Hay historias que parecen sacadas de una novela de aventuras, pero ocurrieron de verdad. La de Antonio Veciana y Santiago Guillén, dos jóvenes albaceteños que en 1962 dieron la vuelta al mundo en 79 días sobre una Vespa, es una de ellas. Y lo hicieron con un extra de genialidad: la moto, bautizada Dulcinea, llevaba la firma pintada de Salvador Dalí, convirtiéndola en mucho más que un vehículo, en una obra de arte sobre ruedas.
La idea surgió tras ver La vuelta al mundo en ochenta días en el cine. Aquella tarde de 1960, Veciana y Guillén decidieron emular a Phileas Fogg, pero en un día menos. Parecía una locura, pero dos años de preparación —reuniendo mapas casi imposibles en una España aislada, tejiendo apoyos y eligiendo la montura ideal— demostraron que la ilusión mueve montañas. La Vespa 150 cc, fabricada en España, se presentó como el vehículo perfecto: sencillo, fiable y con repuestos en todo el mundo.
Una ambición de película: emular a Phileas Fogg en un día menos
Los 79 días no fueron azar: salir el 25 de julio, día de Santiago, y llegar el 12 de octubre, fiesta de la Hispanidad, encajaba con su deseo de abrazar un símbolo patrio. La ruta iba de Francia a Japón, pasando por Afganistán y Pakistán, y luego Estados Unidos. En total, 20.000 kilómetros. Para cruzar los océanos, cerraron un acuerdo con la aerolínea BOAC, que les exigió a cambio, citarlos en el libro que escribirían después.
El viaje fue una prueba de resistencia física y de ingenio. En Afganistán, una avería en el cárter les dejó tirados en el desierto; resolvieron subiendo la moto a un autobús hasta Kabul, donde soldaron la pieza. A veces conducían diecisiete horas seguidas para recuperar el tiempo perdido, turnándose para dormir en marcha. La fortaleza de su amistad fue el verdadero motor, y así lo reflejan los 18 accidentes leves que sufrieron, ninguno grave, y la hospitalidad que encontraron en cada parada.
A veces, el arte surge de la unión entre una gesta humana y un gesto inesperado. La Vespa de Dalí es el mejor ejemplo.
Dalí, Gala y la moto que se volvió lienzo
Buscaban un artista que diera prestigio al proyecto, y descartaron a Picasso por su mala relación con España. Entonces, desde la cabina de teléfono de su colegio mayor, marcaron la centralita de Cadaqués. El mismo Salvador Dalí atendió la llamada. Les invitó a Portlligat y, un fin de semana, la Vespa se convirtió en un cuadro rodante. Pintó sobre ambos lados su firma y la de Gala, una corona, una cruz, una espada y un oso blanco. “Nos atendió fenomenalmente bien, desayunamos juntos… Dalí fue delicioso y Gala encantadora”, recordaría Veciana.
Aquella decoración improvisada transformó la moto en un objeto de colección único. No era un mero transporte, sino una escultura viajera. Los jóvenes pasaron el fin de semana en Cadaqués mientras la pintura se secaba, y luego partieron hacia su hazaña. La Vespa, ya bautizada Dulcinea, los acompañó como un talismán artístico.

El valor artístico de una Vespa que dio la vuelta al mundo
Hoy, Dulcinea se exhibe en el Museo Piaggio de Pontedera, en la Toscana. Es la Vespa más cotizada del planeta y, según algunos expertos, una de las motos más caras jamás subastadas. Pero su valor no está solo en el mercado: es un documento de la España de los años 60, una prueba de cómo la cultura pop y la alta pintura pueden fusionarse. Dalí, el surrealista por excelencia, dejó su huella en un objeto cotidiano muy español, demostrando que el arte no entiende de formatos.
El viaje en sí también fue un acto artístico: dos jóvenes con una fe casi quijotesca que contaron con la ayuda de de numerosos amigos y colaboradores, desde el alcalde de Madrid hasta el papa Juan XXIII, que los bendijo. Al regresar, vendieron la moto a Vespa por 100.000 pesetas, fundaron los Premios Dulcinea y cedieron los derechos del libro 79 días. Vuelta al mundo en Vespa a Manos Unidas. La historia, así, se convirtió en legado solidario.
La Ducinea de Veciana y Guillén es mucho más que una moto: es un símbolo de que la voluntad y el arte pueden dar la vuelta al mundo. Por eso, hoy reposa en un museo, no solo como pieza de ingeniería, sino como obra maestra de una época de sueños imposibles.
Ficha técnica
- Título: Dulcinea (Vespa 150 cc decorada por Salvador Dalí).
- Autor o autora: Salvador Dalí (pintura sobre la moto), con la participación de Gala.
- Qué puedes ver: Una Vespa 150 cc con la firma de Dalí y Gala, una corona, una cruz, una espada y un oso blanco a ambos lados; testigo de una vuelta al mundo en 79 días.
- Recinto y ciudad: Museo Piaggio, Pontedera (Toscana, Italia).



