A ver, que nos sentamos: Sarah Ferguson, la duquesa de York y exmujer del príncipe Andrés, visitó a Jeffrey Epstein dos veces mientras el tipo cumplía condena en 2009 por solicitar prostitución a menores. Y no lo hizo de tapadillo: le envió correos llenos de cariño, le llamó “amigo espectacular” y hasta le llevó papeles para su proyecto solidario. La historia la ha destapado The Telegraph en las últimas horas, y el runrún ya no para.
Salseo-O-Meter
Nivel de salseo: 9/10. Una royal británica enredada con el mayor depredador sexual de la jet-set, correos empalagosos que contradicen años de distancia fingida y dos princesitas que pisaron la oficina del condenado. El escándalo es de los que no caducan.
Los correos que la dejan en evidencia
La cosa arranca el 4 de abril de 2009. Epstein llevaba nueve meses entre rejas —aunque con un régimen de libertad laboral que le permitía salir 12 horas al día— y Fergie le escribe para preguntar si puede pasar “a por una taza de té rápida” durante una escala en Florida. La firma lo dice todo: “Love Sarah The red Head.!!”, con ese desparpajo de quien no ha visto ni un telediario.
Epstein responde con la dirección de la oficina de su fundación falsa, la Florida Science Foundation, y dos días después le suelta que se la ve “genial” y que ya ha leído todo lo que ella le entregó. La duquesa le había dado documentación sobre Mother's Army, un proyecto digital que lanzaría un año después para apoyar a mujeres vulnerables. La ironía es de las que duelen.
Pero el golpe gordo viene el 16 de abril. Sarah le manda un correo que hiela la sangre: “Mi querido, espectacular y especial amigo Jeffrey. Eres una leyenda, y estoy tan orgullosa de ti. Gracias por cuidarme tan bien.” No, no es una frase sacada de contexto: es textual. Y se la escribe a un tipo que ya había sido condenado por solicitar sexo a menores y que, según una de sus víctimas, abusó de ella en esa misma oficina mientras cumplía condena.
El goteo de mensajes no cesa. El 20 de abril insiste tres veces para verse “una hora de lluvia de ideas geniales”. La cita se agenda, Epstein incluso iba a tener terapia de adicción al sexo ese mismo día, pero ella cancela a última hora: “Aaaaghhh… no puedo coger los vuelos”. Aun así, Fergie consigue su propósito. Le llama desde Reino Unido el 5 de mayo, y el 13 de mayo de 2009 el chófer de Epstein la recoge del aeropuerto y la lleva a la oficina, acompañada por su jefe de gabinete. El segundo encuentro ya es imparable.
Le llamó “leyenda” y le dijo “estoy tan orgullosa de ti” a un hombre que estaba en la cárcel por abusar de menores.
Una amistad que huele a combustible para el escándalo
Pongamos la guinda. Solo un mes y medio después, en julio de 2009, Epstein pasa a arresto domiciliario. ¿Y qué hace Sarah? Pues se presenta con sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, para visitarlo. No era una escapada de incógnito: las niñas, entonces adolescentes, pisaron el domicilio de un depredador sexual condenado. El dato, que ya circulaba, ahora cobra una luz aún más siniestra.
El matrimonio Ferguson y el príncipe Andrés pasaron años diciendo que se distanciaron de Epstein. Pero estos emails demuestran que en privado la duquesa le rogaba matrimonio, le pedía dinero y se dejaba mimar por su fortuna. La doble vara de la realeza queda en evidencia: por un lado, la Corona se rasga las vestiduras; por otro, la exmujer del segundo hijo de Isabel II le escribe con el mismo tono que usarías con tu mejor amigo.
¿Ceguera voluntaria o algo más turbio?
La pregunta no es si Sarah Ferguson sabía lo que Epstein había hecho; es si le importó. Los correos muestran a una mujer adulta, informada, que en ningún momento titubea ni muestra un ápice de reparo. Al contrario, se deshace en halagos hacia un delincuente sexual en activo. La explicación de que solo era una relación profesional o vinculada a sus proyectos solidarios se derrumba sola cuando lees el cariño con que se despide.
El patrón, además, es el de siempre: figuras poderosas que apartan la vista ante los crímenes de Epstein a cambio de acceso, dinero o influencia. La diferencia aquí es el descaro. La duquesa no se limitó a una carta de apoyo; organizó encuentros, llevó a sus hijas y mantuvo la farsa pública durante años. No hay escándalo que sobreviva a la hipocresía bien empaquetada de la aristocracia.
De momento, ni la Casa Real británica ni la propia Fergie han comentado nada. Pero con semejante material, el silencio va a durar lo que un suspiro. Mientras, las redes ya hierven con el asunto y la palabra “cómplice” empieza a aparecer en los titulares. Y no es para menos.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Sarah Ferguson, duquesa de York, y Jeffrey Epstein, el magnate condenado por abusos sexuales.
- 🔥 ¿Cuál es el drama? Emails filtrados revelan que ella le visitó dos veces en su oficina durante la condena, le trató con un cariño extremo y llevó a sus hijas.
- 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? La mezcla de realeza y pedofilia es explosiva; el contraste entre la fachada pública y estos mensajes es brutal.



