Ryu Murakami muere a los 74 años y deja más de 40 obras que todavía escuecen. El autor de Audition falleció en su casa el pasado 17 de octubre.
Lo ha confirmado su editorial, Gentosha. Y la etiqueta con la que va a pasar a la historia es la de siempre: escritor subversivo. Subversivo es un eufemismo de sobremesa.
Al hombre lo bautizaron como el enfant terrible de la narrativa japonesa y el adjetivo le hacía gracia a todo el mundo menos a él. Travesura suena a broma. Lo suyo era otra cosa.
El otro Murakami, el que escribía con las manos sucias
Aviso para despistados: si has llegado aquí pensando en el autor de Tokio Blues, estás en el sitio equivocado. Ryu y Haruki comparten apellido, país y poco más. Uno escribe sobre gente que pasea y escucha jazz. El otro, sobre gente que se rompe por dentro y luego sale a la calle.
En esas más de 40 obras hay violencia sin anestesia, consumo explícito de drogas, sexo sin cortinilla, y un humor negro que funciona como bisturí contra la sociedad japonesa y contra la americana. Las dos. A la vez. Sin pedir permiso.
No iba de provocar al lector, iba de provocar a su país. Y eso, en un mercado editorial que premia la contención y el silencio, es jugar en modo difícil.
Tampoco se libró de la etiqueta de autor maldito, que es la forma elegante de decir que vendía mucho y molestaba más.
El escándalo nunca fue su literatura: era que Japón se reconociera en ella sin necesidad de espejo.
De la página al plano: 'Audition' y la trampa del casting
Si su nombre ha llegado hasta aquí, ha sido por Audition. La novela arranca con un viudo que monta un casting falso para encontrar pareja. Y sigue por un camino que no conviene destripar. Digamos que la cita no acaba en restaurante.
La adaptación cinematográfica convirtió el libro en un título de culto del horror indie, de esos que se pasan de mano en mano y con los que se presume de estómago. Hay quien la vio y tardó tres días en volver a mirar una audición con normalidad.
El resto del catálogo aguanta el tipo. Coin Locker Babies es la puerta de entrada que recomiendo a quien no haya leído nada: dos bebés abandonados en taquillas de estación, y todo lo que viene después es peor. Y mejor. A la vez.
Lo que queda cuando se apaga la provocación
Aquí viene la parte incómoda. Durante décadas, medio circuito literario trató a Murakami como un fenómeno de feria: el japonés salvaje, el que se atrevía. Ese marco dice más de quien lo usaba que del propio autor. Leerlo como provocación es la forma más cómoda de no leerlo.
Porque sus libros envejecen regular tirando a bien. Lo que en los ochenta parecía exceso hoy se lee como adelanto. La soledad urbana, la violencia doméstica, la industria del entretenimiento como máquina de triturar gente: nada de eso ha caducado. Más bien al contrario.
Cuando muere un escritor incómodo, la industria hace dos cosas a la vez: lo canoniza y lo desactiva. Lo mete en la colección de clásicos y le quita las uñas. Con Murakami va a ser complicado, porque las uñas eran el libro. Quien quiera el contexto rápido de su figura tiene su entrada en Wikipedia, aunque se queda corta.
Quedan las traducciones, las reediciones que irán llegando y la filmografía. Y queda una pregunta sin respuesta fácil: quién ocupa ahora ese hueco, el del autor que escribe exactamente lo que su país preferiría no leer en voz alta.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Ryu Murakami murió el 17 de octubre a los 74 años, según su editorial.
- 🔥 ¿Por qué importa? Deja 40 obras incómodas y 'Audition', puerta de culto al horror indie.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Léelo: entenderás mejor Japón y un par de cosas más.



