Si has trabajado alguna vez en un aula sin ventilación o en una oficina que parece un horno en julio, sabes que el calor extremo no es solo incomodidad: es un riesgo para la salud. La Inspección de Trabajo acaba de dar un golpe sobre la mesa en la Comunidad Valenciana y ha dejado claro que la Generalitat no está protegiendo a sus docentes frente al estrés térmico (el riesgo para la salud por exposición a temperaturas elevadas en el trabajo). Y esto no es solo cosa de profesores: es un precedente para cualquier persona que sufra temperaturas extremas en su puesto.
Según el informe de la Inspección, de los 17 centros educativos públicos de la provincia de Alicante que fueron examinados, solo tres contaban con una evaluación inicial de riesgos. Ninguno —cero— había realizado la obligatoria evaluación específica de estrés térmico. La administración incumple de forma sistemática la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (artículo 16 de la Ley 31/1995) y, como consecuencia, no puede identificar ni poner remedio a un riesgo que sufren trabajadores y alumnado cada verano.
Qué ha encontrado realmente la Inspección
El requerimiento de la autoridad laboral es contundente. Tras revisar los protocolos aportados por la Generalitat, la Inspección concluye que “no suponen ni un diagnóstico de situación adecuado para conocer la situación de riesgo existente en los centros educativos ni, por lo tanto, una garantía de la efectividad de sus medidas”. En otras palabras: los documentos que presentó la administración no servían para nada.
Además, la Inspección de Trabajo recuerda que el Real Decreto 486/1997 sobre lugares de trabajo establece que las condiciones ambientales no pueden suponer un riesgo para la seguridad y la salud de los trabajadores. Y añade dos exigencias con plazos concretos: la Generalitat debe adoptar medidas urgentes que garanticen las condiciones mínimas antes del inicio del curso escolar 2026-2027, y tiene cuatro meses para realizar una evaluación inicial de riesgos en los centros que carecen de ella y una evaluación específica de las condiciones ambientales. Las denuncias fueron presentadas por CGT Ensenyament el pasado mes de junio.
La Inspección certifica que los protocolos de la Generalitat ni diagnostican ni garantizan nada frente al calor en las aulas.
Qué significa esto para los docentes (y para cualquier currante)
El caso valenciano pone blanco sobre negro una realidad que muchos trabajadores sospechan: la administración mira hacia otro lado hasta que alguien denuncia. Si trabajas con calor y tu empresa no ha evaluado el riesgo, puedes exigir que lo haga. No importa que seas funcionario, interino o empleado de una pyme: la normativa es la misma para todas las personas trabajadoras.
La respuesta de la Dirección Territorial de Educación, según relatan desde CGT, fue “echar balones fuera” alegando que los documentos estaban en manos del INVASSAT (Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo). La Inspección no aceptó esa excusa: la responsabilidad de garantizar la seguridad es de la Generalitat como empleadora, no de un organismo externo. Este tirón de orejas abre la puerta a que cualquier trabajador en una situación parecida pueda acudir a la Inspección de Trabajo con más respaldo.

El sindicato denunciante valora el resultado como “un paso más para forzar a la Administración a que cumpla con las leyes”, aunque lamenta que sea necesario llegar a este punto para que la propia administración se tome en serio la seguridad de su personal y del alumnado de la educación pública.
El precedente que cambia las reglas del juego
No es la primera vez que el calor en las aulas genera conflicto. Ya en 2022 y 2023, las olas de calor llevaron a protestas de docentes, recogidas de firmas y paros puntuales en varias comunidades. Pero hasta ahora la respuesta institucional había sido tibia: ventiladores, recomendaciones genéricas y poca inversión en climatización. Este informe eleva el problema a la categoría de incumplimiento legal, y eso cambia las cosas.
Lo relevante no es solo que la Inspección dé la razón a los docentes, sino que señala directamente a la administración como la peor empresa posible. La Generalitat Valenciana no ha hecho ni lo mínimo que cualquier compañía privada está obligada a hacer por ley. Y si la propia administración pública no cumple, el mensaje para el resto del tejido productivo es demoledor: cero excusas.
Si trabajas en un entorno donde el calor aprieta y no hay evaluación de riesgos, guarda este informe en la recámara. La Inspección de Trabajo puede actuar de oficio o a instancia de parte, y el procedimiento es sencillo: se presenta una denuncia en la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, que está obligada a investigar. El caso valenciano demuestra que, cuando actúa, los resultados llegan.
La administración pública, como empleadora, tiene las mismas obligaciones que cualquier empresa. Este caso demuestra que no las estaba cumpliendo.
Mientras tanto, los docentes valencianos esperan que el próximo curso empiece con aulas que no pongan en riesgo su salud. Y el resto de trabajadores, con un ojo puesto en el termómetro y otro en sus derechos.
En resumen (para tu salud y tus derechos laborales)
- 🏢 ¿Qué ha cambiado? La Inspección de Trabajo obliga a la Generalitat a evaluar y prevenir el estrés térmico en los colegios públicos valencianos.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A docentes de la red pública, pero el precedente legal vale para cualquier trabajador expuesto a altas temperaturas en su puesto.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Si tu empresa no evalúa el riesgo térmico, puedes denunciarlo ante la Inspección de Trabajo de forma anónima o sindical.



