Llevamos ya varias jornadas de LaLiga EA Sports 2026-27 y hay una queja recurrente que arrastramos desde temporadas atrás y que se repite cada fin de semana en las redes sociales de los aficionados al fútbol en España. No tiene que ver con el VAR, ni con los horarios, ni con el precio de las suscripciones (que también). Tiene que ver con algo mucho más básico: los goles. O, mejor dicho, con la imposibilidad de verlos en redes sociales mientras se están disputando los partidos. Las cuentas oficiales de DAZN y Movistar Plus, las dos plataformas que se reparten los diez encuentros de cada jornada, apenas publican tantos aislados y siempre una vez que el árbitro ha pitado el final.
Pongamos como ejemplo DAZN en la jornada inaugural de la temporada, donde pudimos ver solo algún gol en redes y exclusivamente tras la finalización de los partidos. Los primeros goles de los ascendidos Racing o Deportivo los vimos desde media hora después hasta incluso pasadas unas horas. Durante el encuentro, solo se compartieron algunos vídeos cortos de momentos más intrascendentes, y también transcurridos unos minutos desde que sucedieron.
Lo que hay que tener claro es que no se trata de un descuido ni de una decisión editorial de las cadenas. Según fuentes conocedoras de la normativa interna que rige los contratos televisivos, LaLiga impide generalmente a los operadores con derechos de emisión publicar los goles en sus perfiles de redes sociales mientras el partido está en juego. Los contratos entre la patronal, Telefónica y DAZN no son públicos y no hemos podido acceder a ellos, pero desde luego resulta evidente para cualquiera que siga las cuentas de los operadores un sábado por la tarde.
Una vez acabado el encuentro, las plataformas disponen de un margen para subir clips que, además, suelen contar con solo unos pocos segundos de duración. Y si el partido ha sido una fiesta goleadora, ni siquiera se suben todos los tantos.
El modelo de LaLiga es el opuesto al que triunfa en el resto del mundo
La restricción de LaLiga resulta difícil de comprender cuando se observa lo que sucede en otras competiciones de primer nivel. Sin ir más lejos, el Mundial de 2026, disputado este mismo verano en Estados Unidos, Canadá y México, apostó por la estrategia contraria. La FIFA puso a disposición de los usuarios goles, paradas y momentos destacados en sus canales oficiales de YouTube, TikTok e Instagram minutos después de que ocurrieran. Los clips alcanzaban millones de reproducciones antes incluso de que terminaran los partidos, y esa exposición masiva no perjudicó las audiencias televisivas del torneo, sino que las alimentó.
Pero si hay una competición que ha convertido la viralidad en el pilar de su modelo de negocio, esa es la NBA. La liga estadounidense de baloncesto promueve la publicación de los highlights de forma gratuita y abierta con una filosofía que la propia organización ha descrito en múltiples foros como una estrategia de "aperitivo frente a comida completa". Si ofreces pequeños bocados gratis, el público acabará queriendo más y formar parte de aquello que se está perdiendo. No hay sustituto para la experiencia del directo, pero el clip corto funciona como el mejor anuncio posible.
La NBA ha hecho de la publicación de los highlights e incluso vídeos largos de los partidos su arma para captar más aficionados a su negocio
Y los números avalan esa apuesta de forma contundente. El 70 % de los seguidores de la NBA en redes sociales viven fuera de Estados Unidos, según un informe de la propia liga recogido por GBM Media, lo que da una idea de hasta qué punto la difusión libre de contenido ha acelerado su internacionalización. En X (Twitter) se mueve en torno a los 50 millones de seguidores, en Instagram supera los 90 millones y en TikTok en los 25.
Solo en España, la NBA acumuló más de 1.000 millones de visualizaciones de su contenido en redes y plataformas online en 2024, como publicamos en este mismo diario, cuando contamos que la NBA incluso alimenta rumores para su propio beneficio, tolerando y hasta potenciando cuentas paródicas como NBA Centel, con medio millón de seguidores, porque entiende que todo lo que genere conversación alrededor de su producto acaba siendo publicidad.

LaLiga, en cambio, persigue cada clip con reclamaciones de derechos de autor. Los usuarios de X que comparten goles reciben correos electrónicos con el asunto "We've received a DMCA notice regarding your account" en los que se detalla no solo la publicación infractora, sino las cuentas que la han compartido. Un sistema de vigilancia que lleva años funcionando y que, lejos de relajarse, se ha intensificado con el arranque de la nueva temporada. Todo ello se suma a los polémicos bloqueos dinámicos de direcciones IP contra la piratería, que han vuelto a activarse con el inicio del campeonato 2026-27 y que afectan a cientos de miles de dominios completamente ajenos al fútbol.
¿Proteger el producto o asfixiarlo?
El razonamiento de LaLiga para mantener estas restricciones descansa en la defensa de unos derechos televisivos que no dejan de crecer en valor. La competición superará los 6.135 millones de euros en ingresos audiovisuales domésticos en el ciclo 2027-2032, un 9 % más que el periodo anterior, según anunció el propio Javier Tebas en noviembre de 2025. Movistar Plus y DAZN se reparten los cinco partidos por jornada cada uno, con un contrato renovado hasta 2032. Son cifras que imponen respeto y que explican por qué la organización trata cada segundo de imagen como si fuera un activo blindado.
Pero la pregunta que se hacen muchos aficionados y profesionales del sector es si esa sobreprotección no está generando el efecto contrario. Que un seguidor del Racing de Santander no pueda ver el primer gol de su equipo en Primera División hasta horas después del partido no protege el producto... lo invisibiliza. En la era de la inmediatez, donde un vídeo que no se publica en los primeros minutos pierde toda su capacidad de viralización, llegar tarde equivale a no existir.
Sea como fuere, el control que ejerce LaLiga sobre los clips audiovisuales no es nuevo. Ya en 2016 la competición sacó a concurso un lote específico de "clips o minirresúmenes de noventa segundos de cada partido, en régimen de no exclusiva", lo que da una idea del nivel de granularidad con el que se gestiona hasta el fragmento más breve del espectáculo. Ese corsé, trasladado a los contratos actuales con los operadores, es el que produce las restricciones que el aficionado percibe cada fin de semana sin entender muy bien por qué.

Mientras LaLiga levanta muros alrededor de sus goles, el fútbol compite por la atención de un público joven que ya no se sienta a ver un partido completo si antes no le han enganchado al deporte con un clip de diez segundos en el móvil. La NBA lo entendió hace años y ha hecho de ello su principal motor de crecimiento global; la FIFA lo aplicó con éxito este verano en el Mundial; y la Premier League, aunque también protege sus derechos con firmeza, permite a sus operadores manejar los contenidos en redes con una flexibilidad que en España sería impensable.
En un negocio donde la viralidad es la nueva publicidad y donde cada gol compartido es un anuncio gratuito que llega a millones de potenciales espectadores, censurar esos momentos en redes sociales se parece mucho a pegarse un tiro en el pie. LaLiga puede seguir subiendo el precio de sus derechos televisivos, pero si el producto no se ve, no se comparte y no genera conversación más allá del salón de quien paga la suscripción, el riesgo de volverse irrelevante para las nuevas generaciones es cada temporada un poco más real.



