Si pensabas que a la Generación Z ya no le quedaban sorpresas, agárrate. Ahora han decidido que salir con alguien que no te pone nada —a propósito— es una forma de autocuidado. Las llaman «citas de práctica» y ya tienen a los psicólogos rascándose la cabeza (y aplaudiendo un poquito, con cautela).
La idea es sencilla: aceptas quedar con alguien que no coincide con tu «tipo ideal» de Tinder, te quitas la presión de impresionar y ganas soltura social. Básicamente, un entrenamiento sentimental sin la angustia de que sea «el definitivo». La lógica aguanta más de lo que parece.
En qué consiste eso de 'practicar' una cita
Christina Psaras, una chica de 26 años de Chicago, lo explicaba en el New York Post y la confesión da en el clavo. «Cuanto más me atrae alguien, más me doy cuenta de que empiezo a mentir», admitía. No mentiras enormes, sino esa edición sutil que haces cuando estás desesperado por gustar: te ríes más, asientes demasiado, te tragas la réplica mordaz que te hace ser tú. Salir con alguien a quien no intentas conquistar te quita las máscaras a la fuerza.
La creadora de contenido neoyorquina Serena Kerrigan defiende que una foto no te dice nada de cómo se ríe alguien o de cómo se mueve. «Cuando estás en plan ‘meeh’ con una persona, dejas de actuar. Esa versión tuya, la que no se esfuerza, es la más atractiva por goleada», asegura. Para ella, una cita sin expectativas saca al humano auténtico, justo al que llevas escondiendo en la app.
Por qué los psicólogos no terminan de escandalizarse
La psicóloga clínica Debra Kissen, fundadora de Light On Anxiety, le da un aprobado con matices: «Tener citas es una habilidad social y la confianza crece con la práctica». Su aviso, sin embargo, va directo a la línea roja: «Es importante no tratar a otras personas como peones en tu propio viaje de automejora». Ahí está el matiz que separa el entrenamiento del uso puro.
Y aquí viene el dato de fondo: la propia Kissen señala que vivimos en «una era de aislamiento social, desconexión y soledad». Traducción: para mucha gente, una cita aunque sea mediocre es mejor que quedarse en casa haciendo doomscrolling en bragas. La práctica no nace del cinismo, sino de una generación que ha cambiado las cañas de afterwork por el scroll infinito.
El problema no es practicar, es hacerlo olvidando que al otro lado hay una persona con su propia historia y expectativas.
La tendencia, de hecho, no es tan pionera como parece. Si rascas un poco, recuerda al «pre-dating» de los años 2000 o a los «date nights» forzados de los reality de Tinder. Lo novedoso es el envoltorio de bienestar emocional que le han dado los veinteañeros: ahora ligar sin pretensiones es casi un acto de autocuidado programado, como quien se apunta a yoga.
El precedente que nos explica por qué esto está pasando ahora
Varios informes llevan años alertando de que los jóvenes tienen menos sexo y más ansiedad social que las generaciones anteriores. Las apps de citas prometieron conexión, pero entregaron desfile interminable y la sensación de que siempre hay alguien mejor a un swipe de distancia. Frente a eso, bajar la exigencia a propósito parece un mecanismo de defensa con pegatina de «hábito saludable».
Así que sí, quizá lo de practicar citas no sea la peor idea, siempre que no te olvides de que detrás de la pantalla hay un ser humano que igual no se ha apuntado a tu bootcamp emocional. La frontera entre ganar soltura y convertir a alguien en conejillo de indias sentimental es fina, y el respeto no entiende de generaciones. Porque, seamos sinceros, ni tú eres terapeuta ni la otra persona es un NPC.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿De qué va exactamente? La Gen Z sale con gente que no le atrae para quitarse presión y ganar confianza social, como un entreno sentimental.
- 🔥 ¿Por qué importa? Porque los psicólogos ven una solución a la soledad generacional, pero alertan: usar a la persona como sparring no está bien.
- 📲 ¿Por qué está en todos los móviles? Porque la idea de convertir una cita mediocre en autocuidado es demasiado tentadora como para no compartirla. Y el debate ético ya está encima de la mesa.



