La ciencia desmonta el truco de la patata en el guiso salado: esto es lo que sí funciona, según los expertos

Un químico puso a prueba en laboratorio el truco de la abuela y descubrió que la patata no quita ni un gramo de sal del guiso. Te contamos qué hacer en su lugar, según coinciden los cocineros profesionales.

Todos hemos vivido ese instante de pánico frente a la cazuela: pruebas el guiso y sientes que te has pasado de sal. La patata cruda ha sido durante generaciones el salvavidas de urgencia en las cocinas españolas, un truco heredado de madres y abuelas que se repite casi como un acto de fe. Pero la ciencia, con datos de laboratorio en la mano, acaba de poner ese remedio patas arriba.

El químico y divulgador Robert Wolke, columnista de gastronomía en The Washington Post, decidió comprobarlo con un experimento sencillo pero contundente. El resultado desmonta uno de los mitos culinarios más arraigados de nuestra cocina, y cambia por completo lo que deberías hacer la próxima vez que se te vaya la mano con el salero.

El mito de la patata que absorbe la sal

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La teoría suena convincente: metes unos trozos de patata cruda en el guiso, la dejas hervir unos minutos, la retiras y, en teoría, se lleva consigo el exceso de sal. Es un gesto tan extendido que aparece en recetarios familiares de norte a sur del país, transmitido de generación en generación como una verdad incuestionable.

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El problema es que nadie se había parado a comprobarlo con rigor científico hasta que Wolke lo llevó al laboratorio. Con la ayuda de un asistente de química, midió la concentración de sal de un caldo antes y después de cocer patatas en él. La conclusión, en sus propias palabras, fue tajante: no encontró ninguna diferencia detectable entre el antes y el después.

Por qué la patata engaña al paladar (pero no al guiso)

La patata sí absorbe líquido cuando se cuece en un caldo, eso es innegable. Pero lo hace mediante un fenómeno físico llamado ósmosis, un proceso de difusión a través de una membrana semipermeable que no distingue entre agua y sal disueltas. El tubérculo absorbe el líquido con toda su carga de sodio en la misma proporción en la que ya estaba mezclada en la olla.

Por eso, al morder un trozo de la patata retirada, notamos que sabe salada: efectivamente ha capturado sal, pero no ha extraído sal del resto del guiso. Es exactamente lo mismo que ocurriría si sumergiéramos una esponja de cocina seca en agua salada: absorbería líquido, pero la concentración de sal del agua restante seguiría intacta. El guiso, tras retirar la patata, sigue teniendo el mismo nivel de sodio que antes.

Otros remedios de la abuela que tampoco funcionan

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La patata no es el único mito que cae bajo el escrutinio científico. El azúcar, otro clásico de urgencia, tampoco reduce la cantidad real de sodio en el plato: simplemente enmascara la percepción del sabor salado en las papilas gustativas, engañando al cerebro sin cambiar la composición química del guiso.

Algo parecido ocurre con el pan, otro remedio popular que actúa igual que la patata: absorbe líquido salado por el mismo mecanismo de ósmosis, con el inconveniente añadido de que se deshace en el caldo y complica retirarlo limpiamente. Ninguno de estos trucos altera de verdad la concentración de sal, solo generan la ilusión de haberlo hecho.

Lo que realmente funciona, según los profesionales

En las cocinas profesionales el problema se resuelve de una manera mucho más lógica que cualquier remedio casero. La clave está en diluir sin arruinar el sabor, y para eso los chefs no usan agua corriente, sino caldo sin sal preparado con los mismos ingredientes de la receta.

El procedimiento es sencillo: se retira parte del caldo salado de la cazuela con un cazo y se sustituye por la misma cantidad de un caldo similar pero sin sal añadida. Así se reduce la concentración de sodio sin perder los matices de sabor que aportan las especias y el sofrito, algo que sí ocurre si simplemente añades agua a palo seco.

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  • Prepara siempre un fondo o caldo sin sal como reserva en el congelador, en pequeñas porciones.
  • Retira aproximadamente la mitad del líquido salado y sustitúyelo por caldo neutro.
  • El caldo extraído no se tira: se puede congelar y usar como concentrado en otras recetas.
  • Si el exceso de sal es leve, un chorrito de zumo de limón o vinagre ayuda a equilibrar el sabor sin diluir el plato.

Un truco de cocina profesional que puedes aplicar en casa

Este método no es exclusivo de restaurantes con estrella. En las cocinas de hostelería, los caldos y fondos se elaboran siempre sin sal desde el principio, precisamente para tener margen de maniobra a la hora de ajustar el punto final de cada elaboración. Es una costumbre que cualquier cocina doméstica puede adoptar sin esfuerzo.

Basta con guardar en el congelador pequeñas raciones de caldo casero sin salar —de verdura, pollo o pescado, según lo que cocines habitualmente— para tener siempre a mano un comodín de emergencia. La próxima vez que la mano se te vaya con el salero, en lugar de correr a pelar una patata, tendrás la solución real ya preparada en el congelador.

El futuro de los trucos de cocina: menos mito, más ciencia

La buena noticia es que cada vez más divulgadores gastronómicos y medios especializados están sometiendo los remedios tradicionales al filtro de la evidencia, y eso solo puede beneficiar a quienes cocinamos cada día. No se trata de despreciar la sabiduría popular, sino de quedarnos con lo que realmente funciona y descartar lo que solo persiste por costumbre.

El caso de la patata es un buen recordatorio de que, en la cocina como en cualquier otro terreno, comprobar antes de repetir suele ahorrar disgustos. La próxima vez que un guiso se te vaya de sal, ya sabes: menos patata y más caldo sin sal en la nevera. Tu paladar, y tu cazuela, te lo agradecerán.