Las galerías comerciales modernistas de España convierten una mañana de compras en un paseo por el siglo XIX. Hierro forjado, cúpulas de vidrio, escaparates con molduras y ese punto de boato que solo tienen las catedrales laicas del comercio. No hace falta volar a Milán para sentirse dentro de una postal.
La referencia es clara: la Galleria Vittorio Emanuele II, proyectada por Giuseppe Mengoni entre 1865 y 1877 junto a la Piazza del Duomo y capaz de conectar el Duomo con La Scala. Según recoge Mujerhoy, este tipo de pasajes nacieron a imagen y semejanza de la Burlington Arcade de Londres y sublimaron el mero acto de comprar.
Lo interesante es que no hay que irse fuera de España. En pleno centro histórico de Albacete, Valladolid y Zaragoza se despliegan tres galerías que demuestran la ambición estética de finales del XIX y principios del XX. Son a la vez comerciales y residenciales, unen calles y barrios, y todavía invitan a pasear sin prisa.
Qué es una galería comercial modernista
Hablamos de pasajes cubiertos, pensados para que la burguesía de la época pudiera ver y ser vista, como describe el reportaje. La arquitectura modernista se reconoce por la ornamentación vegetal, las líneas curvas y el uso del hierro y el vidrio. Es el lenguaje del art nouveau, la corriente que renovó el gusto europeo a caballo entre el siglo XIX y el XX.
La palabra puede sonar técnica, pero se entiende al mirar una columna, una cariátide o una cúpula. Las galerías no eran solo un lugar para comprar: eran un escenario social. Y en España se conservan tres ejemplos estupendos.
Comprar nunca fue tan artístico como perderse bajo estas cúpulas del siglo XIX.
La ruta suma tres paradas: Albacete, Valladolid y Zaragoza
La ruta comienza en el Pasaje de Lodares, en pleno centro histórico de Albacete. Une las calles Tinte y Mayor mediante un recorrido de noventa metros y se ha convertido en un emblema fotogénico de la ciudad.

Lo diseñó Buenaventura Ferrando Castell por encargo del empresario Gabriel Lodares entre 1925 y 1929. Sus tres plantas quedan coronadas por una cúpula de hierro y vidrio que filtra la luz. Conviene fijarse en las pilastras que enmarcan los escaparates, en los balcones de hierro forjado y en las cariátides que representan la Industria, la Riqueza de la Tierra, las Artes Poéticas y las Artes Liberales.
También hay guiños escultóricos a Mercurio, el protector del comercio, y dos fachadas con carácter distinto. La de la calle del Tinte es la más apoteósica; la de la calle Mayor, más modesta. Hoy sigue funcionando con pequeñas tiendas y cafeterías.
En Valladolid, el Pasaje Gutiérrez conecta la catedral con la plaza Mayor a través de las calles Fray Luis de León y Castelar. Se inauguró en 1886, antes que el de Lodares, y nació para el recreo de la alta burguesía con productos llegados de Europa.
El proyecto de Jerónimo Ortiz de Urbina tiene dos alturas: el primer piso abierto a los escaparates y el segundo reservado a viviendas. La rotonda central se cubre con hierro y teja de vidrio y alberga una escultura de Mercurio, mientras las pinturas mitológicas de de Salvador Seijas embellecen los techos.
Tras años de bonanza, el pasaje cayó en el olvido, pero fue restaurado a finales del siglo XX y recuperó su actividad comercial. La entrada de rejería, con el nombre y la fecha de nacimiento, sigue recibiendo a quien se acerca.
La tercera parada está en Zaragoza. El Pasaje del Comercio y de la Industria revive en el centro, junto al Ebro. Se le conoce como el Pasaje del Ciclón por la antigua juguetería que animaba su interior.
Fue levantado entre 1882 y 1883 por el arquitecto Fernando de Yarza, a instancias del marqués de Ayerbe. Su decoración combina motivos geométricos y florales, columnas neoclásicas y techos ornamentados. Estuvo durante años como simple lugar de paso, hasta que la Expo de 2008 devolvió su brillo comercial.
Hoy acoge tiendas, bares y restaurantes. Son dos galerías que se cruzan en el centro, con cuatro entradas: la plaza del Pilar, la calle Santiago, la calle Alfonso I y la Delegación del Gobierno.
Por qué esta ruta merece una escapada artística
Hay algo en estos pasajes que supera la anécdota arquitectónica. Los tres comparten una misma vocación: transformar el consumo en un ritual elegante, con el lujo entendido como ornamento y escenografía. La comparación con la Galleria de Milán funciona, pero el matiz español aporta cercanía y una escala más íntima.
Conviene mirar despacio. Las cariátides de Lodares, la cúpula de Gutiérrez y la geometría del Ciclón son lecciones de historia del gusto en un solo paseo. En un tiempo en el que las compras tienden a lo digital, estos recintos recuerdan el valor de la experiencia física: escaparates, luces, techos que obligan a alzar la mirada.
Para quienes planean una escapada de proximidad, forman una ruta perfecta para un fin de semana urbano. No dependen de una fecha de clausura ni de una entrada con horario; se integran en el tejido de la ciudad. Eso sí, conviene consultar los horarios de apertura de cada pasaje y de sus comercios en las webs municipales antes de viajar.
La próxima vez que pases por Albacete, Valladolid o Zaragoza, no te quedes en la superficie monumental. Busca el pasaje, cruza su umbral y deja que la luz de la cúpula haga el resto. Es el plan de arte más elegante que un paseo urbano puede regalar.
Ficha técnica
- Título: Ruta de las galerías comerciales modernistas de España.
- Autor o autora: Buenaventura Ferrando Castell, Jerónimo Ortiz de Urbina y Fernando de Yarza.
- Qué puedes ver: Tres pasajes históricos con cúpulas de hierro y vidrio, cariátides, esculturas de Mercurio y decoración modernista.
- Recinto y ciudad: Pasaje de Lodares (Albacete), Pasaje Gutiérrez (Valladolid) y Pasaje del Comercio y de la Industria (Zaragoza).




