He visto cantar a un muerto: Los Ecos de Soda Stereo en el Movistar Arena de Madrid

«Saber decir adiós es crecer» — Gustavo Cerati (Adiós)

Es complicado medir el significado de un grupo como Soda Stereo. La banda que por varias décadas lideró Gustavo Cerati definió, transformó y rompió barreras en el rock latinoamericano, y sirvió como puente entre las generaciones de música de protesta argentina y el pop. Entre la Patagonia y la frontera de México y Estados Unidos ocupan el mismo espacio sagrado que los Beatles o los Stones.

Pero, claro, Cerati no está. El argentino falleció en 2014, hace 12 años, lo que hacía parecer imposible una reunión del grupo o, al menos, eso parecía originalmente antes de la tecnología. Tras un primer intento de reunión que debía llegar en 2020, en el que esperaban contar con artistas invitados, el grupo ha conseguido reconstruir a su líder con base en un juego de luces brillante y tecnología de punta. Pero, claro, no es lo mismo, incluso si en el Movistar Arena de Madrid el deseo es que lo sea.

Publicidad
Soda Stereo en la gira Ecos, Movistar Arena de Madrid. Foto: José Luis Hernando Gómez
Soda Stereo en la gira Ecos, Movistar Arena de Madrid. Foto: José Luis Hernando Gómez

A pesar de la impresión de ver cantar a un muerto, Ecos de Soda Stereo es la mejor prueba de que la tecnología no reemplaza el aspecto humano de una presentación. Cerati era un genio indiscutible, y el holograma construido por la banda y su equipo técnico puede ser un logro técnico, pero no es capaz de captar sus improvisaciones en la guitarra, su carisma ni la naturalidad con la que podía abordar un recinto de miles de personas. Esto no quiere decir que no haya nada que admirar en estos «Ecos», pero ni sé si puede llamarse un concierto. Hay algo irónico en que la primera estrofa de la canción que da nombre al proyecto lo describa tan bien: «Estoy moviéndome con mis propios latidos, llenando vacíos; todo es tan igual, tan previsible, tan frío».

El catálogo de éxitos no se discute

Claro que, a pesar de las preocupaciones o las carencias del holograma, hay quien quiere recuperar su juventud o tener la oportunidad de ver ese eco del artista que se perdieron en vida. Allí los otros dos miembros del grupo, el catálogo de canciones icónicas y el público, en su mayoría latinoamericano y entregado a ellas, sirven para darle vida a este eco: lo humano llenando el espacio que la máquina no puede llenar.

Después de una introducción que reconstruye «Ecos» en versión electrónica, el grupo se paseó por varias canciones clave del universo Soda. El depender de grabaciones impidió que pudiesen rescatar algunas rarezas del catálogo, pero «Juegos de seducción», «Nada personal» y «Hombre al agua» sirven para que el público conecte con el concepto del espectáculo; más adelante, «Ella usó mi cabeza como un revólver», «En la ciudad de la furia» o «Persiana americana» sirvieron como enchufe total para la audiencia.

Soda Stereo en la gira Ecos, Movistar Arena de Madrid. Foto: José Luis Hernando Gómez
Soda Stereo en la gira Ecos, Movistar Arena de Madrid. Foto: José Luis Hernando Gómez

También hubo algún momento extraño. El juego de luces en 3D de «Cuando pase el temblor» y el descanso del grupo en «Zoom» son curiosos, sobre todo tratándose de dos de las canciones clave del grupo. Por otro lado, incluso con los intentos del juego de luces y la propia puesta en escena, por momentos los movimientos de Cerati son robóticos, y el hecho de que la mayoría de la grabación de sus movimientos viene de la gira Me verás volver es evidente para quien la conoce. Pero cuando suena el solo de «Final caja negra», es complicado no querer dejarse engañar.

Somos cómplices de Soda Stereo

En las últimas dos canciones es difícil no entregarse. El holograma de Cerati retrocede de 2007 a 1997, la gira en la que grabó El último concierto, para interpretar «Prófugos». Dejan el escenario y el público los hace volver, como si estuviésemos en el Monumental en esa mítica despedida.

Justo en ese momento deciden romper el espejismo. «De música ligera» es acompañada de imágenes de toda la historia del grupo, un nostálgico recordatorio de que solo nos quedan ecos de esos momentos. Durante el concierto, Zeta varias veces recuerda que el público es el protagonista de esta nueva etapa de la banda, y si algo queda de ellos es la vida que el público da a estas canciones.

Pero es difícil celebrar del todo el concierto. No deja de ser complicada la idea de que en un año podríamos ver un holograma de Kurt Cobain, Antonio Vega o Freddie Mercury. Quizás hay que saber despedirse, lo dijo Cerati, pero también es difícil no querer dejarse engañar, al menos un par de horas, por los ecos de Soda Stereo.

Publicidad