"Farmear el aura", la nueva moda juvenil del reconocimiento social que puede volverse dependencia

Detrás de las batallas de aura hay una necesidad adolescente de encontrar identidad, según la psicóloga Montse Escobar. El riesgo aparece cuando la aprobación de los demás se convierte en el termostato emocional.

Si has oído a tu sobrino hablar de 'farmear aura' y te has quedado con cara de póker, tranquilo: no eres el único.

Te lo resumo en un segundo: 'farmear el aura' es acumular carisma, presencia y capacidad de caer bien a base de repetir gestos o poses. Viene del mundo de los videojuegos, donde 'farmear' significa repetir acciones para conseguir puntos. Y no, no hace falta ser gamer para entenderlo: es como la popularidad, pero con marcador.

Qué es exactamente 'farmear el aura' y de dónde sale la expresión

Las llaman 'batallas de aura'. Y consisten, básicamente, en una competición para ver quién proyecta más seguridad, más carisma o más presencia delante de los demás. Gana quien se muestra más interesante sin que se le note que lo está intentando. Es el equivalente a ir sumando puntos de presencia, pero sin tablero y con testigos.

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La inglesa 'aura farming' ya aparece documentada en redes desde enero de 2024, sobre todo en comunidades de anime y memes. De ahí saltó a TikTok e Instagram, donde los vídeos de 'batallas de aura' se cuentan por miles. Vamos, que no es un invento de este verano.

Por qué no es una cuestión de baja autoestima (y qué pinta aquí la mirada de los demás)

Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic, lo deja claro: este juego responde a una necesidad típica de la adolescencia, la de explorar la identidad y encontrar un hueco en el grupo. La mirada de los demás funciona como un espejo para descubrir quién eres. No hay que asumir que la mayoría de los participantes tiene baja autoestima. Como dice Escobar, la autoestima no se juega en un marcador.

Antes el prestigio se ganaba con una prenda concreta, un acento a lo barrio o siendo el más atrevido del grupo. Ahora se llama 'aura' y funciona como una especie de capital simbólico. La diferencia es que las redes lo han hecho público, permanente y cuantificable: puedes mirar durante horas cuánta gente ha visto tu vídeo, quién ha reaccionado y cómo de bien te ha ido en comparación con otros.

El problema no es el juego, sino empezar a creer que tu valor depende de los puntos que te dan los demás.

Ojo, que nadie se asuste: farmear aura no es el demonio. Mientras la cosa se quede en reírte con tus amigos y el reconocimiento se disfrute sin necesitarlo para seguir con tu vida, forma parte del juego social de toda la vida. El detalle incómodo llega cuando dejas de preguntarte si quieres hacer algo y pasa a importarte solo cómo lo van a ver los demás.

Y aquí está el detalle: la audiencia ya no desaparece cuando cierras la puerta de casa; te acompaña en el bolsillo durante todo el día.

Cuándo la aprobación deja de ser un juego y se convierte en un problema

Para Escobar, la señal más clara aparece cuando desaparece la audiencia. Si al quedarte solo te hundes, si sientes que necesitas el aplauso para estar bien o si cambias tu forma de actuar solo para ganar puntos, hay un problema. Cuando la validación externa regula tu estado de ánimo, el juego se ha torcido.

La psicóloga plantea una pregunta que te deja pensando: '¿quién soy cuando nadie me está mirando?'. Y es que crecer, dice, no significa dejar de necesitar a los demás. Significa construir una mirada propia que te reconozca incluso cuando el entorno no aplaude. Una frase sencilla que conviene soltar en la cena, justo antes de pedir el móvil.

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🧠 Para soltarlo en la cena

Tu ánimo no puede depender solo del aplauso digital ajeno.