La franquicia Dragon Ball llevaba años instalada en una cómoda segunda fila; siempre presente, siempre vendiendo, pero sin marcar realmente la agenda del anime, de los videojuegos... ni de la conversación general. Pero podríamos decir que 2026 ha cambiado ese panorama, coincidiendo con el 40º aniversario de la obra de Akira Toriyama.
La franquicia ha encadenado una serie de anuncios y lanzamientos que la devuelven a un lugar que no ocupaba desde los primeros pasos de Dragon Ball Super. Y esta vez no se trata solo de un golpe de nostalgia, puesto que hay una hoja de ruta clara, una coordinación entre formatos y, sobre todo, material nuevo con intención de buscar un futuro para la saga.
El termómetro más evidente está en la animación. Dragon Ball Super: Beerus, presentada como una revisión y puesta al día del anime de Super, llega en otoño de 2026 con la promesa de remasterizar y pulir las sagas desde la batalla contra el dios de la destrucción hasta el Torneo del Poder. Servirá como un intento de reordenar el canon televisivo y ofrecer una puerta de entrada mejor empaquetada para una nueva generación de espectadores, algo clave para una marca que aspira a seguir viva dentro de diez o quince años.
En paralelo, Toei trabaja en una serie centrada en la Patrulla Galáctica, el cuerpo policial espacial ligado a Jaco y a las tramas cósmicas que ya se han explorado en el manga de Dragon Ball Super. Los planes que se manejan sitúan ese proyecto a caballo entre 2027 y 2028, con espacio también para la esperada adaptación del arco de Granolah, el Superviviente.
A todo esto se suma una incógnita que, paradójicamente, alimenta la expectación: el regreso del manga de Super sigue sin fecha, pero la figura de Black Freezer —convertido ya en villano de culto sin haber aparecido en televisión— planea sobre cualquier conversación a medio plazo.
Y es que, en general, la franquicia no vivía una combinación de tantos frentes abiertos, con tanta intención de continuidad, desde hace más de una década. Y eso en el anime y el manga, porque también están los videojuegos.
El efecto Xenoverse 3 y un futuro que dejó escrito Toriyama
En esta pata de la mesa, el nombre propio es Dragon Ball Xenoverse 3. Durante meses se habló de AGE 1000 como un proyecto misterioso, pero el Dragon Ball Games Battle Hour celebrado este fin de semana despejó la incógnita y confirmó lo que muchos sospechaban. Dimps vuelve a ponerse al frente de la saga y la nueva entrega llegará en 2027 a PC, PlayStation 5 y Xbox Series X|S, ambientada en el año 1000 de la cronología oficial, un futuro lejano descrito por el propio Toriyama en el que conviven caras nuevas con una Bulma todavía sin arrugas.
No es un detalle menor, porque hay que recordar que Xenoverse 2 se ha convertido, con el paso del tiempo, en el juego de Dragon Ball más longevo y rentable de la historia de la serie. Lleva una década de vida, con un flujo constante de DLC, eventos y colaboraciones, y una comunidad que ha seguido ahí incluso cuando el título empezaba a acusar los límites técnicos de otra generación de consolas. La última expansión, prevista precisamente para este año, funciona casi como despedida de una obra que, sin duda, ha sido el juego como servicio por excelencia de la marca.
Xenoverse 3 hereda esa base, pero llega con el objetivo de traducir ese modelo a estándares actuales. Esto implica un sistema de combate más ágil, una puesta al día en animaciones y físicas que evite la sensación de estar jugando a algo de otra era y, sobre todo, una estructura pensada desde el primer día para crecer a través de actualizaciones, incursiones cooperativas y temporadas de contenido. La elección del AGE 1000 como escenario permite introducir personajes completamente nuevos, diseñados bajo directrices de Toriyama, sin estar atados al corsé de recontar por enésima vez los grandes momentos de Z.
Asimismo, el Battle Hour de 2026 sirvió también para reforzar el otro gran pilar del presente de Dragon Ball en consolas: la vertiente más abiertamente festiva y arcade. Bandai Namco anunció una expansión de gran calado para Dragon Ball Sparking! Zero, Super Limit-Breaking NEO, que este verano sumará más de treinta personajes al plantel. Y ya no hay más Gokus, sino figuras como el abuelo Gohan, Tao Pai Pai, el Rey Vegeta, varias versiones procedentes de GT o el propio Jaco.

Junto a ello, Dragon Ball FighterZ sigue estando vivo gracias a un circuito competitivo que se resiste a apagarse y a la llegada de nuevos personajes, como un Goku Super Saiyan 4 vinculado a los movimientos recientes de la franquicia.
Dragon Ball piensa a largo plazo
Sea como fuere, lo que distingue el momento actual de Dragon Ball frente a otras etapas expansivas es la cantidad de productos en marcha, sí, pero también la sensación de planificación. Hay series en producción o anunciadas que se encadenan desde 2026 hasta bien entrada la próxima década, un gran título como Xenoverse 3 con vocación de plataforma viva durante años, expansiones de peso para Sparking! Zero y el mantenimiento de pilares ya consolidados como FighterZ o los juegos para móviles, Dokkan Battle y Dragon Ball Legends, que siguen ejerciendo de punto de contacto diario con la marca.
Si Dragon Ball quiere seguir siendo relevante más allá de la generación que creció con la emisión original de Z; no basta con vivir del recuerdo. Revisar el anime para hacerlo más digerible, apostar por spin-offs como la Patrulla Galáctica, dar cancha a futuros inéditos como el AGE 1000 y cuidar el ecosistema competitivo y comunitario de sus videojuegos son movimientos que apuntan en esa dirección. Algo realmente sorprendente cuando muchos esperaban que, tras la muerte de Akira Toriyama en 2024, se diera otra explotación conservadora del legado.




