimo, mejor toda la noche, para 8 o 10 raciones.
