Con el termómetro por encima de los 30 grados y la toalla ya estirada en la arena, a todos nos da pereza parar a reaplicarnos la crema. Pero la dermatóloga Paloma Borregón, de la Clínica Kalosia, tiene un mensaje claro: si no hidratas bien tu piel después del sol, te la estás jugando. La especialista ha compartido con Trendencias las claves para que este verano no te cueste disgustos.
El mito del moreno prohibido con SPF 50 (y otros bulos que te creías)
Uno de los bulos más resistentes al sol es pensar que con un fotoprotector de factor 50 no te pondrás moreno. La doctora Borregón lo desmiente de un plumazo: con SPF50 te bronceas igual, solo que más despacio y sin quemarte. Es la diferencia entre un moreno progresivo y una quemadura que acaba en descamación. Además, aclara que las manchas no se disimulan con el bronceado, sino que el sol las enciende porque tienen más melanina. Otro falso amigo: los autobronceadores. Son una opción estupenda para lucir color sin riesgo, pero no protegen nada. Si te los aplicas y sales a la playa sin crema, la quemadura está asegurada.
El protector solar perfecto: cuál elegir y cada cuánto reaplicarlo
Para ir a la playa o a la montaña, el 50 es obligatorio. Para el día a día urbano, un 30 es suficiente. Eso sí, la dermatóloga insiste en la importancia de reaplicarlo cada dos horas, porque a partir de ese tiempo la protección decae. Hay que reaplicarlo cada dos horas y, si te bañas o sudas, aún más a menudo. Si usas un protector resistente al agua, aguantará algo más, pero no te confíes. En cuanto a filtros, tanto los físicos (que reflejan la radiación) como los químicos (que la modifican) protegen, siempre que estén testados. Otra advertencia: nunca uses el protector de adulto en niños, porque su piel es mucho más sensible; y a partir de la adolescencia separa el facial del corporal para no empeorar los granitos.
El aftersun no es un lujo: es la forma más rápida de calmar una piel que acaba de librar una batalla contra el sol.
Aftersun, hidratación y ese gesto diario que no negocia con el cáncer de piel
Después de un día de exposición, la piel ha sufrido una agresión. La rojez y el bronceado son, en realidad, una reacción de defensa frente a la radiación. Por eso la doctora Borregón recalca que hidratar muy bien la piel tras limpiarla es tan importante como protegerse antes. Un buen aftersun no es solo un capricho refrescante: incorpora sustancias que ayudan a bajar la temperatura cutánea y a reparar la barrera dañada. Y no olvides exfoliarte una vez por semana, sobre todo antes del verano. La dermatóloga recomienda una exfoliación física (con gránulos o scrub), más suave que la química durante esta época, para eliminar las células muertas y que los tratamientos posteriores penetren mejor. Por último, un recordatorio para quienes temen la falta de vitamina D: con solo 15 minutos de sol al día fuera de las horas centrales, y siempre con fotoprotección en la cara, es suficiente. Tu rostro es la zona donde más cáncer de piel aparece y donde antes se instalan las arrugas: no negocies su protección ni un solo día.
🧠 Para soltarlo en la cena
La piel que se enrojece o se broncea está defendiéndose, no embelleciéndose.



